Cuando el árbitro marque el silbatazo final de la Copa del Mundo de 2026 este domingo no sólo concluirá un torneo que rompió récords de asistencia, patrocinadores e ingresos, también terminará el mayor escaparate de la gestión de Gianni Infantino, el abogado suizo que llegó a la presidencia de la FIFA prometiendo limpiar al organismo de la corrupción y que, diez años después, deja una institución más rica, más poderosa y con controversias.
La Copa del Mundo de 2026 concluye como el torneo más rentable en la historia de la FIFA, con ingresos previstos por alrededor de 9 mil millones de dólares, impulsados por la expansión comercial, el aumento de patrocinadores, la venta de derechos audiovisuales y un mayor número de partidos.
Sin embargo, incluso en la recta final del torneo el organismo enfrentó nuevos cuestionamientos; por ejemplo, el Tribunal Regional de Fráncfort concedió una medida cautelar solicitada por la plataforma TICOMBO al considerar que algunos mecanismos de venta de boletos para el Mundial podrían afectar derechos de los consumidores.
Aunque el procedimiento está dirigido contra la FIFA como institución, la resolución contempla posibles sanciones para el presidente Gianni Infantino y el secretario general Mattias Grafström en caso de incumplimiento.















