Tras siete años montando en bici en distintos países de Europa, el australiano Gus Burrell recayó en Málaga en abril de 2024. Descubrió un mundo nuevo. Se alojó en el centro de la ciudad y comprobó que en apenas 10 minutos podía estar pedaleando por un parque natural. “También hay playas, un aeropuerto internacional y mucho sol, pero lo más importante son las muchas opciones de aventura sobre dos ruedas”, relata. Aquella experiencia lo cautivó. Se mudó a la capital malagueña, a la que también eligió para establecer la sede europea de Curve Cycling, compañía que fundó en Melbourne en 2013. Abrió sus puertas el pasado abril en un polígono como oficina, además de espacio de alquiler y ventas de bicicletas. Es, además, punto de encuentro para aficionados. Y ahora ofrecen tours por la provincia y alrededores a sus clientes de distintos días de duración. “Este es un lugar espectacular y lo tiene todo para disfrutar”, insiste Burrell convencido de que ha llegado a uno de los mejores destinos ciclistas y seguro de que su crecimiento será “muy grande” en los próximos años. El aterrizaje de Burrell y su equipo supone solo el último eslabón de la cadena de un fenómeno que no deja de crecer en Málaga. El turismo asociado a la bicicleta esprinta a toda velocidad y, aunque no hay estadísticas —ni la diputación provincial ni el Ayuntamiento de la capital cuentan con ellas— todas las personas del mundillo ciclista lo confirman. La exposición de la geografía malagueña en eventos como La Vuelta —con finales de etapa en grandes paisajes como El Chorro o Peñas Blancas— dio un impulso, el bum ciclista tras la pandemia otro y la presencia habitual en invierno de profesionales como Jonas Vingegaard —ganador de las tres grandes vueltas— ha llamado la atención en media Europa. La puesta en marcha de 2.000 kilómetros ciclables por toda la provincia ha sido la guinda. La mayoría son carreteras estrechas con escaso tráfico y pistas de tierra que atraviesan espacios naturales, una delicia para aficionados de toda Europa. Son lugares solitarios, alejados de la masificación y de alternativas tradicionales como Girona, Mallorca o Alicante. “Esos son sitios alucinantes, pero aquí llegas a la Axarquía, Ronda o El Torcal de Antequera y de repente estás tú solo. Eso es impensable en otros lugares”, sostiene Burrell. La efervescencia del sector también se deja notar en las decenas de empresas nacidas para hacer más fácil el viaje a los cicloturistas, guiarlos por la geografía local y hacer negocio. El alemán Vladimir Jescht, de 49 años, es uno de los pioneros. Viajó a España con una beca Erasmus mientras estudiaba Economía allá por 2003. Y, encantado con el país, abrió en 2007 —junto a su pareja, la estonia Anastasia Panenko, de 44 años— Bike2Málaga, tienda de alquiler de bicicletas. Tenían 15 bicis y, con el tiempo, ampliaron la flota para hacer rutas por la provincia en versiones de montaña, carretera y gravel. Acabaron fundando Escapada Cycling, donde cuentan ya con 200 vehículos y ofrecen una gran cantidad de rutas de distintos niveles y distancias. Sus clientes más clásicos son los británicos, alemanes, belgas, neerlandeses o nórdicos, pero en los últimos años han llegado cada vez más viajeros desde Polonia, Canadá o Estados Unidos. “Vienen por el clima, por la vida vibrante de la ciudad, por los precios más baratos respecto a sitios como Mallorca. Y, sobre todo, porque hay múltiples rutas: una primera línea de costa, una segunda de pueblos bonitos y otra tercera, ya en las montañas, de sitios casi olvidados donde no hay nadie. Todo es increíble”, afirma quien añade otro argumento: los conductores de coches son, en general, respetuosos con los ciclistas. Nuevas empresasJescht ejerce también de guía. Su ruta favorita pasa por los Montes de Málaga, el puerto del León, el municipio de Comares y los viñedos de la Axarquía. Son 100 kilómetros de recorrido circular y 2.000 metros de desnivel acumulado. “Me gusta sufrir”, dice entre risas. A excursiones tan largas todavía no se atreve, pero la malagueña María Flores, de 30 años, entrena para ello. “Poco a poco”, dice con cautela. Futbolista profesional —ha jugado en España, Estados Unidos y Arabia Saudí— decidió volver a su casa, en Torre del Mar, hace un par de años. Comprobó que había mucho movimiento de bicis y decidió impulsar Axarquia Cycling, proyecto que ahora dirige junto a su socio Jesús Armijo. Ofrecen paquetes de experiencias ciclistas desde 700 euros que incluyen seis noches de alojamiento en el hotel Santa Rosa —en El Morche, junto a la playa, propiedad de la familia de Flores— y siete días de rutas diarias hacia pueblos como Cútar, Sayalonga o Frigiliana. “También hay opciones de fin de semana o diferentes extras. Y nos podemos adaptar a otras posibilidades”, cuenta Flores. La demanda, dice, es altísima. “Antes iba todo el mundo a Baleares o Pirineos, pero ahora se ve cada vez más gente en bicicleta por esta comarca. Y son muchos. Es una barbaridad”, indica. “Es que todo el año es bueno para salir y hay rutas espectaculares por todas partes”, añade Queco García, de 47 años, que desde 2024 alquila bicis a través de su empresa La garganta activa. Su clientela es de perfil más aficionado, que busca paseos más cortos, por eso apostaron por bicis de montaña eléctricas. “Así son aptas para todos los públicos”, señala García, cuyos clientes disfrutan especialmente de las pistas y carriles que rodean los embalses del Guadalhorce, cerca del Caminito del Rey, donde tienen su sede la compañía y el hotel La Garganta, de su familia, cuyos huéspedes también disfrutan de las dos ruedas. Allí se lo ponen muy fácil a los ciclistas, como en Santa Rosa, pero ambos establecimientos son aún la excepción en una provincia cuya infraestructura para grandes grupos para aficionados al ciclismo todavía es escasa: apenas hay hoteles o casas rurales con espacio para acoger a grupos de 15 o 20 personas y sus vehículos. Por eso otras compañías como Trek Travel ofrecen, por 3.500 euros, paquetes completísimos de seis días por Ronda y Grazalema —ya en Cádiz— en hoteles de lujo. Conscientes de todo este potencial, las administraciones están impulsando algunas iniciativas, para potenciar el ciclismo en la provincia. Turismo Costa del Sol, por ejemplo, llevó la oferta malagueña a VeloBerlin —feria ciclista— la pasada primavera. Otra propuesta es Bike Territory Sierra Norte, proyecto de siete ayuntamientos junto a la Asociación para el Desarrollo Rural (ADR) de la Sierra Norte de Málaga con el asesoramiento y certificación de la Real Federación Española de Ciclismo. Arrancó en 2022 y partió de señalizar hasta 900 kilómetros y 52 rutas ciclables de montaña y carretera —pronto se unirán otras de gravel y enduro— por la comarca norte malagueña. El objetivo siempre fue conseguir que la zona se convirtiera en un “enclave para el ciclismo de ocio y el turismo”, según explica Cristóbal Moreno, técnico de la ADR, pero también organizan eventos como Fanbike 2026, actividades cicloturistas o competiciones. “Y se nota, cada vez vienen más ciclistas”, afirma Manuel Lara, alcalde de Cuevas Bajas (1.341 habitantes). “En estos municipios tan pequeños tenemos que aprovechar cualquier recurso y la bicicleta, gracias a la orografía que tenemos, puede ser muy positiva para el pueblo”, recalca. Y para toda la provincia.