Disfrutar del mar en Canarias ya no es tan sencillo. A la sombra de las playas vírgenes de agua cristalina que copan los anuncios de las islas se esconden dos problemas crecientes que alejan a los isleños del litoral: la masificación y la contaminación fecal. Alba Domínguez tiene 27 años y es vecina de El Sauzal, un municipio rural de Tenerife. El pueblo en el que vive registró máximas de 36 grados en junio, pero encontrar en la isla un tramo de costa en el que refrescarse se ha convertido con los años en una odisea. ''Lo primero que tengo en cuenta antes de elegir la playa es que no haya avisos por contaminación y que no esté cerca de zonas que hayan estado cerradas por esto mismo'', cuenta.
Cuando era pequeña, Alba y su familia pasaban casi todo el verano en las playas de El Médano, en el sur de Tenerife. ''Ahora es una de las zonas a las que no voy a bañarme ni de broma, descartadísimo'', asevera. Precisamente, la última playa que ha cerrado en Canarias por contaminación fecal ha sido la Leocadio Machado, situada en esta localidad. El 6 de julio el Ayuntamiento restringió el baño por los altos niveles de E.coli detectados en el agua. Según los resultados de las muestras consultados por este periódico, se detectaron 800 UFC (Unidades Formadoras de Colonias) de esta bacteria por cada 100 mL (mililitros) de agua.







