Noticia Exclusivo suscriptores El directivo advierte que la política monetaria debe evaluar con mayor amplitud sus efectos sobre el aparato productivo y la economía real.César Giraldo, codirector del Emisor, dice que "la política monetaria debe evaluarse por sus efectos sobre el conjunto de la economía y no solo por su capacidad para contener el alza de los precios". Foto: Milton DíazPERIODISTA ECONÓMICO18.07.2026 21:45 Actualizado: 18.07.2026 21:45

Mientras buena parte del debate económico actual sigue concentrado en el déficit fiscal, la inflación o el futuro de las tasas de interés, César Giraldo, codirector del Banco de la República, cree que hay un fenómeno que está pasando relativamente inadvertido y que ya comienza a afectar al aparato productivo y es la fuerte revaluación del peso.Desde su perspectiva, un dólar barato está restando competitividad a los exportadores colombianos, mientras facilita el ingreso de importaciones que compiten cada vez con más fuerza con la producción nacional. Ese escenario, sumado al impacto que tienen las altas tasas de interés sobre la inversión y el consumo, plantea nuevos desafíos para una economía que, pese a haber reducido el desempleo y contener la inflación frente a los máximos alcanzados en años recientes, todavía enfrenta importantes desequilibrios fiscales y un crecimiento moderado. LEA TAMBIÉN En diálogo con EL TIEMPO, Giraldo —quien ha integrado la posición minoritaria en varias de las decisiones recientes de política monetaria de la Junta Directiva— explica por qué considera que el análisis económico no puede reducirse solo al comportamiento de la inflación. También menciona los retos que tendrá el próximo gobierno para ordenar las finanzas públicas, el papel de las remesas y los sectores que, a su juicio, deberían convertirse en la apuesta productiva del país durante las próximas décadas.Aunque defiende la autonomía del Banco como uno de los pilares de la estabilidad macroeconómica, insiste en que esa independencia no debe interpretarse como un aislamiento frente a la realidad del país. "La autonomía del Banco Central no significa que este se desentienda de la economía real ni de las finanzas públicas", afirma.Cuando se habla de los mayores problemas que enfrenta hoy la economía colombiana, casi siempre aparecen el déficit fiscal, la inflación o las tasas de interés. Si tuviera que identificar el principal riesgo, ¿cuál sería?Antes de comenzar, es importante precisar que las opiniones expresadas son personales y no representan una posición oficial del Banco ni de su Junta Directiva.En cuanto a su pregunta, diría que el principal riesgo hoy es la revaluación del peso. Ese fenómeno está afectando la competitividad de los exportadores agropecuarios, pero también de las manufacturas y de los servicios, sectores que venían ganando espacio en las ventas externas del país. Al mismo tiempo, un dólar barato facilita el ingreso de productos importados —especialmente desde China—, lo que aumenta la presión sobre la producción nacional. Si a eso se suma una política de tasas de interés elevadas, que encarece la inversión y desestimula el consumo, el resultado es un entorno cada vez más complejo para el aparato productivo. Esa combinación es, hoy por hoy, el principal riesgo que veo para la economía colombiana, sin desconocer que el frente fiscal sigue siendo un desafío muy importante. César Giraldo, codirector del Banco de la República Foto:Milton Díaz¿Qué efectos puede tener esa dinámica sobre el crecimiento económico? El problema es que se está castigando a los sectores que generan valor agregado y empleo. Las exportaciones de manufacturas y de servicios venían mostrando un comportamiento favorable, pero una moneda revaluada les resta competitividad, mientras las importaciones siguen ganando terreno. Mi preocupación es que esa combinación termine debilitando la economía real. Cuando el aparato productivo pierde competitividad, se afecta la inversión, se frena la capacidad de generar empleo y el crecimiento termina resintiéndose. Ese es el riesgo que hoy veo con mayor claridad. Sin embargo, hay quienes dicen que la reducción del riesgo país refleja una mayor confianza de los inversionistas. ¿Cómo interpreta usted ese comportamiento?La caída del riesgo país puede leerse como una señal favorable, pero también hay que mirar qué la está explicando. Hoy Colombia mantiene un diferencial muy amplio entre las tasas de interés internas y las internacionales. Mientras la Reserva Federal prácticamente no ha movido sus tasas y el Banco Central Europeo hizo ajustes moderados, aquí ese diferencial sigue siendo elevado. Eso incentiva la entrada de capitales de portafolio que buscan mayores rendimientos. Esos recursos fortalecen el peso y abaratan el dólar, pero también pueden generar presiones especulativas y profundizar la pérdida de competitividad del aparato productivo. Por eso creo que el análisis no puede quedarse solo en el comportamiento del riesgo país. LEA TAMBIÉN ¿Cree que la política monetaria está llegando a un punto en el que sus costos para la economía empiezan a superar sus beneficios sobre la inflación? Esa es una discusión que existe dentro de la Junta Directiva. Yo he hecho parte de la posición minoritaria en varias de las decisiones recientes y considero que el análisis no puede limitarse solo a la relación entre inflación y tasas de interés. La posición mayoritaria ha sostenido que era necesario endurecer la política monetaria porque la demanda agregada crecía por encima de la capacidad de la economía. Mi lectura es que ese diagnóstico debe complementarse con otros elementos. También hay que evaluar los efectos que una política monetaria muy restrictiva tiene sobre la inversión, el consumo, la tasa de cambio y, en últimas, sobre el aparato productivo. La economía no responde a una sola variable. Cuando se toman decisiones de política monetaria es necesario ponderar sus efectos sobre el conjunto de la actividad económica y no solamente sobre la inflación¿En qué aspectos difiere su posición de la que ha venido predominando dentro de la Junta? La diferencia principal está en el diagnóstico sobre las causas de la inflación. Si esta obedeciera solo a un exceso de demanda, una política de tasas de interés altas tendría una justificación mucho más clara. Pero cuando existen choques de oferta, como ocurrió con el aumento en los costos de los insumos agrícolas, las interrupciones en las cadenas de suministro o las tensiones geopolíticas internacionales, el alcance de esa herramienta es más limitado. Por eso considero que el análisis no puede reducirse solo al comportamiento de la inflación. También debe incorporar variables como el crecimiento, la inversión, el empleo y la competitividad de la economía. En otras palabras, la política monetaria debe evaluarse por sus efectos sobre el conjunto de la economía y no solo por su capacidad para contener el aumento de los precios. Actual junta directiva del Banco de la República. Foto:Banco de la República¿Qué señales encuentra hoy en la economía que respaldan esa preocupación? Colombia muestra resultados mixtos. Por un lado, registra una de las tasas de desempleo más bajas de su historia reciente y durante buena parte de este periodo los ingresos laborales crecieron, lo que ayudó a sostener el consumo. Pero también empiezan a observarse señales de desaceleración. La vivienda continúa rezagada, algunos sectores manufactureros sienten cada vez más la competencia de productos importados y actividades que venían ganando dinamismo, como las exportaciones de servicios y parte de las manufacturas, podrían perder impulso por efecto de la revaluación del peso. Por eso insisto en que las decisiones de política monetaria deben evaluarse a la luz de lo que ocurre en la economía real. La inflación es un indicador fundamental, pero no el único que debe tenerse en cuenta al momento de valorar el comportamiento de la economía. Insisto en que las decisiones de política monetaria deben evaluarse a la luz de lo que ocurre en la economía real. La inflación es un indicador fundamental, pero no el único que debe tenerse en cuenta al momento de valorar el comportamiento de la economía.César GiraldoCodirector del Banco de la RepúblicaCon ese panorama, ¿qué tendría que ocurrir para que el Emisor pueda retomar un ciclo de reducción de las tasas de interés? Uno de los elementos determinantes será el frente fiscal. Hoy el país enfrenta un déficit cercano al 7 por ciento del PIB y una elevada necesidad de financiamiento, de manera que la evolución de las finanzas públicas será un factor clave para el entorno macroeconómico. Hasta ahora conocemos anuncios sobre posibles cambios tributarios y sobre una revisión del gasto público, pero todavía no existen propuestas concretas. También habrá decisiones importantes alrededor de la ley de competencias, del Sistema General de Participaciones y de las prioridades presupuestales del próximo gobierno. Todo eso influirá en el contexto económico en el que la Junta Directiva adopte sus decisiones de política monetaria. LEA TAMBIÉN ¿Cree que ese proceso podría comenzar en los próximos meses? No podría anticiparlo. La mayoría de la Junta todavía considera que no se ha llegado al punto de iniciar un ciclo de reducción de tasas y yo no hago parte de esa posición. La próxima reunión se realizará todavía con el actual ministro de Hacienda y, luego comenzará una nueva etapa con el gobierno entrante. monetaria. ¿Qué balance hace del impacto que han tenido los incrementos del salario mínimo recientes sobre la inflación? Creo que es importante diferenciar dos momentos. Entre 2022 y 2025 los incrementos reales del salario mínimo coexistieron con una reducción importante de la inflación y con un mercado laboral que siguió fortaleciéndose. Eso hace difícil establecer una relación automática entre mayores salarios y mayores presiones inflacionarias. La discusión cambia con el incremento aplicado en 2026, porque ya estamos hablando de un aumento mucho más elevado, que sí podría trasladarse a algunos bienes y servicios intensivos en mano de obra. Por eso ese debate debe hacerse con cuidado y teniendo en cuenta las condiciones económicas de cada momento. Incremento del salario mínimo se traslada a algunos bienes y servicios intensivos de mano de obra. Foto:iStock¿Hasta qué punto el estado de las finanzas públicas condiciona las decisiones de política monetaria? La política monetaria y la política fiscal no pueden entenderse como dos mundos separados. De hecho, el ministro de Hacienda hace parte de la Junta Directiva del Banco de la República precisamente porque ambas deben mantener una coordinación permanente. Un desequilibrio fiscal elevado implica mayores necesidades de financiamiento mediante deuda pública y eso termina incidiendo sobre el funcionamiento del mercado de capitales y sobre las condiciones monetarias de la economía. Por eso la autonomía del Banco Central no significa que pueda desentenderse de la realidad fiscal del país. Todo lo contrario: las decisiones monetarias deben tomarse entendiendo el contexto macroeconómico en su conjunto. ¿Altas tasas también terminan encareciendo el costo de financiación del Estado? Hay varios factores que determinan el costo de la deuda pública. Influyen la percepción de riesgo del país, las necesidades de financiación del Gobierno, la confianza de los inversionistas y también la tasa de política monetaria. No existe una relación automática entre una variable y otra, pero tampoco puede desconocerse que una tasa de interés más alta encarece el costo del financiamiento. Lo importante es entender que el mercado de deuda responde a un conjunto de factores y no solo a las decisiones del Banco de la República. El mercado de deuda responde a un conjunto de factores y no solo a las decisiones del Emisor. Foto:EL TIEMPO / CortesíaDesde la perspectiva económica, ¿cuáles deberían ser las prioridades del próximo gobierno? El primer reto será recuperar la sostenibilidad de las finanzas públicas. Eso implica tomar decisiones complejas tanto por el lado de los ingresos como del gasto, en un contexto de estrechez fiscal. También será fundamental definir la ley de competencias derivada de la reforma al Sistema General de Participaciones, porque allí se establecerá cómo se distribuirán las responsabilidades entre la Nación y las entidades territoriales, con un impacto muy importante sobre el manejo de las finanzas públicas. Y, al mismo tiempo, el país necesita fortalecer su aparato productivo. Sin crecimiento económico será mucho más difícil aumentar el recaudo, generar empleo y darles sostenibilidad a las cuentas fiscales. Uno de los primeros desafíos del nuevo gobierno será una reforma tributaria. A partir de los anuncios que se han conocido hasta ahora, ¿qué interrogantes le generan esos planteamientos? Colombia necesita fortalecer sus ingresos tributarios, pero todavía conocemos anuncios generales y no propuestas concretas. Se ha hablado de reducir la carga tributaria a las empresas, aumentar los impuestos a las personas y revisar algunas exenciones. Son temas que habrá que analizar con mucho cuidado porque el país parte de una situación fiscal muy exigente y cualquier decisión tendrá efectos sobre el recaudo. Ahora bien, creo que el debate de fondo va más allá de la estructura de una reforma. Colombia mantiene una economía informal muy alta y eso limita su capacidad de ampliar la base tributaria. Los impuestos hacen parte de un contrato entre el ciudadano y el Estado. Mientras una parte importante de la población permanezca por fuera de los sistemas de protección social y no sienta garantizados sus derechos, será muy difícil construir una mayor cultura tributaria. Por eso una reforma no debería concentrarse solo en modificar tarifas, sino también en fortalecer ese vínculo entre el Estado y los ciudadanos. LEA TAMBIÉN ¿Cree que llegó el momento de revisar algunos elementos del actual esquema de política monetaria? La independencia del Banco Central no está en discusión y ha sido un elemento importante para la estabilidad macroeconómica del país. Lo que sí considero válido es debatir el modelo de inflación objetivo. Mi planteamiento es que la política monetaria no puede descansar solo en la tasa de interés. También debe incorporar otros instrumentos y reconocer que la inflación puede responder a problemas estructurales o de oferta que requieren respuestas distintas. La inflación es un síntoma. El reto no consiste únicamente en reducirla, sino en identificar y corregir las causas que la están generando. En distintos momentos se ha planteado la posibilidad de que los bancos centrales financien determinados programas del Estado. ¿Ese tipo de alternativas tienen cabida hoy? La historia muestra que el papel de los bancos centrales ha evolucionado con el tiempo. Durante varias décadas existieron mecanismos de financiación para proyectos productivos y, más recientemente, después de crisis como la financiera internacional o la pandemia, varios bancos centrales adquirieron grandes volúmenes de deuda pública para estabilizar los mercados. Eso demuestra que no existe un único modelo. Sin embargo, cualquier discusión sobre ese tipo de instrumentos debe hacerse dentro del marco institucional vigente y evaluando cuidadosamente sus implicaciones sobre la estabilidad macroeconómica. La cotización del dólar de hoy Foto:iStockLas remesas se han convertido en una de las principales fuentes de divisas para Colombia. ¿Qué lectura hace de ese fenómeno? Hoy las remesas cumplen un papel muy importante para la economía colombiana. Ayudan a sostener el ingreso de miles de hogares y contribuyen al equilibrio de la balanza de pagos. Mi preocupación no es de corto plazo. Las remesas seguirán siendo relevantes durante varios años. El desafío es de largo plazo, porque esos flujos tienden a disminuir a medida que pasan las generaciones y porque también dependen de las políticas migratorias de los países receptores. Por eso Colombia no puede construir una estrategia de desarrollo basada en las remesas. Deben verse como un apoyo importante, pero no como el fundamento permanente del crecimiento económico. Si Colombia quiere reducir esa dependencia y fortalecer su economía en las próximas décadas, ¿hacia dónde debería orientar su apuesta productiva? Ese es uno de los grandes debates que el país tiene por delante. La economía mundial está cambiando rápidamente y Colombia debe identificar aquellos sectores en los que realmente puede desarrollar ventajas competitivas. Tenemos oportunidades importantes en actividades como la biotecnología, el turismo, los servicios de salud, los servicios informáticos y algunos encadenamientos asociados a nuestros recursos naturales, siempre procurando generar mayor valor agregado. La pregunta de fondo es cuál será el lugar que Colombia quiere ocupar dentro de esa nueva economía global. Más que depender de las remesas, del capital de portafolio o de los recursos mineroenergéticos, el reto es fortalecer un aparato productivo capaz de generar crecimiento, empleo y exportaciones de manera sostenible. Ese, en mi opinión, es uno de los grandes desafíos del país hacia adelante. LEA TAMBIÉN LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.