AnálisisEl estallido que produjo BTS y su presentación en el Mundial este domingo son manifestaciones recientes de la ola coreana que conquista el mundo.Fans de BTS sostienen pancartas durante una concentración frente al Palacio Nacional de México, en mayo. Foto: Haarón Álvarez Getty Images Foto: GETTY IMAGES18.07.2026 09:01 Actualizado: 18.07.2026 09:01
Las escenas que dejó BTS en México todavía se sienten. Más de 50.000 personas se congregaron el pasado mayo en el Zócalo, ante el Palacio Nacional, para saludar a siete jóvenes coreanos integrantes del grupo. Días después, más de 70.000 se arremolinaron en los alrededores de un estadio ya totalmente colmado, mientras desde el interior sonaban las canciones del grupo y las exclamaciones de los fanáticos.Antes de la gira, miles de fans, que se hacen llamar a nivel mundial Army: Adorable Representative M.C. for Youth o Representantes Adorables de la Juventud, habían protestado en redes sociales tras quedarse sin entradas para los conciertos en México, que se agotaron en menos de 40 minutos. Frente a ello, en un acto que algunos vieron como de empatía con el ‘fandom’ y otros como de oportunismo político, la presidenta Claudia Sheinbaum pidió al Gobierno surcoreano abrir más fechas de conciertos, y en agradecimiento, a su llegada a México BTS visitó a la mandataria en el Palacio Nacional.Para algunos, la gira de BTS se terminó convirtiendo en un asunto de Estado. A la visita de BTS a Sheinbaum se sumó, pocos días después de terminar las presentaciones, un encuentro diplomático entre la presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores Asia-Pacífico de México, Yeidckol Polevnsky, el ministro de Comercio surcoreano, Yeo Han-Koo, y el embajador surcoreano en México, Jooll Lee.El fin de esa reunión fue “potenciar la colaboración en diferentes ámbitos” y se habló de un intercambio comercial en sectores claves como la industria automotriz, la electrónica, la manufacturera, la energía y las tecnologías avanzadas. “México es el principal socio comercial de Corea del Sur en América Latina y el décimo a nivel mundial”, señaló un comunicado del Senado mexicano. Además, la misma Sheinbaum tuvo una llamada telefónica con su homólogo surcoreano, Lee Jae Myung, para “profundizar en la excelente relación bilateral y la cooperación económica entre ambos países”. Un vínculo que, según ha dicho Sheinbaum, tendrá una nueva escala en 2027, cuando BTS insinuó que volverá al país,justamente en tiempos de alianzas y tratados de libre comercio.En el libro Corea del Sur y América Latina. Más allá del comercio, Richard Salazar escribe que esa nación asiática, que se encuentra entre las 12 economías más poderosas del planeta, “se ha convertido en potencia mundial”. Ello a pesar de que en 1953, al final de la guerra que dividió la península, era un Estado pobre. El investigador señala que su primer plan fue la educación “como inversión a largo plazo y, luego, en investigación para la innovación”.Hoy, Corea del Sur tiene el mayor porcentaje mundial del producto interno bruto (PIB) en inversión en investigación y desarrollo (I+D). “Es una nación única”, analiza Benjamin Min Han, investigador de la Universidad de Georgia. Explica que, aunque es un país pequeño que fue colonizado por Japón y pasó por varias dictaduras militares, logró avanzar rápidamente en términos económicos y tecnológicos. “Es una nación representativa de la modernidad”. LEA TAMBIÉN Kpop Demon Hunters Foto:Netflix.¿‘Soft power’ en acción?Pero desde finales de los años noventa, Seúl comenzó a impulsar un proyecto que iba mucho más allá: potenciar a la industria cultural, no solo como medio para difundir la presencia coreana por el mundo, sino como otro renglón económico. Conocido como Hallyu, u ola coreana, este esfuerzo colaborativo entre Gobierno e iniciativa privada contribuye fuertemente al PIB con un crecimiento de hasta 5 por ciento anual, según un análisis de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. “Planearon y estructuraron esa industria para generar ingresos”, expone Nayelli López, académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), quien obtuvo el primer título de doctorado sobre estudios coreanos en América Latina.En Corea del Sur, “la industria privada genera productos culturales y se articula con los intereses del Gobierno para desarrollar la economía. El Gobierno se suma con una redefinición de la marca país, que es la estrategia para promover a Corea en el exterior”, explica López. Para ella, las miles de personas que se congregaron afuera del Palacio Nacional y del estadio donde se llevó a cabo el último concierto de BTS en México es muestra “del impacto de todos esos años de inversión”. Asimismo, la investigadora cree que detrás del encuentro entre BTS y Sheinbaum también estaban “los grandes y fuertes intereses que tiene Corea en que México firme un tratado de libre comercio con ellos”. Así, al parecer, BTS sirvió de puerta de entrada para acelerar negociaciones entre ambos países en un momento crucial para México.Para algunos, la boy band forma parte de un plan del Estado surcoreano para abrir mercados en diferentes partes del mundo. Se trataría de una nueva manifestación del soft power, una estrategia diplomática basada en valores y proyectos culturales. Con BTS “se evidencia la gestión del poder blando desde el Estado”, analiza López.No se trata de algo nuevo. De hecho, el soft power fue protagonista del enfrentamiento este-oeste en la guerra fría. Una manifestación fue la industria cultural que construyó Estados Unidos en Hollywood, a través de un sistema de estrellas que terminó por influir en la ideología y economía de muchas generaciones a nivel global. La URSS también lo practicó durante décadas con un fuerte control sobre los discursos artísticos. Y en el libro Who Paid the Piper?: the CIA and the Cultural Cold War, la historiadora Frances Stonor Saunder describe cómo Estados Unidos diseñó un modelo de financiamiento a intelectuales, artistas, músicos, pintores, bailarines y actores con la finalidad de generar aprecio por la cultura estadounidense y neutralizar el sentimiento antiimperialista que los soviéticos impulsaban en Europa.El caso surcoreano tiene otros matices. Min Han cree que no es del todo cierto que el Hallyu sea un proyecto impuesto desde las cúpulas del poder. La red es más compleja. “El Gobierno apoya la industria cultural coreana porque entiende cómo puede transformar la imagen de Corea. Pero parte del fenómeno se debe a los fans y las personas que consumen contenido coreano. No es simplemente un proyecto dirigido desde arriba”, argumenta.La influencia estatal se ejerce de muchas maneras. Por ejemplo, el Servicio Nacional de Pensiones de Corea del Sur es un importante accionista de HYBE Corporation, la casa productora de BTS. Según datos de la revista Expansión, se trata de una estrategia para fortalecer el fondo destinado a las jubilaciones de los trabajadores coreanos.El acercamiento con Sheinbaum no fue casual. México, Perú, Argentina, Colombia y Brasil se encuentran en el top 10 mundial de los países con más fans de BTS. Y en paralelo, Corea del Sur “ha entrado con fuerza” a los mercados latinoamericanos, destaca Salazar. Chile, Perú y Colombia han firmado tratados comerciales con esa nación asiática, “mientras Ecuador y otros países actualmente están negociando lo propio”, apunta.Algunos políticos también han aprovechado el fenómeno. Uno de ellos es Marcelo Ebrard, secretario de Economía mexicano, que ha manifestado en redes sociales su gusto por el K-pop. Otro es el expresidente chileno Gabriel Boric, quien en una gira por Asia casi al término de su gestión lamentó en redes no haber conocido a BTS. El ritual de belleza coreana ha ganado popularidad en occidente. Foto:iStockEl sueño coreanoEl K-pop llegó a Latinoamérica hace más de 10 años y, según un texto de la licenciada en Sociología de la Universidad de Buenos Aires Florencia Isaura Paparone, publicado en la revista Nueva sociedad, se transformó “en una forma de habitar la vida y de experimentar con otros en y desde el Sur global”. López, de la Unam, comenta que esta música no representa la cultura tradicional surcoreana, sino que es un producto híbrido, que mezcla aspectos tradicionales coreanos con elementos del mundo global. Al final, se trata de un típico producto de exportación.Y es una industria muy alineada con las tendencias. El K-pop, describe Paparone, muestra hombres con estéticas cuidadosamente elaboradas. Min Han habla de otros valores en el K-pop. Dice que muestran “hombres y mujeres jóvenes y trabajadores que se esfuerzan, entrenan, y logran hacer realidad sus sueños. Es el tipo de mensajes con el que los fans se identifican. Sienten más conexión e intimidad con muchos de estos grupos y eso es diferente a lo que sucede con los ídolos del pop estadounidense”. Para él, el K-pop crea un sentido de comunidad.La música no es el único producto de exportación. La escritora Macaria España afirma que los K-dramas (series coreanas) y el K-pop permiten delinear una especie de sueño coreano. “Un deseo de vivir en Corea que tiene que ver directamente con una representación casi perfecta de la vida, con posibilidades de aspirar a un romance”, dice, aludiendo a que muchos k-dramas abordan temas románticos. “No es que todas las mujeres quieran casarse con coreanos ni tener novios coreanos, pero sí hay una fantasía donde no hay un machismo tan exacerbado como se ve en las telenovelas mexicanas o en los productos latinos”, ahonda.Curiosamente, los jóvenes coreanos no son muy conscientes de la influencia cultural que tiene su país en el resto del mundo, como dice la periodista ecuatoriana Daniela Aguilar, que lleva año y medio estudiando en Corea del Sur. “Viven en una especie de burbuja y solo están muy al tanto de las cosas que pasan aquí en Corea. Y solo están muy pendientes de Estados Unidos porque obviamente es un socio estratégico en la región y contribuyó mucho a levantar a Corea después de la guerra”.Aún así, la influencia coreana en el mundo parece imparable. En cuanto a México, la presidenta Sheinbaum ha sugerido que BTS estaría de regreso en el país el año entrante. ¿Lo harán para festejar con ella el nuevo tratado de libre comercio entre México y Corea del Sur? ¿Pretende el Gobierno surcoreano usar al país como plataforma para conquistar otros mercados latinoamericanos? (*) Periodista mexicano, miembro de Mesa Editorial de Connectas y doctor en Lenguajes y Manifestaciones Artísticas y Literarias. (**) Connectas es una iniciativa periodística sin fines de lucro que promueve la producción, el intercambio, la capacitación y la difusión de información sobre temas claves para el desarrollo de las Américas.El disco incluye 14 canciones y es el quinto álbum de estudio del grupo. Foto:Instagram: @bts.bighitofficial Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.






