Que nos quiten lo bailaoMe ha bastado ver solo cuatro partidos de la selecci�n para que mi arquitectura mental haya quedado completamente alteradaAFPActualizado S�bado,

julio

00:02Audio generado con IA1 Cuando el f�tbol penetra el inconscienteRecordar sue�os no es f�cil, la mayor�a se evapora de la memoria como el roc�o con el sol de la ma�ana. Pocos dejan huella, y si tuviera que hacer una taxonom�a, los dividir�a en estas categor�as: sue�os sobre gente a la que echo mucho de menos, sue�os er�ticos, sue�os en los que soy capaz de volar, sue�os en los que he cometido un crimen y sue�os en los que me busca un asesino.La noche de la victoria contra Francia inaugur� una categor�a del todo ins�lita en mi mundo on�rico: so�� que me despertaba en mitad de la noche con la televisi�n todav�a encendida y descubr�a que me hab�a quedado dormido antes de que terminara el partido. El �rbitro acababa de a�adir, por no s� qu� argucia reglamentaria, unos minutos m�s, y en esas Mbapp� meti� un gol. Nuestra selecci�n qued� completamente desconcertada y Mbapp� volvi� a marcar al minuto siguiente. El p�nico sustituy� al desconcierto. El equipo se deshizo, perdi� las posiciones y, a los pocos segundos, lleg� otro gol de Mbapp�. Acto seguido se pit� el final. Despert� completamente desolado y en estado de confusi�n. Tard� en entender que hab�a sido un sue�o y que pod�a volver tranquilo a dormir: segu�amos en la final.Evito siempre la ostentaci�n de banderas y no le dedico un minuto al f�tbol en mi vida, pero me ha bastado ver solo cuatro partidos de la selecci�n para que mi arquitectura mental haya quedado completamente alterada. Por lo visto el f�tbol hace so�ar a la gente, y cabe suponer que no soy el �nico con pesadillas en las que les arrebatan lo que sus equipos lograron amarrar en la vigilia. Experimento as� en mis carnes el peligroso poder de enajenaci�n que tiene el f�tbol. Hasta me he hecho con una camiseta.2 Anhelo de ser futboleroMe pas� toda la adolescencia despreciando a la gente que dedicaba tiempo a ver f�tbol y hablar exaltadamente de �l. Yo aspiraba a encontrar otros amigos con los que hablar de lo importante, es decir, de Nietzsche, del neorrealismo italiano o de las letras de Bob Dylan. Fui a estudiar literatura y arte en la universidad y por fin me top� con la clase de gente que pod�a hablar de las cosas importantes. Tard� lo que dura la carrera en darme cuenta de lo desoladoramente superficial que se pod�a ser hablando del concepto de lo sublime en Kant. No conserv� un solo amigo de la carrera; pronto volv� con la cuadrilla de supuestos trogloditas del colegio, los que hablaban de f�tbol, de mus y de otras cosas inconfesables. Hab�a descubierto algo fundamental: que la hondura de la conversaci�n no depende de la importancia del tema, sino de la mirada de quien habla, y que la chispa en la sobremesa la trae quien tiene una pasi�n, por simple que parezca. Nada me resulta hoy m�s insoportable que la gente que no sabe hablar con pasi�n de nada.De la gente que escribe, y que inevitablemente he ido conociendo en los saraos del gremio, he acabado siendo amigo precisamente de los que adem�s son desacomplejadamente futboleros: de Tall�n, de Jabois, de Bustos o del neurocient�fico Mariano Sigman. Este �ltimo es un hombre que pierde su condici�n humana en cuanto juega su selecci�n o el Bar�a para convertirse en un infraser absolutamente primario, que se comunica por gritos y gru�idos, esclavo de sus pasiones. Siento envidia hasta de sus desvelos y sufrimientos por las derrotas de sus equipos, y m�s a�n por la infantilidad de sus alegr�as en la victoria. Siempre he sentido envidia de esa capacidad de sufrir y de celebrar. Pensaba estos d�as en Machado: �En el coraz�n ten�a / la espina de una pasi�n; / logr� arranc�rmela un d�a: / ya no siento el coraz�n�.3 La final otra vez en LekeitioComo en julio de 2010, la final me vuelve a sorprender en mi adorado Lekeitio, y todo se me complica porque no tengo wifi ni me funciona el televisor. Es decir, estoy obligado a adentrarme en el pueblo para buscar la catacumba en que pueda abrazarme a alguien en caso de ganar y donde pueda hallar consuelo en la derrota. Tengo una camiseta de la selecci�n guardada con el mismo celo que nuestros padres guardaban un panfleto del Partido Comunista en los sesenta. Que se acabe ya este Mundial, por favor.