EntrevistaEl profesor de Historia de la Iglesia Roberto Regoli analizó la nueva ruptura del Vaticano con los lefebvristas, fraternidad excomulgada por el Papa.En una celebración en Écône (Suiza), el 1.° de julio de 2026, fueron consagrados cuatro obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, sin mandato pontificio. Foto: Getty Images18.07.2026 04:05 Actualizado: 18.07.2026 04:05

No es la cuestión del uso de la antigua misa en latín, de espaldas al pueblo, la que está en juego en la pulseada entre el Vaticano y los nuevamente excomulgados lefebvristas. El problema básico es su rechazo a las enseñanzas fundamentales del Concilio Vaticano II, asegura el padre Roberto Regoli, profesor de Historia de la Iglesia en la Pontificia Universidad Gregoriana.En una entrevista con La Nación (Argentina), Regoli —quien es presidente de la Fundación vaticana Joseph Ratzinger— destacó la actitud benevolente hacia la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) –grupo conservador que mantiene desde hace décadas una relación conflictiva con el Vaticano– de Benedicto XVI (2005-2013) y de Francisco (2013-2025), que hicieron muchas concesiones, sin obtener nada a cambio. Al tiempo, advirtió sobre las evidentes contradicciones del grupo tradicionalista rebelde y elogió el pulso firme de León XIV, quien luego de que la fraternidad consagró a nuevos obispos sin autorización papal (ver nota anexa) los excomulgó, pena grave que los dejó afuera de la Iglesia católica. “Si un cisma no se resuelve rápido, se vuelve insanable”, afirmó. ¿Qué tan grave es para usted este cisma, en comparación con los que hubo en la historia de la Iglesia?Este es un cisma pequeño porque el número de personas involucradas no es numeroso, pero tiene una sobreexposición mediática. En el último milenio, sobre todo en los últimos 500 años, hemos visto que cada vez que hay un concilio se produce un cisma. El concilio de Trento (1545-1564) fue para responder a la reforma protestante, los luteranos y los calvinistas. Después tenemos el Concilio Vaticano I (1869-1870), que provocó un cisma con los veterocatólicos que rechazaron la doctrina sobre el primado papal y su infalibilidad, y después el Concilio Vaticano II (1962-65), que provocó otro con los lefebvristas.¿Por qué?Cada vez que se toman decisiones de carácter más doctrinal o, en todo caso, que involucran las relaciones Iglesia-mundo, como durante el Concilio Vaticano II, siempre hay un grupo que disiente. En el caso de los últimos dos concilios, Vaticano I y II, las resistencias rechazan el legítimo desarrollo de la doctrina.¿Qué rechazan los lefebvristas?Rechazan sobre todo cuestiones inherentes a la libertad religiosa, al diálogo con las demás religiones, el ecumenismo y la concepción del Estado. Porque rechazan la libertad religiosa, prefieren un Estado confesional como modelo. LEA TAMBIÉN ¿Y el tema de la misa tridentina?La cuestión litúrgica ya no está en juego gracias a Benedicto XVI, que despolitizó el tema y lo quitó del debate, porque dentro de la Iglesia católica tenemos grupos que celebran con el vetus ordo o misa tridentina (en latín y de espaldas a los fieles). A menudo la resistencia de la mayor parte de las personas estaba vinculada con la liturgia y no a cuestiones teológicas fundamentales y Benedicto XVI quitó este argumento del debate en 2007 con Summorum pontificum, decreto que liberalizó el uso de la misa según el viejo rito tridentino. Benedicto también les tendió la mano a los lefebvristas levantándoles la excomunión en 2009. LEA TAMBIÉN El hecho de que Francisco, en julio de 2021, con el decreto Traditionis custodes, volvió a restringir el uso de la misa en latín, que para celebrarse requiere de un permiso especial de un obispo, ¿empeoró las cosas?No. Francisco continuó en la misma dirección y fue muy benévolo haciendo válidos los sacramentos de la confesión y el matrimonio impartidos por curas lefebvristas durante el Jubileo de la Misericordia de 2016. Además, aun con los límites impuestos por Francisco para la liturgia en el viejo rito, para la mayor parte de las Iglesias del mundo es posible celebrarla. Tenemos muy pocos obispos que la boicotean y la mayor parte de los obispos dejó abierta una situación de posibilidad, por lo que, reitero, no es más un argumento de debate.Es decir, hemos tenido dos papas consecutivos, Benedicto y Francisco, que han tendido una mano, pero que no obtuvieron nada de la otra parte, ninguna respuesta. Francisco les tendió la mano, pero ellos nunca dieron ningún paso hacia adelante, y Benedicto les había pedido que reconocieran el Concilio Vaticano II y el magisterio posterior. El papa León se ha encontrado con una situación al comienzo del pontificado de este grupo minoritario que se mueve prescindiendo de él totalmente.¿La estrategia de la mano tendida nunca funcionó y por lo tanto el papa León volvió a tener una posición dura como Juan Pablo II en 1988, cuando excomulgó por primera vez a los lefebvristas al consagrar cuatro obispos sin mandato papal?Sí. León vuelve a Juan Pablo II con mucha claridad también en cuanto al estatus de los fieles y de los sacerdotes, al decirles que si se adhieren al acto cismático, también están excomulgados en forma automática. Me parece una toma de posición más clara desde el principio porque en 1988, si bien también todo fue muy claro, en los años siguientes como no a todos los obispos les había quedado clara la consecuencia para los fieles, hubo intervenciones que causaron confusión. Mientras que ahora se han puesto desde el inicio las cartas sobre la mesa. Es decir, el papa León estuvo muy firme.Algunos dicen que este nuevo cisma podría representar una primera trampa de parte del ala más conservadora de la Iglesia para León…El papa León XIV. Foto:AFPNo lo veo así. Este es un grupo tradicionalista que decidió ponerse afuera de la Iglesia, distinto del ala conservadora. El tradicionalismo es un mundo que atraviesa al catolicismo, pero hay un tradicionalismo que es fiel a Roma y al Papa y otro tradicionalismo que no reconoce para nada a Roma, que es el tradicionalismo de los ‘sedevacantistas’. En la FSSPX hay una gran contradicción porque ellos dicen que reconocen Roma, pero en la ordenación episcopal del 1.º de julio dijeron que las autoridades de la Iglesia han perdido la fe, con la cual, de hecho, están afuera… Son afirmaciones muy contradictorias. LEA TAMBIÉN Para usted ¿por qué los lefebvristas pusieron a prueba a León? ¿Quizás pensaron que porque usa la muceta roja iba a ser más flexible con ellos?No. Creo que ellos decidieron ir al choque debido a un tema de la edad de sus obispos: si ellos quieren seguir siendo una iglesia, necesitan tener obispos. Y les quedaban apenas dos (Bernard Fellay y Alfonso de la Galarreta), ancianos y no en muy buen estado de salud. Por lo tanto, hicieron una apuesta por su supervivencia futura, fue un desafío vinculado a la edad de los obispos, ya que ahora tienen seis, entre los cuales uno es joven. No sé cómo ellos consideraron el diálogo con Roma, si había condiciones para tratar, pero no parece, sobre todo después de ver cómo ellos hablaron durante la ceremonia de consagración episcopal, cuando fueron muy al ataque.El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, expresó “gran dolor” y, al mismo tiempo, esperanza en una reanudación del diálogo… ¿Puede haber esperanza de diálogo?Se habla de diálogo, pero si los lefebvristas no reconocen la buena fe de sus interlocutores, no hay posibilidad de avanzar.Además, tampoco reconocen el Concilio Vaticano II…Sí, que es lo mínimo y tampoco se reconoce el magisterio posterior, desde Pablo VI a León XIV. Hay varias contradicciones en su posición, al reconocer al Papa y después, desobedecer; al reconocer al Papa y después sentenciar que en la autoridad de la Iglesia hay una ausencia de fe… Es un problema.De hecho, durante la ceremonia dijeron que rezaban por el santo padre, justo mientras estaban desobedeciendo…Exacto. Dijeron, además, que las autoridades de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días estuvieron animadas por “un espíritu contrario a la fe” y que “actuaron en contra de la santa tradición”… Espíritu contrario a la fe significa que son infieles y me parece una afirmación muy fuerte.En suma, usted ve muy difícil que pueda reanudarse un diálogo con ellos…Sí, lo veo muy difícil. Partir de estas posiciones es muy difícil y hay que ver qué conciencia ellos tienen de todo esto porque en las ordenaciones episcopales del 1.º de julio había un gran clima de fiesta por lo que podía verse en las imágenes que transmitieron en streaming. No se veía un espíritu de drama, de dolor, por lo que estaba sucediendo... Hay narraciones muy distintas entre Roma y Écône: Roma, que lamenta una herida y habla de dolor; y Écône, que mientras tanto festeja. Es complicada la situación, son evidentemente lenguajes y mentalidades distintas. Si un cisma no se resuelve rápido, se vuelve insanable. La mayoría de los cismas que hemos visto a lo largo de la historia no se han resuelto; muy pocos llegan a reconciliarse, y solo aquellos que permanecen muy al margen. Sin embargo, vemos que la FSSPX cuenta con parroquias, seminarios y escuelas, y tener escuelas y jóvenes significa tener un futuro a largo plazo.Elisabetta Piqué Corresponsal en Italia, La Nación (Argentina) RomaDos excomuniones del grupo en menos de cuatro décadasEl pasado 2 de julio, una nueva excomunión marcó las tensiones entre el Vaticano y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), un grupo ultratradicionalista popularmente conocido como lefebvrianos o lefebvristas que promueve el regreso de costumbres del catolicismo, como la misa en latín y de espalda a los fieles (misa tridentina).La excomunión llegó 24 horas después de que esa fraternidad consagró como obispos sin autorización papal, en una ceremonia en Ecône (Suiza), a cuatro sacerdotes. Los cuatro fueron excomulgados, junto a Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay, quienes los consagraron, y el Dicasterio para la Doctrina de la Fe anunció que también quedarán excomulgados todos los fieles que se adhieran a la fraternidad.Esta no es la primera excomunión del grupo, fundada por el arzobispo Marcel Lefebvre. El Concilio Vaticano II, en el que se aprobaron varias reformas en el interior de la Iglesia, incluida la manera de celebrar la misa, no fue bien recibido por algunos sectores conservadores del catolicismo, entre ellos Lefebvre, quien en 1970 fundó la fraternidad desde la que cuestionó el abandono de la tradición.En 1988, la fraternidad fue declarada cismática y excomulgada por el papa Juan Pablo II, luego de que Lefebvre consagró a cuatro obispos sin autorización papal. Antes de eso, en 1987, el arzobispo había justificado las consagraciones sin el mandato del Papa en que, según él, “el trono de Pedro y los puestos de autoridad de Roma” estaban “ocupados por anticristos”.Durante el papado de Benedicto XVI, el Vaticano levantó las excomuniones impuestas por Juan Pablo II contra los miembros de la FSSPX, pero ahora el grupo vuelve a quedar fuera de la Iglesia.Para su reintegro, el Vaticano exige a la fraternidad que asuma plenamente las reformas conciliares, algo que el superior general del grupo, Davide Pagliarini, ha descartado. De hecho, durante la ceremonia de consagración de los nuevos obispos en Suiza, a la cual asistieron unas 15.000 personas, reportaron medios locales, Pagliarini cuestionó fuertemente a la Iglesia y a sus autoridades, incluido el Papa, al decir: “Desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días, las autoridades de la Iglesia están imbuidas de un espíritu contrario al de la fe y obran contra la santa tradición”.Luego de la excomunión de la fraternidad, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe envió un mensaje a los obispos de todo el mundo sobre el procedimiento para readmitir a quienes “decidan abandonar la Fraternidad Sacerdotal San Pío X”, tendiendo de esa forma una mano no a los lefebvristas en sí, sino a los sacerdotes y fieles que decidan abandonarlos. Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.