Ningún equipo quiere empezar como favorito un campeonato. En política suele ser al revés, un año antes de la batalla electoral, a Javier Milei le conviene ser el dirigente con mayores posibilidades de triunfo.El Presidente tiene la oportunidad de ser, a la vez, el organizador del sistema político que quiere seguir encabezando por otros cuatro años, pero también diseñar en su favor los términos de la competencia.La ausencia de neutralidad de quien manda es un signo común en todos los países y es especialmente aceptado y establecido como una norma en la Argentina, en la que su Constitución otorgó al Presidente privilegios en nombre de la gobernabilidad.Milei tiene una ventaja de doble filo. Será juzgado por sus logros económicos y sus opositores alimentarán sus posibilidades de las consecuencias de esas decisiones tomadas desde la presidencia.El resultado del hipotético doble turno de elecciones presidenciales del año que viene ya comenzó a dibujarse. Quienes no lo eligieron en 2023 ni tampoco lo acompañaron en la votación de medio término del año pasado difícilmente puedan rendirse ahora a la oferta libertaria.El resultado del hipotético doble turno de elecciones presidenciales del año que viene ya comenzó a dibujarseUn tercio que puede acercarse al 40 por ciento de los votos tiene nombre: peronismo. Milei no tiene mucha posibilidad de intervenir en forma directa en el armado de la oferta en su contra, pero ya empezó a trabajar para que su principal adversario no logre presentarse unido. Sin proponérselo, Cristina Kirchner y Axel Kicillof colaboran con él con una fisura en el kirchnerismo que puede convertirse en división.Milei no puede contar con esa fragmentación en tanto no la controla y todo puede terminar en un acuerdo al final de los crecientes tironeos que intercambian la expresidenta presa y el gobernador de Buenos Aires. En cambio, hay otro peronismo, sometido durante dos décadas a la implacable hegemonía de Cristina sobre el que el presidente libertario puede operar. Es la proyección de un trabajo que el oficialismo lleva adelante para atenuar la orfandad legislativa con la que empezó. En ese trueque entre la necesidad de tener apoyo parlamentario y la urgencia de las provincias de contar con una línea de ayuda del poder central, Milei logró aprobar leyes decisivas en el comienzo de los años 2024 y 2026. El año pasado, los libertarios se distrajeron construyendo su propia fuerza partidaria en las provincias y pagaron el precio de que sus aliados se coaligaran para votar leyes en contra de sus intereses, como las de financiamiento universitario y las de asistencia a discapacitados.Un tercio de opositores que puede acercarse al 40 por ciento de los votos tiene nombre: peronismo. ¿Se dividirá?Borgeanos sin saberlo, a los gobernadores con Milei no los une el amor sino el espanto de no poder administrar sus feudos. No es ideología, son necesidades posibles de solucionar intercambiando favores.Milei tiene una experiencia reciente que puede comprender a través de los mismos colaboradores que lo rodean y que tuvo Mauricio Macri durante su presidencia. Fue cuando estos mismos gobernadores de diverso pelaje (peronistas no K, partidos provinciales y radicales) intercambiaron favores. Al final, primó en Macri la idea de no formalizar un acuerdo para meterlos a todos bajo un mismo techo electoral y muchos de esos socios terminaron tributando a la candidatura de Alberto Fernández.Esta semana, Milei volvió a rodearse de 13 gobernadores, casi el mismo grupo, con dos excepciones, del que asistió a la asunción del jefe de Gabinete, Diego Santilli.El Presidente tiene más tiempo que los gobernadores, la mayoría de los cuales decidieron jugar su continuidad en la primera mitad del año próximo. Ellos ya están en campaña, empezaron a ajustar todos sus aparatos para evitar riesgos. Y de todas las preocupaciones, la principal es tener hoy como enemigo al Presidente.En ese juego de engaños e insinuaciones que Milei dice detestar pero que en realidad practica, apenas cinco gobernadores saben que el Presidente les pondrá un candidato para ganarles: Kicillof, Gildo Insfrán (Formosa), Sergio Ziliotto (La Pampa), Ricardo Quintela (La Rioja) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego).Milei ganará o perderá por la dura transformación de la economía que empezó en las cuentas públicas para acomodar las variables fiscales y, como consecuencia, reducir la inflación.Con el resto, en varios casos hay acuerdos de convergencia plena y en otras fórmulas diversas arriba y debajo de la superficie que incluyen no presentar candidatos libertarios o poner varios candidatos libertarios para que pierdan. La contrapartida es el apoyo más o menos explícito a la reelección o, como mínimo, no construir o apoyar a ningún otro candidato presidencial.Todo eso y mucho más ocurre y ocurrirá en la casta, el nombre que Milei le dio al sistema político antes de empezar a comandarlo. Hay otro elemento, tal vez más importante que los acuerdos entre dirigentes de los que se ocupan Karina Milei y Diego Santilli.Milei ganará o perderá por la dura transformación de la economía que empezó en las cuentas públicas para acomodar las variables fiscales y, como consecuencia, reducir la inflación.Entendido por millones de argentinos con un corte drástico de la decadencia populista, ese rotundo cambio de rumbo opera en simultáneo sobre la realidad del país: el achicamiento del bolsillo de cada uno, expresado en la frase “no llego a fin de mes”.Es, también, el comienzo de una fuerte reestructuración del sistema económico proteccionista que ampara al trabajo pero a la misma vez sepulta y le quita horizontes de desarrollo genuino al país. Ese doble tránsito, el de la demora en recuperar los ingresos personales y los efectos negativos de una transformación productiva necesaria, son dos elementos que condicionan a Milei.A favor del Presidente está que tiene hoy más apoyo que ninguno, aunque lo que tiene no es todavía una garantía de reelección. Más importante, no aparece todavía nadie como alternativa que no sea semejante al peor de lo mismo que el país decidió dejar atrás en 2023.Milei tiene por ahora la suerte de que no hay quien represente los dolores que provoca la transformación que ejecuta. Tiene más herramientas que nadie para evitarlo.