La madrugada del 1° de enero de 2017 parecía destinada a quedar archivada como otra tragedia ligada al consumo de drogas sintéticas. Giuliana Maldován, una joven de 20 años, y Lucas Liveratore, de 34, murieron después de asistir a una fiesta electrónica de Año Nuevo en Rosario y, en un primer momento, la investigación apuntó a determinar quién había ingresado los estupefacientes al predio. Nadie imaginaba entonces que aquel expediente terminaría destapando una organización dedicada al tráfico de cocaína y conduciría, casi una década después, hasta uno de los hombres que la Justicia señala como uno de los principales abastecedores de una banda vinculada a Los Monos. Ese hombre es Fernando Sebastián “Narigón” Vázquez. Durante ocho años permaneció fuera del alcance de la Justicia federal, mientras la mayoría de quienes integraban la estructura que, según la acusación, encabezaba, eran detenidos, juzgados y condenados. Su captura recién llegó el 16 de junio pasado, cuando efectivos de la Tropa de Operaciones Especiales de Santa Fe lo localizaron en Villa Gobernador Gálvez. Ahora, el Juzgado Federal N°3 de Rosario lo procesó como presunto líder de una organización dedicada al almacenamiento, distribución y comercialización de estupefacientes. Pero la historia había comenzado mucho antes.