17 de julio, 2026 - 07h30Durante los primeros años de universidad, Josué Illescas rendía cada examen de manera oral. Mientras sus compañeros respondían preguntas por escrito, él debía contestarlas frente al profesor porque todavía no existían herramientas que le permitieran acceder al mismo formato de evaluación.Preparar las materias tampoco era sencillo. Muchas veces llegaba a casa con decenas de hojas que su mamá debía leerle para que pudiera estudiar.Hoy, a sus 28 años, el licenciado en Psicología Organizacional, graduado en mayo por la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG), continúa asistiendo a la Facultad de Psicología, aunque ya no como estudiante.PublicidadDesde 2015, docentes y estudiantes investigan herramientas de accesibilidad para personas con discapacidad visual. El resultado es un espacio que reúne un tiflocubículo y un tifloteclado, junto con programas especializados que permiten leer documentos, convertir textos en audio y acceder a material digital.Cada elemento fue diseñado tomando como referencia situaciones que los propios estudiantes enfrentaban dentro de la universidad. Ahora, él forma parte del equipo como asistente de investigación, junto a su colega Karen Freire.“Esperamos que todo esto les sirva a quienes vienen detrás de nosotros. Nosotros vivimos muchas dificultades y la idea es que ellos encuentren un camino un poco más sencillo”, comentó.PublicidadPublicidadEl camino hacia la inclusión y el apoyo familiarJosué recuerda que su proceso educativo comenzó en una escuela para estudiantes con discapacidad visual. Al pasar a un colegio regular tuvo que adaptarse a un sistema diferente, donde era el único alumno con esa condición y muchos docentes no conocían herramientas para trabajar con braille o material accesible.Esa realidad continuó durante buena parte de su formación universitaria. Las evaluaciones eran orales y preparar una materia requería apoyo permanente de su familia.Cecilia Infante, su mamá, aprendió braille para acompañarlo desde los primeros años de escuela. Más adelante continuó ayudándolo durante el colegio y la universidad, leyendo apuntes, preparando resúmenes y elaborando figuras en alto relieve cuando alguna materia lo requería.“Había veces que le decía que se fuera a descansar y yo terminaba de pasarle las tareas a braille. Todo fue un aprendizaje para los dos”, recordó.Madre e hijo llegaron a la Universidad Católica con la intención de conocer la oferta académica. Durante esa visita conversaron con Luis Bonilla, docente e investigador, quien les explicó que la institución trabajaba en herramientas de accesibilidad para estudiantes con discapacidad visual.“Nos explicó lo que estaban desarrollando y decidimos quedarnos aquí”, contó Cecilia.PublicidadLa tecnología como clave para la autonomíaCon el paso de los semestres comenzaron a incorporarse lectores de pantalla, programas que convierten documentos en archivos de audio y aplicaciones capaces de transformar textos escaneados en formatos accesibles.“Ya podía estudiar solo. Venía después de clases, hacía las tareas aquí y conocía nuevos programas sin depender de que alguien me leyera un documento”, explicó Josué.Bonilla señaló que el proyecto nació después de recopilar durante varios años las dificultades que enfrentaban los estudiantes al utilizar computadoras y laboratorios.“Los puertos USB estaban debajo de los escritorios, los espacios eran reducidos y ellos llegaban con bastones, regletas y varios implementos. Todo eso nos llevó a pensar en un diseño distinto”, indicó.Un diseño adaptado a las necesidades realesEn el desarrollo del mobiliario participó una estudiante de Diseño de Interiores de la Facultad de Arquitectura, quien trabajó junto con el equipo de investigación para adaptar cada componente del módulo.El resultado fue un escritorio con mayor superficie de trabajo, conexiones ubicadas en la parte superior, espacio para los implementos utilizados por personas con discapacidad visual y programas instalados en un solo equipo.Bonilla explicó que el grupo obtuvo una patente por el tifloteclado, y prepara una segunda relacionada con el tiflocubículo.Uno de los cambios más visibles ocurrió en la forma de rendir evaluaciones.“Antes cada examen era prácticamente una sustentación. Ahora presentan la prueba el mismo día que sus compañeros. El contenido es el mismo; la diferencia es que utilizan herramientas digitales adaptadas”, señaló.Añadió que el material de estudio que reciben los estudiantes también cambió, ya que ahora puede convertirse en audio o en documentos compatibles con lectores de pantalla, lo que les permite trabajar con mayor independencia.Según el docente, cinco estudiantes concluyeron sus carreras utilizando las herramientas desarrolladas dentro del proyecto, que actualmente incorpora programas apoyados en inteligencia artificial y diseño universal para el aprendizaje.Josué continúa participando en esa búsqueda. Prueba aplicaciones, analiza nuevas funciones y comparte observaciones con el equipo de investigación para determinar cuáles pueden incorporarse al tiflocubículo.“Cada actualización trae herramientas distintas. Nosotros las probamos primero porque sabemos qué dificultades aparecen cuando uno estudia con discapacidad visual”, comentó.El escritorio donde hoy trabaja conserva las adaptaciones surgidas de esos años de investigación. Las conexiones dejaron de estar ocultas bajo la mesa, los programas necesarios están instalados en un solo equipo.Es así que el espacio fue pensado para que dos personas puedan trabajar al mismo tiempo sin limitar el uso del bastón, la regleta o el resto del material que acompaña a los estudiantes durante sus clases. (I)