Cuando el radical Jeremy Corbyn asumió las riendas del laborismo en 2015, impulsado por la llegada masiva de nuevos afiliados que pudieron votar en las primarias pagando tres libras, a Andy Burnham, que partía como favorito, se le vio picoteando un "bufé totalmente insípido" en un pub lúgubre de Marylebone, donde el ambiente recordaba más a un velatorio que a una fiesta de celebración. "No te preocupes, Andy", le dijo Charlie Falconer, el siempre optimista miembro de la Cámara de los Lores. "Siempre hay una tercera oportunidad". Burnham, que ya había visto frustrado su objetivo de convertirse en líder en 2010, le miró con incredulidad. Pero, en efecto, la inesperada tercera oportunidad ha llegado este viernes. El que fuera durante una década alcalde de Gran Manchester y figura clave en los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown ha tomado el timón del laborismo convirtiéndose así en el nuevo primer ministro británico, el séptimo en una década. Oficialmente, el relevo de poder entre Keir Starmer y Burnham no será hasta el lunes, cuando este último se traslade a Downing Street tras recibir la petición de formar gobierno por parte de Carlos III. Pero se da por comenzada la nueva era en la que el arquitecto del "Manchesterismo", el gran superviviente, tendrá que reconducir a un país más polarizado que nunca, una economía estancada y una formación en declive, pese a la mayoría absoluta lograda hace dos años, ante el auge de un populismo que se nutre del descontento con el Establishment. En su primer discurso como líder del Partido Laborista, pronunciado en la conferencia extraordinaria de la formación, ha asegurado que dirigirá un Ejecutivo con el "coraje para arreglar los grandes problemas que la política ha descuidado" y con la "convicción para defender nuestros planes". Ha señalado que el país "tomó una serie de decisiones equivocadas en los años ochenta", cuando "el poder político se centralizó y el poder económico se privatizó" y ha prometido construir una economía que funcione para todos. TE PUEDE INTERESAR Como pasó en su día con Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss o Rishi Sunak, una vez más, los británicos tendrán un primer ministro que no ha sido elegido en elecciones generales. Tras el varapalo cosechado por el laborismo en las elecciones locales y regionales de mayo, el diputado por Makerfield, John Simons, maniobró una dimisión cuidadosamente calculada para facilitar el regreso de Burnham a la Cámara de los Comunes. Situada en el corazón del antiguo cinturón industrial del noroeste de Inglaterra, la circunscripción está marcada por calles comerciales decadentes, antiguas comunidades mineras y salarios modestos. Históricamente siempre ha votado laborista, pero en los últimos años el discurso de Nigel Farage había calado con fuerza en una zona donde triunfó el Brexit y donde muchos vecinos se sienten olvidados por el establishment político. Burnham superó el mes pasado incluso las encuestas más optimistas al obtener el 54,8% de los votos, mostrándose como el único capaz de recuperar a los votantes laboristas desencantados y acabar con el populismo. A fin de no prolongar aún más la incertidumbre política con unas primarias, no se presentó ningún rival, por lo que el conocido como "el Rey del Norte" logrará finalmente su sueño de mudarse a Downing Street. Aunque Burnham, de 56 años, ha consolidado su carrera política en Mánchester, nació en Liverpool y creció en un pueblo situado entre ambas ciudades del noroeste de Inglaterra. Su padre era técnico de British Telecom y su madre recepcionista. Se crió en una familia católica muy unida. Él mismo ha reconocido que no es "especialmente religioso", aunque sostiene que tanto la educación católica como los valores del Partido Laborista moldearon su sentido de la justicia social. TE PUEDE INTERESAR Burnham y sus hermanos fueron la primera generación de la familia en acceder a la universidad. Y no a cualquiera: estudió filología inglesa en la Universidad de Cambridge, una de las instituciones académicas más prestigiosas del país. "Hubo que convencerle mucho para que presentara la solicitud porque pensaba que, siendo un chico de clase trabajadora, Cambridge no era para él", recordó Stephen Harrington, quien fue su profesor de inglés en el colegio católico St. Aelred's. "No confiaba en sí mismo. Pero dio el paso y el resto es historia." Burnham ha contado en varias ocasiones que se sintió fuera de lugar en Cambridge, donde muchos de sus compañeros procedían de exclusivos colegios privados del acomodado sur de Inglaterra. Pero allí conoció a quien sería su futura esposa, la neerlandesa Marie-France Van Heel, hoy directiva de marketing. Se casaron en el año 2000 y tienen un hijo y dos hijas. Tras graduarse, trabajó como periodista en revistas especializadas antes de convertirse en asesor e investigador para varios políticos laboristas. Fue elegido diputado por Leigh, en el área de Mánchester, en 2001, e inició un rápido ascenso en los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown. Entre 2007 y 2010 formó parte del gabinete de Brown como secretario jefe del Tesoro, ministro de Cultura y posteriormente ministro de Sanidad. Un modelo conocido como "Manchesterismo" Uno de los episodios que más marcaron su carrera llegó en 2009, cuando fue abucheado durante un acto de homenaje a las víctimas de la tragedia de Hillsborough, el desastre ocurrido en 1989 en el que murieron aplastados 97 aficionados del Liverpool FC. Durante años, las familias lucharon para desmontar la versión falsa difundida por la Policía, que culpaba a los propios seguidores. Burnham terminó convirtiéndose en uno de sus principales aliados. Impulsó la celebración de una nueva investigación judicial, contribuyó a lograr una disculpa oficial y promovió una ley que obliga a los cargos públicos a actuar con transparencia y decir la verdad tras grandes tragedias, independientemente del impacto que ello tenga sobre su reputación. Tras la derrota en las primarias laboristas de 2010 y 2015, Burnham dejó su escaño en Westminster en 2017 —en uno de los momentos más difíciles para los laboristas— para presentarse a la alcaldía del Gran Mánchester. El cargo encajaba perfectamente con sus cualidades: capacidad para reunir sensibilidades distintas, habilidad para detectar oportunidades y un marcado pragmatismo. Su modelo pasó a conocerse como "Manchesterismo", una versión del socialismo favorable a la inversión empresarial que combina recursos públicos y privados para impulsar el transporte, la vivienda y las infraestructuras. El defensor del norte Mánchester, antigua potencia industrial y cuna de la Revolución Industrial, había sufrido durante décadas la desindustrialización. Durante su mandato, la ciudad vivió un fuerte crecimiento, con rascacielos levantándose sobre antiguos terrenos fabriles. También recibió elogios por recuperar para el sector público un sistema de transporte fragmentado y mejorar su funcionamiento. En lo personal, sustituyó el traje y la corbata por vaqueros y camisetas oscuras, habló abiertamente de su pasión por grupos como Oasis, The Smiths y New Order, y dedicó parte de su tiempo libre a jugar al fútbol o pinchar música de los años noventa como DJ. Durante la pandemia de la COVID-19 protagonizó un duro enfrentamiento con el entonces primer ministro conservador Boris Johnson, al que acusó de aplicar una estrategia "centrada en Londres" que perjudicaba a las ciudades del norte. Fue entonces cuando empezó a conocerse como el "Rey del Norte", un apodo inspirado en Juego de Tronos que hacía referencia tanto a su defensa del norte de Inglaterra como a sus aspiraciones políticas. Burnham siempre sostuvo que su etapa en el Gobierno central había dejado "asuntos pendientes". Su oportunidad llegó cuando Starmer fue forzado a dimitir por la presión de diputados laboristas preocupados por la creciente impopularidad del partido. TE PUEDE INTERESAR Ahora asegura que impulsará "una nueva forma de hacer política basada en la unidad y la esperanza". Uno de los pilares de su proyecto consiste en transferir más poder a los líderes regionales. Entre sus planes figura incluso trasladar parte de la oficina del primer ministro a un futuro "No. 10 North" en Mánchester. Sus críticos, sin embargo, sostienen que muchas de sus propuestas carecen todavía de concreción, especialmente en lo referente a cómo financiará sus compromisos. Además, tendrá que enfrentarse a los mismos desafíos políticos y económicos que desgastaron a Starmer: una economía estancada, unos servicios públicos bajo enorme presión y una persistente crisis del coste de la vida. También llega con escasa experiencia en política exterior, desde la guerra de Ucrania hasta la relación con el presidente estadounidense Donald Trump. Y gobernar un país de 70 millones de habitantes es muy distinto a administrar una región de tres millones. La incertidumbre, en definitiva, no desaparece. Simplemente cambia de rostro. Burnham ha demostrado que sabe ganar elecciones, construir poder y generar esperanza. Lo que aún está por demostrar es si será capaz de gobernar un Reino Unido profundamente dividido.
El 'rey del norte' abre una nueva era: ¿quién es el nuevo primer ministro de Reino Unido?
Andy Burnham, ex alcalde de Gran Manchester y figura clave con Tony Blair y Gordon Brown, elegido nuevo líder laborista. Tendrá que reconducir a un país más polarizado que nunca, una economía estancada y una formación en declive ante el populismo










