Opinión
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CatalejoLa campaña electoral comenzará en pocos días, un año antes del 27 de junio del 2028, fecha de la primera vuelta.
Ya han comenzado a aparecer los primeros pasos, aunque ocultamente clarísimos, realizados por ciudadanos deseosos de ejercer el derecho de ser electos a la presidencia de Guatemala, como si fuera la única manera de servir al país. Esto se debe al inconsciente convencimiento del monarquismo absoluto del siglo XVII como forma de gobierno. Si se logran victorias en el Congreso y en el Ejecutivo, es inmediata la transformación, pero como en la realidad no se puede tener a alguien con varita mágica decidiendo sobre todo, y no hay planes propios de desarrollo y mucho menos pensados para varios períodos porque muchas veces es necesario el paso de tiempo prolongado para planificarlos no solo según las necesidades actuales, sino también las futuras.
Algunos cambios son indispensables: no solo tener más de 40 años y ser alfabeta, lo cual muchas veces solo se limita a saber leer y escribir pero a niveles rudimentarios aunque se tengan títulos de universidad, sobre todo de algunas de las creadas para obtener beneficios a quienes funcionan como propietarios. Otro elemento nuevo debe ser la cantidad de veces con las cuales se puede insistir en una candidatura, por ejemplo nada más dos, o el porcentaje de votos obtenido, fijado en un mínimo del 5% de los votos válidos —aunque debería ser de los votos de la población inscrita en el padrón electoral, porque la ausencia de las urnas también es un derecho e implica un mensaje de los ciudadanos. De ocurrir esto, significar la clausura del partido. Otro derecho es el de ser borrado del padrón, porque es optativo, no obligatorio.







