EditorialEmpresas que ya operan en el país decidieron no retirar sus ganancias, sino volver a ponerlas en movimiento aquí mismo.

A menudo se afirma que en economía e inversión la percepción resulta ser un factor crucial que, por supuesto, se respalda con datos. Ningún inversionista pone recursos en un país donde percibe alto riesgo, y menos aún reinvertirá los réditos obtenidos. Por eso es una buena noticia para Guatemala el aumento de 6-8% de inversión extranjera directa durante el primer trimestre de 2026. El monto concreto es de US$529.7 millones, distribuidos en varios sectores productivos, en los cuales ya están creando oportunidades de empleos, directos e indirectos. Las cifras hablan de un voto de confianza que necesita mantenerse a través de la solidificación de la certeza jurídica, la modernización de la tramitología y hasta del avance en normas como la actualización de la Ley Antilavado.

Y es que este tipo de inversiones representa movimientos estratégicos de compañías que valoran la posición geoestratégica de Guatemala, el talento humano y las oportunidades de mejora en infraestructura vial y portuaria. Sí, existen desafíos pendientes y proyectos a mediano plazo, pero pesa más la prospectiva pragmática: eso explica cómo esos recursos llegan en forma de plantas industriales, apertura de oficinas y crecimiento de operaciones, lo cual implica contrataciones de personal que, a la vez, llevarán al surgimiento o fortalecimiento de empleos indirectos en servicios complementarios y provisión de materias primas.