Cuando se piensa en grandes extensiones de chumberas, la imagen viaja casi siempre a México, Marruecos o al nordeste de Brasil. Pocos imaginarían que este cactus, símbolo de los paisajes áridos, podría convertirse en una de las respuestas del campo aragonés frente a la sequía. Sin embargo, eso es precisamente lo que intenta demostrar un proyecto piloto que se está gestando en Fabara, en pleno Bajo Aragón-Caspe.

Detrás de la iniciativa está el agricultor y ganadero Michel Campanales, que junto con investigadores del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) trabaja desde hace más de dos años para evaluar el potencial de variedades de chumbera sin espinas como alimento para el ganado, y como cultivo adaptado a un territorio donde cada verano el agua escasea un poco más.

Fabara reúne todas las condiciones que buscan los investigadores: precipitaciones muy limitadas, temperaturas extremas y una sequía que ha dejado de ser una excepción para convertirse en parte del paisaje. Un escenario duro para la agricultura y la cría de ganado, pero también un auténtico laboratorio natural para poner a prueba especies capaces de producir donde otros cultivos apenas resisten.