El pasado mayo, durante la primera ola de calor que azotó España, una marea de personas bien cubiertas con banderas palestinas y kufiyas avanzaba por el mar de asfalto que rodea el complejo deportivo José Caballero en Alcobendas, Madrid. Allí se celebraba una de las ediciones de la Copa del Mundo de escalada, que congregó a fans de este deporte, así como a decenas de activistas propalestinos.

La conjunción de ambos mundos tenía nombre y apellidos. Concretamente los de siete escaladores israelíes clasificados para esa competición y que fueron recibidos con silbidos por parte de cerca de la mitad de los asistentes. Hubo algunos que se dieron la vuelta; otros alzaron sus banderas y pañuelos mientras coreaban cánticos como “Boicot Israel” o “Free, free Palestine”. Y algunos directamente abandonaron el recinto.

De hecho, la organización había dispensado 40.000 entradas -gratuitas-, pero finalmente sólo asistieron unos pocos miles durante los cuatro días que duró la competición. La Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME) nunca llegó a dar datos oficiales de asistencia, tampoco explicaciones.

Quizás, las ausencias se justifiquen por las altas temperaturas, o quizás por el boicot al que llamaron diversos colectivos propalestinos, liderados por el grupo Climbers for Palestine, que pidió al público que sacara entradas pero no asistiera. Lo mismo están exigiendo ahora, de cara a la competición europea que se celebrará este fin de semana en Montmel·ló (Barcelona), para la que se ha convocado a 8 deportistas procedentes del país hebreo.