Se pueden decir muchas cosas sobre el hombre del momento en Ucrania. Que fue uno de los ministros más jóvenes de Europa. Que convirtió la digitalización del Estado en un arma de guerra. O que ha terminado convirtiéndose en la pesadilla rusa gracias a la revolución de drones y robots. Pero quizás, el dato más aburrido sea el más revelador: Mykhailo Fedorov (región de Zaporiyia, 1991) era un superviviente. Un fiel escudero de Volodímir Zelenski que ha salido indemne de seis renovaciones del gabinete ucraniano en los últimos siete años. Hasta esta semana. Amortizado en los mentideros políticos de Kiev desde hace días, se filtró a la prensa que Zelenski y distintos grupos de poder querían quitárselo de encima. Los rumores se confirmaron este miércoles por la noche, desencadenando, ayer jueves, una oleada de protestas en un puñado de ciudades ucranianas. Joven, implacable contra la corrupción y alejado de las prácticas soviéticas heredadas, Fedorov era considerado el arquitecto de los éxitos más recientes del Ejército ucraniano. Entonces, ¿por qué querría Zelenski cargarse a su ministro 'estrella'? Vayamos por partes. El método Fedorov Experto en marketing digital y siempre alejado de los focos, Fedorov es una de las figuras fundamentales de esta guerra. Para muchos, el hombre clave en el quinto año de invasión. Su método estaba devolviendo la iniciativa a Kiev en primera línea en sus breves 7 meses al frente de la cartera de Defensa. Ucrania ha pasado de retroceder lentamente a avanzar. De sufrir a castigar con dureza la logística rusa en la retaguardia y a multiplicar el número de rusos muertos por metro cuadrado. Resultados construidos sobre hojas de Excel, fórmulas matemáticas, incentivos y guerra declarada a la corrupción. Una estrategia que ha transformado la mayor partida del presupuesto ucraniano en una maquinaria tan eficaz y flexible como una startup. "Yo no necesito el cargo de ministro de Defensa para ser ministro de Defensa. Necesito ese cargo para ganar la guerra", declaró este jueves en un acto tras su salida del gobierno, evidenciando el pulso abierto con Zelenski. El presidente no ha logrado el apoyo del Parlamento para su primer candidato, por lo que ha designado a Yevhenii Khamara, oficial de fuerzas especiales, como ministro en funciones. El mandatario trató de calmar las aguas asegurando que quiere mantener a Fedorov en su equipo, una oferta que Fedorov ha rechazado si es para convertirse en un 'asesor jarrón'. TE PUEDE INTERESAR La relación entre ambos viene de lejos. Antes incluso de que Zelenski llegara a la presidencia. Con apenas 23 años, Fedorov fundó SMMStudio, una agencia de marketing digital que en 2015 comenzó a trabajar para la productora del actor. Cuando Zelenski dio el salto a la política, recurrió a él para dirigir la estrategia digital. Fedorov había estudiado las campañas de microsegmentación de Donald Trump en Estados Unidos. Y mientras sus rivales se gritaban en los platós de televisión, él convirtió Facebook, Instagram y Telegram en las herramientas con las que marcar la agenda política del país. La conversación empezaba en las redes sociales y terminaba en los informativos. No al revés. Construyendo, al mismo tiempo, la imagen de un Zelenski cercano, accesible y dispuesto a escuchar a los ciudadanos. Aquella aventura reveló algunos de los rasgos que han definido la carrera de Fedorov. A veces ridiculizado, otras veces incomprendido por el equipo del actor, el joven mostró la personalidad, las ideas y el desparpajo suficientes para llamar a cualquier hora a la puerta del futuro presidente, discutir y convencerle. La victoria electoral le abrió las puertas al Gobierno unos meses después. Con apenas 28 años fue nombrado viceprimer ministro y ministro de Transformación Digital, el más joven de la historia del país. Fedorov llegó con un lema tan simple como ambicioso: "El Estado dentro del smartphone". Su mayor éxito fue una aplicación en la que centralizó 87 servicios como el DNI, pasaporte, carné de conducir y que permite el pago de multas y deudas, sin tener que pasar por una oficina de la administración. Más allá de la tecnología y la comodidad, la digitalización atacaba directamente al talón de Aquiles del país: la corrupción. Reducir el contacto entre funcionarios y ciudadanos, automatizar procedimientos y dejar un rastro digital pretendían desmontar las viejas dinámicas clientelares del sistema soviético. Seis años después, pese a estar inmersa en una guerra existencial ante un enemigo con una población cinco veces superior, Ucrania ha escalado 22 puestos en el Índice de Percepción de la Corrupción. TE PUEDE INTERESAR "Queremos construir el Estado más cómodo y centrado en las personas: un país sin colas, corrupción ni burocracia", dijo en 2021. El Gobierno ucraniano ha estimado el ahorro de la digitalización del primer lustro en unos 4.000 millones de euros. La invasión rusa transformó esa filosofía de gobierno en un manual de guerra. Y Fedorov aplicó al campo de batalla la misma receta: identificar cuellos de botella, medir resultados, eliminar intermediarios y servirse de la tecnología. La app de multas pasó a utilizarse para compartir las coordenadas de los soldados de Moscú; el ministro empleó sus contactos en Silicon Valley para aislar y sancionar al Kremlin; y, apenas dos días después de la invasión, escribió directamente a Elon Musk para pedir terminales de Starlink. "Mientras intentas colonizar Marte, Rusia trata de invadir Ucrania (…). Te pedimos Starlinks", tuiteó. Dos días después, el primer camión con antenas estaba en el país. Aquel envío fue el primero de muchos miles. Dispositivos que hoy siguen siendo un elemento crítico para volar drones, vigilar avances, realizar asaltos y mantener conectadas a las fuerzas ucranianas en primera línea. Este enero, Fedorov volvió a escribir al magnate sudafricano. Esta vez para bloquear los terminales que Rusia utilizaba ilegalmente en los territorios ocupados. Musk aceptó y miles de soldados rusos se quedaron 'ciegos' y sin conexión a internet. La enésima demostración de que la guerra también podía librarse desde un smartphone. Apenas llevaba un mes en su nuevo puesto. El hombre que empezó a molestar Fedorov no había llegado al Ministerio de Defensa para administrarlo. Aceptó entrar para cambiarlo. Una decisión aplaudida por la sociedad, pero recibida con escepticismo en ciertas esferas del Ejército. Fedorov era un experto en marketing digital que nunca había vestido de uniforme y apenas llevaba seis años en política. Pero el presidente no buscaba un general. Quería a alguien ejemplar, efectivo y con fe en la victoria. "Él es el único que tiene un plan para ganar la guerra. Quiere cambiar el alto mando. Quiere sustituirlo por gente joven que ha demostrado su valía por sus resultados, para que la gente corriente vea que no son hombres de la Unión Soviética, sino mandos a los que les importa la vida de sus soldados", explicó al periodista Park MacDougald una fuente del Gobierno ucraniano, a finales de año, con la moral del país por los suelos. Fedorov no había tirado la toalla. Su misión era aplicar al ministerio con mayor presupuesto de Ucrania la misma lógica que había utilizado en Transformación Digital. Donde, a pesar de que, aparentemente, tenía poco que ver con el barro y las trincheras, había impulsado Brave1, una plataforma que conecta a ingenieros, startups, inversores y militares en busca de armamento y soluciones a problemas reales del combate. También promovió un sistema de puntos que premia a las unidades que más enemigos matan y que luego pueden canjearse gratuitamente por drones. La lógica de mercado adaptada al conflicto bélico. Más difícil de medir, pero muy valorada, ha sido la protección del soldado. Por cada misión asumida por un dron o robot hay un militar menos obligado a desminar, abastecer posiciones o lanzar un asalto. Vidas ucranianas salvadas. Sin embargo, su breve gestión deja sin resolver las dos heridas más profundas del Ejército: la crisis de movilización y el regreso a la vida civil de quienes llevaban años combatiendo. El 'método Fedorov' tenía, además, una falla: exigía cambiar el Sistema. "Syrskyi encontró la manera de dividir al país, y esa es la situación en la que nos encontramos hoy" Y eso significaba enfrentarse a los que han buscado enriquecerse de las partidas millonarias. También a líderes como Oleksandr Syrskyi. Apodado despectivamente como 'el carnicero', el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas ucranianas es un militar de 61 años y de escuela soviética. Y aunque tuvo un papel relevante en 2022 con la liberación de Kiev y Járkov, sus misiones suicidas y con pobres resultados en el campo de batalla lo sitúan en el centro de las críticas desde 2024. "En lugar de pensar cómo derrotar a Rusia de forma asimétrica (que es la verdadera misión del comandante en jefe), encontró la manera de dividir al país, y esa es la situación en la que nos encontramos hoy", argumentó Fedorov el jueves, en su comparecencia. "Syrskyi no está dispuesto a hablar abiertamente de los problemas, mirándote a los ojos. Él prefiere reunirse en privado, alimentar intrigas y pensar que alguien ha organizado una campaña mediática contra él", continuó. Liberado por primera vez del corsé gubernamental, Fedorov atravesó una línea que ningún alto cargo ucraniano se había atrevido a cruzar desde el inicio de la invasión. Su comparecencia fue la crítica pública más dura lanzada hasta la fecha contra la cabeza del Ejército por un miembro del Gobierno, e indirectamente contra Zelenski. Haciendo visibles unas tensiones que hasta entonces solo habían aflorado a través de filtraciones y rumores. El propio presidente confirmó este jueves el alcance del enfrentamiento. "Sin mí no se sientan juntos a la mesa", admitió, deslizando que ambos habían pedido el cese del otro. La diferencia está en quién tiene detrás a cada uno. TE PUEDE INTERESAR Syrskyi conserva el respaldo de regimientos de asalto que utiliza, a juicio de sus críticos, como un ejército privado. Y ha recibido apoyo indirecto de empresarios e inversores poco contentos con las licitaciones públicas y la revisión de contratos llevados por Fedorov que hicieron florecer 6.000 millones de euros en sobrecostes y redujeron el precio de adquisición de proyectiles de 155 mm en un 16%. Fedorov, en cambio, ha construido otro tipo de poder. Legitimidad a base de resultados y cuidado de la vida humana. Las muestras de aprecio públicas han llegado de activistas, civiles y decenas de comandantes y generales, pese a que el exministro no ha vestido nunca un uniforme. Entre ellos, el responsable del programa de drones interceptores y subcomandante de la Fuerza Aérea, Pavlo Yelizarov, que ha dimitido por su cese. "¡Imagina qué tipo de protesta podría haber si intentan destituir a Syrsky!", resumía irónicamente Serhii Filomonov, comandante de batallón de la 59.ª brigada. "Los ucranianos no están hoy en la calle por Fedorov, sino por ellos mismos. Lo hacen porque, por primera vez en mucho tiempo, habían recuperado cierta esperanza. Porque Ucrania volvía a llevar la iniciativa en el frente. Y temen que ese impulso pueda quebrarse, que el país abandone el camino que había empezado a recorrer. Los ucranianos saben reconocer cuándo una decisión choca con los valores por los que llevan años luchando", ha deslizado el propio exministro en su despedida. La defensa del 'exitoso y leal' Fedorov como símbolo de una idea más profunda: que Ucrania todavía puede ganar la guerra sin convertirse en el país contra el que decidió luchar.