Ha fallecido en Madrid a los 88 años el eminente jurista, catedrático de Derecho Penal y magistrado emérito del Tribunal Supremo Enrique Bacigalupo Zapater. Fue miembro de su Sala Penal entre 1987 y 2011, y por sus manos pasaron, para su resolución, algunos de los casos que tuvieron mayor resonancia en esa etapa. Entre ellos, las sentencias del Supremo sobre el envenenamiento masivo del aceite de colza —en la que se aumentaron las penas iniciales—, el caso Sogecable, el de Filesa —sobre supuesta financiación irregular del PSOE—, y otros relativos a los GAL y la guerra sucia contra ETA. Ya en otra etapa mucho más reciente, ejerciendo como abogado tras haber sobrepasado los 70 años, edad de jubilación en el Supremo, asumió la defensa del futbolista argentino Lionel Messi y su padre, acusados de un delito de fraude fiscal de 4,1 millones de euros por los derechos de imagen del jugador.La larga etapa ya referida incluyó también una importante revisión del Código Penal, para adecuarlo mejor a los cambios sociales y de siglo en la todavía entonces frecuentemente adjetivada como “joven democracia española”. Enrique Bacigalupo ejerció una relevante función docente, inspirada y en desarrollo de la obra de otros especialistas en esta rama del derecho, singularmente la de Luis Jiménez de Asúa, profesor de penal en la Universidad Central de Madrid de hace un siglo, y más tarde diputado socialista —ingresó en el PSOE en 1931—, presidente de la comisión encargada de redactar la Constitución republicana y presidente de las Cortes elegidas en febrero de 1936.Esa influencia impregnó siempre la labor de Bacigalupo, con una visión marcadamente humanista del derecho. Nacido en Buenos Aires en 1938, Enrique Bacigalupo llevó una vida hasta cierto punto paralela a la de Jiménez de Asúa, pero en sentido contrario. Ambos fueron separados de sus respectivas universidades. El profesor y político español, en Madrid, tras ser depurado a consecuencia de la Guerra Civil, y quien fuera uno de sus mejores discípulos, en la capital argentina, perseguido por la organización terrorista parapolicial Triple A, en la década de los 70.La venida de Enrique Bacigalupo a Madrid tuvo una etapa previa, la de su exilio en Alemania, donde fue profesor de la Universidad de Bonn. Ya en España, se doctoró por segunda vez en derecho —para salvar las trabas burocráticas al reconocimiento de títulos— y fue profesor de la Complutense, para ingresar finalmente en el Tribunal Supremo tras otra etapa en la que fue letrado del Constitucional. Esta experiencia afianzó alguna de sus ideas básicas y su concepción del derecho, como se refleja en diversas entrevistas concedidas luego a lo largo de los años de su vida en España. En ellas, como en sus obras, se recoge la evolución del derecho penal en la segunda mitad del siglo XX, para subrayar que a partir de entonces “el fin de la pena se definió de una manera uniforme a través del concepto de resocialización”, de modo que “se procuró dar cabida (…) a las consideraciones que ponen de manifiesto la corresponsabilidad de la sociedad en el delito”.Algunos otros de sus comentarios tendrían hoy una especial actualidad. En otra entrevista explicaba que la cuestión de los límites del Derecho Penal en un Estado de Derecho “es algo verdaderamente preocupante, sobre todo teniendo en cuenta la fuerza expansiva que hoy tiene el Derecho Penal”. A su juicio, “todo Derecho Penal es una limitación de la libertad”, y se preguntaba “¿hasta dónde tolera la Constitución la limitación de la libertad?”, para responderse que “un buen punto de partida puede ser la idea de que todo aquello que no perjudique a otro debe estar permitido en un Estado de derecho”. Añadía que “este es el punto de partida de la filosofía penal de la Ilustración y de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789”.Seguramente, sus años como letrado del Constitucional marcaron y explican esta especial sensibilidad, y también una permanente vocación docente. Jacobo Barja de Quiroga, que hoy preside la Sala Militar del Supremo y compartió tareas con Bacigalupo en la Sala Penal de este tribunal, explica que “Enrique estaba siempre enseñando”. De hecho, Bacigalupo presidió su seminario sobre materia penal hasta hace pocos días, en que cedió a la petición de algunos de sus alumnos para abrir un paréntesis que les permitiera seguir el Mundial de Fútbol.