El secretario de Estado, Marco Rubio, dio la bienvenida este jueves por la mañana (hora de la costa Este, seis más en la España peninsular) a representantes de 66 países europeos, asiáticos y americanos a una cumbre en la sede del Departamento de Estado, en Washington, para tratar lo que la Administración de Donald Trump percibe como un auge del terrorismo político de extrema izquierda en todo el mundo. “Es una amenaza real y transnacional que ha existido durante décadas, pero que ahora experimenta un resurgimiento”, dijo Rubio en el discurso de apertura de una reunión que ha recibido el sobrenombre oficioso de “cumbre Antifa”, en referencia a un amorfo movimiento de activistas repartidos por todo Estados Unidos, que, si bien no está demostrado que exista como tal red organizada, obsesiona al Gobierno. La de Rubio fue también, durante 20 minutos, una defensa de esa idea de Occidente convertida en entelequia que sirve de pegamento a la ultraderecha de todo el mundo. “Pueden llamarse anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas. Pero su naturaleza fundamental es siempre la misma: un resentimiento ponzoñoso, disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación”, añadió el jefe de la diplomacia estadounidense sobre esos que, dijo, “atacan oleoductos y gasoductos; ferrocarriles; redes eléctricas y laboratorios; y los símbolos físicos y tangibles del poder y la invención”.En un discurso que a ratos sonó a la época de la Guerra Fría, Rubio habló de la Organización Revolucionaria del 17 de noviembre, activa en Grecia desde los años setenta, de los grupos estadounidenses Weather Underground y el Ejército Negro de Liberación, de los Tupamaros uruguayos o de las Brigadas Rojas italianas. “Hoy nos enfrentamos a una nueva ola de este viejo mal”, insistió el jefe de la diplomacia estadounidense. También describió una red transnacional conectada de “militantes de Antifa” que viajan para “participar en ataques conjuntos, canalizar propaganda y material de captación, e intercambiar información sobre objetivos a través de canales encriptados compartidos. Se desplazan mediante redes clandestinas de pisos francos, pagan sus operaciones con fondos transnacionales y colaboran con Estados extranjeros hostiles”.El secretario Rubio, hijo de cubanos de Florida, criticó el “doble rasero” con el que se trata la violencia de la extrema izquierda frente a la de la ultraderecha. “Aún hoy, la mera idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda constituir una amenaza seria se considera una fantasía febril de la derecha o, peor aún, una peligrosa conspiración fascista. Así lo perciben muchos sectores de la prensa, del ámbito académico y universitario, así como muchas de nuestras instituciones tradicionales”.A la reunión, que culmina una estrategia de ocho meses de proselitismo de aliados para la causa, asistieron 66 países, según una lista proporcionada a EL PAÍS por un portavoz del Departamento de Estado. Entre ellos, están España, Canadá, Alemania, Argentina, Italia, Israel, Chile o Uruguay. En esa nómina no figuran México, China, Brasil, Nicaragua o Colombia (aunque un miembro del futuro Gobierno del presidente electo, Abelardo de la Espriella, estaba de visita este jueves en el Departamento de Estado). El nivel de los enviados por cada país varía. En el caso de España, acudieron dos consejeros de la Embajada de Washington: uno de la sección Política y otro, de Interior. La cumbre llega días después de que el Departamento de Estado ofreciera subvenciones de hasta tres millones de dólares (2,6 millones de euros) a grupos europeos que comulguen con los ideales trumpistas del movimiento MAGA (Make America Great Again) y que combatan la “censura” de sus Gobiernos y trabajen por desarrollar “vínculos civilizatorios” entre Estados Unidos y Europa.Esas subvenciones, de entre uno y tres millones, están pensadas para grupos de la sociedad civil y ONG europeas, así como instituciones educativas y entidades con ánimo de lucro, que busquen “abordar desafíos relacionados con la soberanía nacional, la migración, la censura y el uso del sistema judicial con fines políticos (lawfare)". La convocatoria para pedirlas se abrió el lunes.Arquitectos contra el terrorismoAl encuentro de este jueves asistieron también el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, que habló después de Rubio para repetir sus argumentos y para decir que, si los militantes de extrema “nunca tienen buena pinta”, es porque su orientación política les “ha dejado cicatrices en el cuerpo y ”su aspecto exterior se convierte en una manifestación de su odio interior". Miller es uno de los arquitectos, junto a Sebastián Gorka, el zar de Trump contra el terrorismo, de la presión que Estados Unidos está ejerciendo sobre América Latina para poner al servicio de los intereses de Washington a la región. Esa doctrina Monroe 2.0 pasa por ejercer influencia en elecciones de diversos países y campañas conjuntas de persecución del narco, cuando no intervenciones militares como la que acabó con la captura de Nicolás Maduro en Caracas el pasado 3 de enero para ser juzgado en Nueva York. Bessent, que se presentó como víctima de un intento de atentado extremista, prometió, por su parte, que pondrá toda la maquinaria del Tesoro para presionar a los países para que ayuden a Estados Unidos en esta cruzada.Ante la pregunta de por qué Estados Unidos lanza una iniciativa específica contra los “grupos de extrema izquierda” y obvia a los actores que operan desde parecidos márgenes en la derecha, el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Piggott, defendió esta semana que aquellos son más “sofisticados”, y que sus amenazas han sido tradicionalmente menos atendidas. En septiembre pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha convertido el fantasma del comunismo en su principal argumento de campaña a las puertas de las elecciones de noviembre, anunció la designación como grupo terrorista de Antifa, una constelación de organizaciones con tenues vínculos entre sí. Lo hizo una semana después del asesinato del líder juvenil MAGA y aliado de Trump, Charlie Kirk, por el que el republicano culpó a la “izquierda radical”. No hay pruebas de que el presunto asesino, un joven llamado Tyler Robinson, que ahora mismo está siendo juzgado en Utah, tuviera contacto con ninguna célula de extrema izquierda. En noviembre, En noviembre, Washington designó a cuatro grupos europeos —Antifa Ost, la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional, Justicia Proletaria Armada y Autodefensa de Clase Revolucionaria— como organizaciones terroristas extranjeras.—Antifa Ost, la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional, Justicia Proletaria Armada y Autodefensa de Clase Revolucionaria— como organizaciones terroristas extranjeras. Se ofrecen recompensas de hasta 10 millones de dólares a quien pueda aportar información sobre sus estrategias de financiación.La publicación de la Estrategia de Contraterrorismo de Estados Unidos ya había desviado este mes de mayo el foco del terrorismo islamista como la principal fuente de preocupación para un país que se encamina a la celebración del 25° aniversario del 11-S, para priorizar el combate contra el narco y poner en el punto de mira (y equiparar con el yihadismo y las mafias de la droga) al supuesto enemigo en casa: esos “grupos políticos seculares violentos cuya ideología es antiamericana, radicalmente pro-transgénero y anarquista”. En los últimos años, Estados Unidos ha registrado, según un estudio del Centro de Estudios Estratégicos e Institucionales (CSIS), un aumento en el número de ataques terroristas de izquierda, aunque esa violencia “sigue siendo muy inferior a los niveles históricos de [la] perpetrada por atacantes de derecha y yihadistas”. En 2025, dice también el citado análisis, el terrorismo de extrema izquierda “superó por primera vez en más de 30 años al de la extrema derecha violenta”.
Marco Rubio convoca a 66 países a un encuentro para combatir a “los extremistas de izquierda” en todo el mundo
La “cumbre Antifa” se suma a la oferta del Departamento de Estado de ayudas de hasta tres millones de dólares a grupos europeos ideológicamente alineados con los ideales MAGA













