Cuenta Tinet Rubira (Barcelona, 1963) que su relación con la televisión nunca ha estado marcada por la necesidad de ser el centro de atención, sino por una curiosidad inagotable y una pasmosa capacidad de adaptación. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universitat Autònoma de Barcelona, y tras sus inicios ante las cámaras en los 80, aquel joven que conducía programas musicales como Plàstic encontró su lugar real tras los focos, dirigiendo el entretenimiento que ha definido la banda sonora y la memoria colectiva de todo un país. Más de dos décadas después de estrenar el primer Operación Triunfo —que “fue una pisonadora”—, y lejos de aferrarse a la inercia del éxito, el director de Gestmusic mantiene la misma energía que lo ha impulsado durante décadas: “Si te dan responsabilidades y te ves capacitado para hacerlas, hay que aceptarlas”, asevera sobre las claves de una trayectoria que prefiere entender como una sucesión de oportunidades disfrutadas.El también productor, que ha visto cómo el consumo audiovisual mutaba de la televisión lineal a la era digital, observa con pragmatismo el paso del tiempo y defiende que, en un sector a menudo marcado por el estrés, la clave es no tomarse las cosas como una cuestión de vida o muerte. A sus 63 años, mientras prepara a las generaciones que cogerán su relevo, encara la etapa final de su vida laboral con la tranquilidad de quien sabe cuándo cerrar el telón. “Yo quiero irme cuando me toque; no pienso seguir trabajando con 70 años”, confiesa, proyectando una jubilación que, lejos de significar el retiro, será el momento de dedicar su tiempo a otros intereses. “Me gustaría estar 15 días aburriéndome y arrugándome como una pasa; a partir de ahí, haré todas las cosas que no he podido hacer”.Empezó su carrera ante las cámaras en los años 80, pero pronto encontró su lugar real tras ellas. ¿Cómo se pasa de ser el protagonista a ser quien hace brillar a los demás?Empecé en la radio muy joven, con 16 años, y con 18 o 19 ya trabajaba en Radio Nacional de España en Barcelona, en Ràdio 4. Estudié Periodismo y, en realidad, trabajar en televisión fue una revelación porque yo estaba muy feliz en la radio. Empecé a hacer Plàstic, donde mi primer encargo era ser el asesor musical y hacer la selección de canciones. Ferran Armengol, el director y realizador, me estuvo mirando mucho durante la primera comida de equipo. Me propuso que me presentara al casting de presentadores y lo hice con la tranquilidad de que ya tenía trabajo en el programa. Allí descubrí que no me impone hablar en público y que tampoco me afecta que me graben con una cámara. Todo aquello no me impresionaba nada.Lo veía solamente como un trabajo.Ni eso. Había un punto de inconsciencia y no me modificó. Tampoco me intranquilizó, no me ponía nervioso. En Plàstic descubrí que lo que más me gustaba de la tele era el trabajo en equipo. En la radio puedes hacer un programa tú solo, pero en televisión no haces nada. Hacer un programa en directo cada día fue la mejor escuela del mundo y me lo pasé muy bien. A partir del segundo o tercer mes asumí la dirección de contenidos. Todas las cosas que han pasado en mi vida profesional han sido responsabilidades que me han venido dadas y he aceptado muy bien. Se lo digo a mis hijos: “Si te dan responsabilidades y te ves capacitado para hacerlas, hay que aceptarlas”. Nunca me ha paralizado pensar que hay un exceso de responsabilidad; tengo bastante sangre fría. Y también hay partes que no son mérito mío.¿Cuáles?Hay una parte que puedes cultivar, pero hay otra que es como de carácter o de cuerpo. Si tienes una naturaleza nerviosa y te angustia todo, a lo mejor trabajar en televisión no es el mejor medio.¿El tiempo ha cambiado su forma de ver a quienes se ponen delante de la cámara?Yo me puse delante de una cámara durante años y me convertí en un personaje público, con las inconveniencias que esto acarrea. No podía pasear delante de los colegios o ir a un centro comercial los sábados. En Catalunya era alguien muy conocido, pero tenía que seguir con mi vida normal y prescindir de ello.Si cerrara los ojos y volviera a ver a aquel Tinet, ¿le daría algún consejo para afrontar lo que estaba por venir?En aquella época ya tenía un sueldo en la radio y ahorraba todo lo que ganaba en televisión. No tenía carnet de conducir ni coche e iba en transporte público. Intentaba hacer una vida lo más normal posible. No me escondía, pero tampoco me exponía excesivamente. Evidentemente, en aquel momento no había redes sociales.Por mi salud mental, intento buscar la parte positiva de todo y no complicarme la vidaTinet Rubira¿Le gustan las redes?Mucha gente sufre mucho con el tema. A mí lo que me han permitido es responder a la gente que habla, opina y critica mi trabajo, o que tiene dudas sobre él. No quiero entrar en polémicas, pero respondo por pedagogía y porque sé la respuesta. No hablo ni de mi pensamiento político —que evidentemente lo tengo—, ni de mi familia. Siempre he tenido un carácter de no hacerme las cosas más difíciles de lo que son. Por mi salud mental, intento buscar la parte positiva de todo y no complicarme la vida. No entiendo a la gente que se dedica a una profesión que le genera un estrés o angustia excesiva.¿Cómo se puede afrontar ese conflicto?He visto a cantantes que se descomponen antes de subir a un escenario, o que necesitan tomarse algo porque no pueden afrontarlo. He visto a presentadores de televisión consumidos por los nervios, que te dicen: “Hoy no voy a comer nada hasta que termine el directo”. Un directo produce cierta tensión, pero no te puede generar un desajuste psicosomático. Si mi trabajo me produjera ese estado, cambiaría de trabajo.Ha sido arquitecto de fenómenos sociales que forman parte de la banda sonora de varias generaciones, como Operación Triunfo. ¿Le hace sentirse unido al paso del tiempo?El equipo fundacional de OT tenemos clarísimo que nuestra selección musical ha marcado a tres generaciones. También es verdad que somos muy cuidadosos y nunca ha sido la selección personal de nadie. La hacemos un colectivo de gente muy dispar, de distintas procedencias y edades, para que sea un reflejo de lo que escucha la gente. Para que todas las sensibilidades estén representadas.Lee tambiénRubira es periodista, productor y director de Gestmusic. CedidaHan recuperado éxitos antiguos. Naiara, la ganadora de OT 2023, volvió a poner de moda un tema de 1974: Tómame o déjame, de Mocedades.Es que en mi cabeza tengo un poco de formación británica. Los británicos, con el Top of the Pops o los Golden Oldies, son transgeneracionales. Tienen una cultura musical que incluye los éxitos de su generación y los de la de sus padres y abuelos. Aquí no había tanta tradición porque cada generación tiene sus códigos. OT ha ampliado la memoria musical colectiva de todo un país.¿Siente que la televisión ha perdido inocencia? ¿Nos hemos vuelto espectadores más exigentes?Todos somos más listos. La audiencia, la población, ha mejorado mucho culturalmente. Nosotros hemos notado este ‘update’ viendo a las generaciones de chicos que entran en la academia de OT. La gente se ha hecho especialista y los espectadores se saben los trucos y recursos. Hemos perdido inocencia en el camino porque hemos sido grandes consumidores. El problema que ha tenido la tele en los últimos tiempos es que era la única ventana audiovisual que tenían las casas y ahora es una más. El contenido en el fondo es el mismo, pero te llega por distintos caminos. Cuando hacíamos el Plàstic, teníamos ocho millones de espectadores. Ahora, para tener ocho millones de seguidores, tienes que tener una cuenta de TikTok, otra de Instagram, un programa... Antes, si tú tenías un producto nuevo y lo querías vender, comprabas un anuncio en TVE. A la mañana siguiente, todo el mundo sabía lo que estabas vendiendo. La televisión ha perdido ese poder.Como observador de las nuevas generaciones que entran en OT, ¿qué evolución aprecia?Antes, en el mundo artístico, la gente esperaba a ser descubierta. Era un poco que la casualidad daba contigo. ¿Qué ocurrió a partir de los 2000? Que la gente con talento artístico se convirtió en proactiva. Ahora se pueden apuntar a escuelas de música, buscar tutoriales de YouTube o grabarse y publicarlo.¿Las nuevas generaciones tienen menos tolerancia a la frustración?Si quieres ser artista, te tienes que preparar para la frustración. Necesitas la validación del público. Pero ahora es todo muy inmediato y la gente espera hacerse famosa en un día. ¿Cuánta gente prueba? Muchísima. ¿Quién lo consigue? El más friki, el más simpático, el que tiene una ocurrencia... Si soy concursante de OT, entrar en la Academia de OT no me garantiza que el público se enamore de mí. Tengo que dar algo al público que va más allá de que si canto bien o mal.En una profesión tan ligada a los índices de audiencia, ¿cómo ha gestionado sus grandes éxitos y aquellos proyectos que no tuvieron la acogida esperada?Todo es más fácil si no te tomas muy en serio lo que haces, ni te crees el centro del universo, del mundo o de la industria. He conocido a profesionales muy autoexigentes con sus carreras que tenían pensados todos los pasos que daban. Yo nunca he tenido una planificación en la cabeza, nunca he tenido un objetivo. Yo me he dedicado…Todo es más fácil si no te tomas muy en serio lo que haces, ni te crees el centro del universo, del mundo o de la industriaTinet Rubira¿A trabajar?Y a disfrutar de todo lo que venía. ¿He tenido grandes éxitos? Sí, pero uno cada diez años. Tuve un superéxito con Plàstic en el 89, luego vino Operación Triunfo y en 2011 se me ocurrió Tu cara me suena, que es el formato de televisión más vendido a escala internacional. He hecho una carrera larguísima y lo del éxito y lo del fracaso es relativo.¿Nunca ha tenido la tentación de decir: “Hasta aquí”?No.¿Ni siquiera con Eurovisión?No. Desde el momento en que aceptas participar en un concurso con 30 países, uno va a ganar y 29 van a perder. Tienes que aceptarlo y no eres mejor ni peor por quedar en según qué puesto. Sí que es muy desgastante el nivel de flagelación y odio que a veces destila todo lo que acompaña al festival. Entiendo perfectamente que muchos artistas no quieran pasar por ahí.Lee tambiénLa televisión ha cambiado drásticamente con las plataformas y lo digital. ¿Se siente entusiasta de la nueva era?No. Yo soy un superviviente. Como decía Darwin, las especies que sobreviven son las que se adaptan.¿Cómo ha logrado esa adaptación?Me dedico al entretenimiento, ¿no? Pues hay que tener los ojos y oídos abiertos y ver dónde se entretiene la gente. Donde estén buscando entretenimiento, tenemos que estar. ¿Que a la gente le da por las consolas y los videojuegos? Pues en 2020 nos inventamos Top Gamers Academy porque había salido una estadística sobre las horas que se pasaban los españoles jugando a videojuegos.Entonces, ¿los productos no se han degradado?La energía se va regenerando. Los periódicos siguen funcionando y la radio sigue convocando a muchísima gente cada mañana. Y la televisión lineal y el ‘prime time’ siguen teniendo un peso muy importante en nuestras vidas. Las nuevas plataformas han hecho que crezca la producción, no todo es negativo. Hay quien tiene curiosidad y no se apoltrona.¿Cuál ha sido su secreto para no apoltronarse?He vivido los vinilos, los CDs, los cartuchos, los cassettes... pero la sociedad y la vida evolucionan muy rápido. No te puedes quedar parado, porque si te paras, te caes. Lo estamos viendo con la gente mayor. Es una injusticia muy grande porque muchos han perdido la batalla con el mundo digital. Ahora necesitan utilizar una aplicación del móvil para pedir cita en el médico y no son capaces porque en su momento dijeron: “Uy, yo esto del móvil…”. En cambio, hay señoras mayores que envían emojis o gifs en WhatsApp y hasta mensajes de voz a sus nietos. O intentas seguir los tiempos, o es muy fácil que te quedes atrás.¿Ha habido algún punto de inflexión personal que haya cambiado su forma de entender la vida?Yo siempre he tenido un aspecto muy aniñado. En Plàstic ya tenía 23 o 24 años, pero mi personaje estaba en los 16 o 17. Y colaba. Cuando empecé a dirigir cosas, me veían como a un niño que mandaba. Me costaba mucho que me tomaran en serio y no quería ser un eterno adolescente con 40 años. Me seguían ofreciendo roles de presentador para hacer la cabra cuando yo ya hacía cosas serias como director. Dije que no a muchísimas cosas para no perpetuar ese estereotipo y porque yo ya estaba bien sin salir. Mi ego estaba más que cubierto.El catalán es el artífice de formatos televisivos de gran éxito. CedidaLlegar a esa abstracción en una industria como la suya no debe ser sencillo.La gente que se pone delante de un programa tiene alguna cosa que comunicar al mundo, ni que sea la vanidad. Pero yo no tengo nada que comunicar, ni nada que me empuje a ponerme delante. Si tú me obligas, yo me siento. En el 97, durante la época en la que dije que no a muchos programas infantiles y juveniles, dije que sí a un ‘late night’ de verano que se hizo en Telecinco. Se llamaba El puente y lo presenté por accidente. Estaba trabajando en Argentina y me llamó Joan Ramon Mainat porque se les había caído el presentador. Me lo pasé muy bien y luego me volví a las catacumbas.¿En qué momento empezó a ser consciente de que el tiempo era un recurso finito?Por lo de mi aspecto aniñado, siempre he querido ser mayor. Tener una familia, tener hijos... todo esto lo he deseado. Realmente, el paso del tiempo es cuando eres padre y ves que un día estás acompañando a tus hijos a la guardería y en un soplo han terminado la universidad. El tiempo se acelera en el momento en que tus hijos entran en el sistema educativo.¿Cómo convive con los años?Como me encuentro bien físicamente y de cabeza, no es que me pesen. El otro día fui a una boda porque se casó la hija de un amigo. En el momento en el que él entró y la llevaba del brazo, pensé: “Ostras, a esta niña yo la he visto desde que era una recién nacida”. Tampoco he tenido grandes límites ni presiones en mi vida. Pero aun así, si ahora me dijeran “tienes una enfermedad y no vas a durar”, pensaría: “Hemos llegado hasta aquí y nos lo hemos pasado muy bien”.He aprendido a funcionar muy bien con el estrés; la capacidad física es importante y mi corazón funciona a muy bajas pulsacionesTinet Rubira¿El paso del tiempo ha cambiado su forma de cuidarse, física y mentalmente?He aprendido a funcionar muy bien con el estrés. La capacidad física es importante y mi corazón funciona a muy bajas pulsaciones. No me pongo nervioso, ni tengo taquicardia o sudores y aguanto bastante bien la presión. Es verdad que en la primera edición de OT, que fue una pisonadora que se nos pasó por encima, tuve lumbalgia. Un par de veces también tuve ataques de vértigo porque mi cuerpo me decía “basta”. El cuerpo te avisa y te quedas tumbado. Eran cosas relacionadas con el estrés y el agobio que me pasaban factura físicamente. A partir de los 35, no sé si fue un cambio de chip o la llegada de mis hijos —que me tenían entretenido—, nunca más me ha pasado factura el estrés. He aplicado muy bien esa fórmula de decir: “Estamos haciendo televisión, no estamos salvando vidas; el mundo va a seguir girando”.Siempre está rodeado de gente creativa. ¿Qué le aporta la relación con personas más jóvenes en el día a día?Tengo la necesidad de estar rodeado de gente que tiene otra manera de consumir el audiovisual. Las nuevas generaciones, además de ser creadoras, están consumiendo algo que yo no consumía. Aunque yo me quiera hacer el joven y ponerme en ese lugar, soy analógico. Rodearme de gente que son nuestros nuevos clientes y espectadores, con rutinas nuevas y demandas de contenido nuevo, es una manera de no perder el tren.¿Siente que su experiencia nutre a los jóvenes o que, en realidad, aprende más usted de ellos?Es recíproco. A los alumnos del máster que tenemos en Gestmusic les digo: “Yo ya voy de cara a la jubilación. Los próximos grandes formatos tienen que salir de vosotros, no van a salir de mí”. Estoy como de salida y no quiero ser un tapón generacional. Yo quiero irme cuando me toque. Puedo aguantar un año o dos, pero no pienso seguir trabajando con 70.Lee tambiénEl término “jubilación”, ¿qué le suscita?Me faltan dos años para los 65. Creo que no me voy a jubilar con 65, pero no voy a ir a más allá de los 68. Yo sí que sé estar sin trabajar y no tengo la necesidad de ocuparme. De hecho, tengo muchos focos de interés. Al final, dejar de trabajar quiere decir dejar de hacer un horario, ir a una oficina y seguir con unas rutinas y un día a día muy marcado.Cuando terminen esas rutinas, ¿qué hará?De entrada, aburrirme. Me gustaría estar 15 días aburriéndome y arrugándome como una pasa. A partir de ahí, todas las cosas que no he podido hacer. Me interesan muchísimo la arquitectura, el urbanismo y la gastronomía. Cuando me jubile, me voy a ocupar de temas de solidaridad y voy a hacer cosas que sean un legado. Necesitamos pensar en una jubilación en la que se pueda seguir siendo útil y ayudar con temas pedagógicos o que sean más livianos. Que tú no te sientas un mueble y sin mediar un sueldo.Más allá de la televisión, ¿qué le preocupa del mundo actual?Lo que más me preocupa es que antes la gente que era ignorante intentaba esconder su ignorancia. Socialmente, estaba muy mal visto ser un ignorante. Hoy en día hay gente que hace bandera de su ignorancia. Como sociedad, es lo peor que nos ha pasado. Hay un exceso de opinión. Guárdate tu opinión para ti o para quien te la pida. Yo no la he pedido, y cuando la quiera, la buscaré acreditada en alguien que me aporte algo bueno. Antes, aquellos que no habían tenido la posibilidad de tener una formación estaban un pelín avergonzados. Mis padres no pudieron estudiar porque eran niños de la peor época de la posguerra y lamentaron toda su vida no haber podido ir al cole. Ahora hay gente diciendo auténticas burradas.¿Qué significado le da a “envejecer con éxito”?Envejecer con éxito es que tú no lo notes. Que no te duela nada, que te veas bien y activo. Lo mejor es no darte cuenta. Y lo chulo es envejecer porque sigues siendo una persona curiosa y divertida. El éxito es que no tenga que haber un éxito en el envejecimiento.