La historia la escriben los ganadores y, si a alguien no le gusta perder, ese es Donald Trump.Justo horas antes de su discurso por el 250 aniversario de Estados Unidos, el pasado 4 de julio, la Casa Blanca publicó un informe en el que, haciéndose eco de todos los rencores del presidente, acusaba al Instituto Smithsonian, la gran red nacional de museos e instituciones culturales, de condenar a los ciudadanos blancos al poner el acento en cosas tan poco agradables como la esclavitud, los indígenas o los inmigrantes no blancos que llegaron después del Mayflower , el famoso mercante inglés que transportó a los padres peregrinos hasta el norte de América.Solo unos días después, esta misma semana. Trump volvió a la carga, como el Séptimo de Caballería, contra los nativos americanos –estaban aquí antes que los otros–, y a los que se les llamaba indios en las películas de Hollywood, donde se les pintaba de malísimos (violadores, cortacabelleras...) y eran masacrados por los buenos, todos guapos y blancos, por supuesto.Los monumentos de Bears Ears y Grand Starcase pierden más de un millón de hectáreas para facilitar la perforaciónTrump firmó este lunes en el Despacho Oval una drástica reducción de la extensión de dos monumentos nacionales de Utah considerados sagrados por muchos nativos estadounidenses, en el último paso para abrir tierras públicas a promotores privados y a la industria del petróleo y el gas.Bears Ears y Grand Staircase-Escalante, verán reducida su superficie en cerca de 607.000 hectáreas cada uno (6.070 kilómetros2por territorio), explicó el presidente en ese acto de rúbrica de la orden ejecutiva.“Les quitaron la tierra a la gente, francamente”, recalcó a los periodistas. “Nosotros se la estamos devolviendo”, insistió.Los monumentos nacionales de Bears Ears y Grand Staircase-Escalante, situados en el sur de Utah, albergan antiguas viviendas excavadas en acantilados, petroglifos y espectaculares cañones, además de yacimientos de petróleo, carbón y uranio que las autoridades estatales quieren poner a disposición para su explotación.Lee tambiénEl mandatario ultraconservador tiene una obsesión con estos parajes. Ya hizo un recorte similar durante su primer mandato al abrir 809.000 hectáreas (equivalente al tamaño de Puerto Rico) a la perforación petrolífera, la minería del uranio y otros proyectos. Las tribus y los ambientalistas llevaron el asunto a los tribunales. El presidente Biden restauró la protección.Esta vez, y antes de firmar las órdenes, Trump alardeó de que estaba realizando un recorte todavía mayor y animó al desarrollo y al uso recreativo en tierras federales a lo largo de todo el país. “Estamos dando más de lo que dimos la primera vez a los ciudadanos de Utah”, remarcó.De nuevo se espera que esta decisión llegue a la justicia puesto que se considera que la medida supone grandes implicaciones para la conservación de estos terrenos, que pone en riesgo otros numerosos monumentos al permitir su explotación comercial. El Gobierno de Utah, controlado por republicanos, estuvo en la Casa Blanca para apoyar la resolución presidencial.Los monumentos nacionales son tierras legalmente protegidas frente al desarrolloLos monumentos nacionales son tierras legalmente protegidas frente al desarrollo. Gozan de un estatus similar al de los parques nacionales, si bien estos fueron creados por el Congreso, y se requiere su acuerdo para su modificación, mientras que los monumentos fueron instaurados por los presidentes por una ley de 1906.Bears Ears recibe su nombre de dos cerros de cima plana que se elevan cientos de metros sobre los cañones circundantes. Estas dos formaciones rocosas simétricas dominan el paisaje del sureste de Utah.La denominación de Grand Staircase se debe a una sucesión de estratos de roca sedimentaria que se extiende desde Bryce Canyon hasta el Gran Cañón. Los paleontólogos han realizado extraordinarios descubrimientos al excavar fósiles de tiranosaurios y otros dinosaurios que habitaron la zona hace 74 millones de años.Al margen de que son el hábitat de numerosas especies, los nativos consideran esas tierras sagradas y culturalmente significativas porque cuentan con restos de enterramientos, viviendas en acantilados y arte rupestre. Para Trump, cosas de perdedores.
La andanada de Trump contra los nativos
Washington abre a la explotación zonas protegidas en Utah por ser sagradas









