Después de dos años de intenso debate nacional, la Asamblea Nacional francesa, muy dividida, ha aprobado este miércoles, por 291 votos a favor y 241 en contra, el proyecto de ley sobre “el derecho a la ayuda a morir”. La despenalización, bajo estrictas condiciones y protocolos, del suicidio asistido y la eutanasia -palabras que el texto legislativo evita nombrar-, ha tenido el apoyo del presidente Emmanuel Macron, que ha instado al Gobierno a acelerar el proceso.Cada diputado votó según su conciencia, sin disciplina de partido, y algunos grupos políticos exhibieron una fractura total.Hasta ahora existía en Francia la posibilidad de una sedación profunda y continua para ciertos enfermos en fase terminal. A partir de ahora podrán acogerse a la “ayuda a morir” las personas que cumplan cinco requisitos: ser francesas o residentes regulares, sufrir una dolencia grave e incurable, estar en una fase “avanzada” y en proceso irreversible marcado por un agravamiento que afecta la calidad de vida y, obviamente, hacer una declaración escrita u oral en plena conciencia. Los sufrimientos psicológicos por sí solos no justificaran el derecho a morir. A poder ser, será el propio paciente el que se autosuministre la sustancia letal. Si eso no es físicamente posible, lo hará un médico o un enfermero. Se excluye de estos procedimientos a las personas en coma profundo o que sufran Alzheimer.Los legisladores han introducido una serie de criterios y garantías para evitar en lo posible que pueda haber abusos y presiones. Se prevé la intervención de un colegio de facultativos en la decisión y unos plazos para tomarla y para que el enfermo dé marcha atrás. Los médicos y enfermeros podrán acogerse a la cláusula de conciencia y negarse a intervenir en estos casosEsta ley ha causado una insólita fricción entre el presidente de la República y su primer ministro, Sébastien Lecornu, que nunca ha visto con demasiados buenos ojos esta iniciativa. El jefe del Gobierno quería demorar la aprobación a después de la pausa parlamentaria del verano y Macron le forzó a adelantar el calendario. El presidente estaba decidido a que esta ley figurara en el legado de sus diez años en el Elíseo y no quería retrasos. Por eso ha acogido mal el anuncio de Lecornu de que llevará el texto al Consejo Constitucional para que determine si algunos de los puntos, como los criterios sobre la libre voluntad, la posibilidad de marcha atrás y la obligatoriedad de los centros médicos públicos a aplicar la ley respetar la Carta Magna.Varios de los oradores que defendieron la ley en el debate final destacaron el carácter histórico de la medida. La diputada macronista Brigitte Liso admitió que todos los parlamentarios tienen derecho a actuar según sus conciencias, aunque reprochó que algunos quieran “caricaturizar” de forma negativa a los partidarios de la reforma. Liso subrayó que se trata de “un texto de responsabilidad, de libertad y de profunda humanidad”. En el mismo sentido, el socialista Stéphane Delautrette habló de “un texto de fraternidad que no deja a nadie en el dolor contra su voluntad” y de libertad hacia quienes no pueden ir a Bélgica o Suiza para morir. El diputado del Reagrupamiento Nacional (RN, extrema derecha) Christophe Bentz, contrario a la ley, lamentó “el abandono de la vida humana” y la creación de “una condena social a muerte”. La parlamentaria Justine Gruet, de la Derecha Republicana, también opuesta, criticó la precipitación de aprobarla y el error de autorizar legalmente llevar a la muerte a un ser humano.El proyecto ha generado una resistencia frontal de la Iglesia católica, bajo el impulso del papa León XIV, que efectuará una visita pastoral de varios días a Francia en septiembre. En todas las parroquias había una hoja animando a los fieles a una novena de oración para pedir un cambio de última hora del voto. En la hoja se recordaba la postura del Papa y las palabras en las Cortes, en su reciente viaje a España, como la frase de que “la defensa de la vida humana no es ni una cuestión parcial ni un interés confesional; es un objetivo de civilización”, o que “la grandeza moral de una nación se manifiesta ante todo por su capacidad de acompañar, proteger y amar las vidas que atraviesan la mayor fragilidad”.Corresponsal de 'La Vanguardia' en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)