OpiniónHoy, ‘Esta Semana’ y ‘Confidencial’ se hacen desde el exilio y son parte de la gran diáspora del periodismo nicaragüense, que resiste desde el exilio.ESCRITOR, PERIODISTA Y POLÍTICO15.07.2026 22:01 Actualizado: 15.07.2026 22:01 Cuando el seminario Confidencial se publicó por primera vez en 1996, Nicaragua parecía encaminarse hacia un sistema de normalidad democrática, mediante la independencia de los poderes del Estado y la alternancia en el ejercicio de la presidencia a través del voto popular.Ese año, precisamente, se celebraron elecciones para elegir al sucesor de la presidenta Violeta Chamorro, en las que participaron 35 partidos políticos, de manera individual o en coaliciones; las ganó el candidato del Partido Liberal, Arnoldo Alemán, y esa fue la gran desgracia de la democracia naciente, pues se abrieron las puertas de la corrupción, y otra vez los pactos políticos entre caudillos sujetaron con grillos al país.De ese pacto nació la nueva dictadura, pues Alemán y Ortega firmaron un pacto mediante el que se comprometían a reformar la Constitución para rebajar el porcentaje de votos necesario para ganar las elecciones de 2006, en las que Ortega resultó triunfador, a cambio de la impunidad que protegió a Alemán, condenado por lavado de dinero y peculado.Fui testigo del nacimiento de Confidencial y del empeño de Carlos Fernando Chamorro de crear una alternativa de información, libre de alineamientos políticos y capaz de buscar la verdad con rigor profesional, en esos tiempos, que eran de esperanza. Un periodismo nuevo podría ayudar a crear un país nuevo, donde las distintas opiniones fueran respetadas y las controversias, en lugar de convertirse en enfrentamientos, tantas veces sangrientos, pudieran ventilarse en los foros de prensa. Esos propósitos se completaban con el programa Esta Semana, que apareció en las pantallas de televisión en 1995.No era sencillo sostener un periodismo veraz en un país contaminado por las pendencias políticas, el ruido mediático, la propaganda oficial y el temor a patrocinar con publicidad a medios que no obedecían a sometimientos ni conveniencias. Mantener a Esta Semana en los canales comerciales de televisión, siempre temerosos de abrir espacios a programas que irritaran al poder, fue parte de esta lucha.El miedo a las represalias condicionaba entonces la libertad de prensa. Hoy, todos los canales de televisión son propiedad del Estado o de la familia Ortega. Lo mismo pasa con la gran mayoría de las estaciones de radio. No existe ningún periódico escrito, y hay más de 300 periodistas en el exilio.Un día, más temprano que tarde, tendremos un periodismo libre en Nicaragua, cuando vuelva a ser república.A la historia de Confidencial hay que sumar la enemistad permanente de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra estos medios, que se manifestó abiertamente cuando alcanzaron a llegar al poder de nuevo en 2006. La figura de Carlos Fernando Chamorro era intolerable para ellos.En la medida en que el régimen iba consolidándose como una dictadura tradicional, con un discurso revolucionario desgastado que encubría la corrupción, la agresión contra los medios independientes se incrementaba, y Confidencial se hallaba en el centro de la diana. Sus instalaciones sufrieron el asalto de fuerzas policiales en diciembre de 2018, el año en que la dictadura reprimía las protestas en las calles a un elevado costo de muertos y heridos. Luego, esas instalaciones fueron confiscadas, y Carlos Fernando y muchos de los miembros de la redacción salieron al exilio.Carlos Fernando regresó valientemente al país, reorganizó la redacción y, otra vez, las fuerzas policiales asaltaron las oficinas en 2021. Hoy, Esta Semana se transmite desde el exilio en forma digital, y lo mismo Confidencial, que se edita en el exilio, parte de la gran diáspora del periodismo nicaragüense que resiste desde el exilio.Un periodismo de las catacumbas digitales que se elabora fuera de las fronteras, respaldado por corresponsales anónimos que trabajan dentro del país de manera clandestina, bajo riesgo de cárcel.Confidencial es ejemplo hoy del periodismo de resistencia, que paga un alto precio por no doblegar la cabeza ante las imposiciones de un poder desquiciado, que castiga con el destierro a quienes reclaman la libertad de palabra, sin la cual la democracia es imposible.Un día, más temprano que tarde, tendremos un periodismo libre en Nicaragua, cuando vuelva a ser república, tal como quería Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por la otra dictadura, la de Somoza. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. 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Un periodismo de resistencia
Hoy, ‘Esta Semana’ y ‘Confidencial’ se hacen desde el exilio y son parte de la gran diáspora del periodismo nicaragüense, que resiste desde el exilio.






