De izq. a der.: Andrés Ruiz, Laura Camila Arévalo Domínguez, Daniela Llanos y Jaime E. Manrique.Foto: Isabella Bobadilla - BOGOSHORTSResume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00Las redes sociales convirtieron la velocidad en el principal valor de circulación de la información. Y la atención del público parece disputarse en videos de apenas unos segundos. En ese escenario, donde la manipulación y la sobreestimulación conviven con una creciente desconfianza hacia los medios de comunicación, el periodismo y el cine documental enfrentan una pregunta común: ¿cómo volver a construir confianza?Ese fue el punto de partida de “Imágenes contra la niebla”, una conversación realizada durante el BOGOSHORTS Film Market (BFM), en la que participaron el documentalista y periodista Andrés Ruiz, la programadora Daniela Llanos y la periodista y editora del Magazín Cultural de El Espectador, Laura Camila Arévalo. El diálogo fue moderado por Jaime Manrique, fundador de Black Velvet.Ruiz propuso una idea que atravesó buena parte de la conversación: el problema actual no es únicamente distinguir qué es verdadero y qué no, sino la pérdida de confianza en quienes producen la información. Como ejemplo recordó una experiencia que conoció durante una campaña política, en la que se elaboraban con inteligencia artificial dos versiones opuestas de un mismo mensaje para públicos distintos. Más allá de cuál fuera cierta, explicó, el resultado era que cualquier versión podía negarse después y reforzar los sesgos de cada audiencia.En ese contexto, sostuvo que el documental tiene una oportunidad para recuperar parte de esa confianza. No porque compita con las noticias o con las redes sociales, sino porque permite detenerse, profundizar y construir una relación distinta con los espectadores.Le sugerimos: Las crisis, ese intangible e invisible motor de la humanidadDesde la experiencia periodística, Arévalo señaló que esa preocupación también atraviesa las redacciones. En El Espectador, explicó, la pregunta sobre por qué los medios han perdido audiencia y credibilidad aparece constantemente, incluso cuando se mantienen los estándares tradicionales de reportería, verificación y edición. La conclusión, dijo, es que se trata de un fenómeno mucho más amplio que afecta a toda la industria.Ese escenario también ha obligado a discutir los límites entre informar y captar atención. Arévalo recordó que en un consejo de redacción surgió la propuesta de recurrir deliberadamente a la indignación para aumentar el tráfico de las noticias, una posibilidad que terminó siendo descartada porque el objetivo del periodismo no debería ser provocar emociones específicas, sino ofrecer los elementos necesarios para que los lectores construyan su propio criterio.Para Daniela Llanos, quien participa en la selección de cortometrajes del festival, recuperar la confianza también pasa por aprender a contar mejor las historias. En un entorno donde bastan unos segundos para decidir si un contenido merece atención, sostuvo que la rigurosidad debe ir acompañada de formas narrativas capaces de despertar reflexión y no solo consumo inmediato. El cine político, dijo, no tendría que decirle al espectador qué pensar, sino ofrecer herramientas para desarrollar una mirada crítica.La conversación también abordó otra tensión que hoy comparten el periodismo y el audiovisual: la velocidad.Jaime Manrique recordó que los medios dejaron de tener el monopolio de la inmediatez. Hoy cualquier persona con un teléfono puede registrar un acontecimiento y difundirlo antes que una sala de redacción. La pregunta, entonces, dejó de ser quién publica primero y pasó a ser qué aporta quien publica después.Arévalo respondió que, precisamente por esa realidad, el trabajo periodístico ha cambiado. Más que competir por anunciar un hecho que probablemente ya circula en redes sociales, el reto consiste en explicar sus implicaciones, aportar contexto y ofrecer análisis. Recordó incluso el caso en que varios medios informaron erróneamente la muerte del poeta José Manuel Arango —episodio que luego obligó a rectificaciones— como una muestra de los riesgos de privilegiar la rapidez sobre la verificación.Ruiz llevó esa reflexión hacia el documental. Explicó que El juego de la vida, una película construida durante catorce años, nació inicialmente como una serie de historias breves, pero terminó convirtiéndose en un largometraje porque el equipo buscaba generar una conversación más pausada y profunda. Aunque el tráiler acumulara millones de reproducciones en redes sociales, eso no equivalía, dijo, a la experiencia compartida de permanecer dos horas en una sala de cine pensando un mismo problema junto a otras personas.Esa diferencia entre consumo y experiencia reapareció cuando el panel discutió la nueva categoría de corto periodístico creada por BOGOSHORTS.Según Llanos, durante la selección encontró obras que desdibujaban las fronteras entre el reportaje, la crónica y el documental. Muchas piezas periodísticas lograban una fuerza cinematográfica comparable a la de producciones concebidas desde el cine, mientras que varios documentalistas no identificaban su trabajo como periodístico pese a apoyarse en procesos rigurosos de investigación y verificación.Ruiz recordó que él mismo vivió esa discusión cuando un documental suyo obtuvo simultáneamente un reconocimiento cinematográfico y un Premio Simón Bolívar de Periodismo, un episodio que reabrió el debate sobre los límites entre ambos lenguajes.El cierre del conversatorio volvió sobre las audiencias.Para Arévalo, la responsabilidad de enfrentar la desinformación ya no recae únicamente sobre periodistas, cineastas o plataformas. También exige un compromiso de quienes consumen información. Elegir ver una película en una sala de cine, leer un reportaje completo o preguntarse por la intención detrás de un contenido son decisiones que ayudan a entrenar una atención cada vez más disputada por algoritmos y videos fugaces.En un ecosistema saturado de imágenes, concluyó la conversación, la pregunta ya no parece ser únicamente quién tiene la verdad, sino quién logra construir la confianza necesaria para que esa verdad pueda ser escuchada.También puede leer: Las librerías de viejo y el caos que engendra bellezaEl cielo de BOGOSHORTS sigue abiertoA menos de un mes del cierre de convocatorias, el 24.º BOGOSHORTS – Bogotá Short Film Festival y el 10.º BFM – BOGOSHORTS Film Market mantienen abiertas sus inscripciones hasta el 6 de agosto. Los realizadores podrán postular cortometrajes en las categorías de ficción, documental, animación, experimental, videoclip, realidad virtual, corto periodístico y F3 – Fanático Freak Fantástico. En el mercado también continúan abiertas las convocatorias para In Vitro BFM, Incubadora BFM, Flipbook BFM y Freak BFM, el nuevo espacio dedicado a proyectos de terror, fantasía y ciencia ficción.La nueva imagen del festival retoma la metáfora astronómica que ha acompañado esta edición: cada cortometraje es una estrella que busca abrirse camino y encontrar a su público. La edición número 24 de BOGOSHORTS se realizará del 1 al 8 de diciembre de 2026, cuando Bogotá volverá a convertirse en punto de encuentro para cientos de cortometrajes provenientes de distintos lugares del mundo.Siga leyendo: Cinco años de la muerte de Germán Castro Caycedo: su crónica de Colombia en un discursoConoce másTemas recomendados: