Lo que debía ser la antesala de una verdadera fiesta deportiva mundialista se transformó en el escenario de una provocación de pésimo gusto. Horas antes del trascendental cruce entre la Selección Argentina e Inglaterra por la semifinal del Mundial 2026, la diplomacia británica decidió pisotear la sensibilidad de todo un país. El gobernador impuesto en las ocupadas Islas Malvinas iluminó la Casa de Gobierno, construida sobre suelo argentino usurpado, con los colores rojo y blanco de la bandera inglesa, en un claro gesto de arrogancia que mezcló la pasión futbolera con la hostilidad geopolítica. A través de las redes sociales, la cuenta oficial del Gobierno de las Islas (@GHFalklands) se encargó de viralizar la imagen para que el mensaje llegara directamente al continente y al mundo. El propio gobernador, Colin Martin-Reynolds, compartió la foto de su residencia teñida con la cruz de San Jorge y acompañó la publicación con las etiquetas "#Deporte", "#GranBretaña" y el inconfundible cántico "#RegresaACasa". Para coronar, el perfil institucional sumó la sigla "IYKYK" ("Si sabés, sabés", en inglés) junto al dibujo de una pelota. El posteo del Gobierno de las Islas en X Esta actitud sobradora dinamitó por completo los intentos por mantener el duelo de esta noche en el plano estrictamente deportivo. De hecho, el propio director técnico nacional, Lionel Scaloni, marcó en la previa que sería una "locura" mezclar el fútbol con la política. Sin embargo, la provocación institucional demostró que, para quienes administran el territorio tras el conflicto bélico de 1982, la burla hacia la Argentina es una carta que están dispuestos a jugar sin ningún tipo de tapujos.