El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ha pasado por el Congreso y el Senado esta semana, en dos comparecencias en las que ha sido objetivo de las preguntas de los legisladores. En la primera sesión de control en las dos Cámaras del nuevo presidente de la Fed, Warsh ha dejado un mensaje directo: su plan de reformar el banco central va muy en serio, con el objetivo último de dejar atrás "cinco años en los que la inflación ha estado por encima del objetivo del banco central", es decir, el 2%. Para ello, las cosas van a cambiar, y mucho; la revolución que plantea el nuevo presidente va más allá de reducir la comunicación de la Fed con los mercados, hasta el punto de que ha puesto en duda la fidelidad de los propios datos de inflación que se publican en Estados Unidos y defiende la idea de que "la inflación es una elección".El nuevo presidente de la Fed aparece como una rara avis en el universo de los banqueros centrales. Era de esperar que su perfil rompiese con la forma de actuar de la Fed en las últimas décadas, ya que Warsh dimitió en 2011 por estar frontalmente en contra de los planes de expansión monetaria del banco central por aquel entonces, en concreto, de los programas de compras de deuda que se adoptaron en aquellos años. Sin embargo, tras comparecer ante el Congreso y el Senado esta semana, ha dejado claro que su plan de reforma de la Fed va a ser intenso.