Actualizado Mi�rcoles,

julio

17:11Los esfuerzos legislativos en las �ltimas d�cadas han conseguido que la contaminaci�n atmosf�rica por las part�culas en suspensi�n generadas por la actividad humana en el transporte, la construcci�n y la industria disminuya en Europa. Un nuevo estudio, publicado este mi�rcoles en Nature alerta de una nueva fuente de contaminaci�n: las concentraciones de polvo des�rtico, que est�n aumentando de forma constante en gran parte de Europa, especialmente en el sur del continente.Para determinar con precisi�n el nivel de contaminaci�n por polvo des�rtico en las diferentes regiones europeas, investigadores del Instituto Paul Scherrer (PSI) en Suiza, en colaboraci�n con una red de cient�ficos de toda Europa, analizaron datos recogidos durante la �ltima d�cada en m�s de un centenar de estaciones de medici�n. Sus resultados reflejan una concentraci�n media de polvo del desierto de 5,3 microgramos por metro c�bico de aire en el sur de Europa, m�s del doble que en el centro y el norte, donde se registr� una media de 2,1 microgramos.La cantidad de polvo des�rtico ha aumentado en aproximadamente medio microgramo por metro c�bico durante este periodo en toda Europa. "Esto supone un incremento de la contaminaci�n por polvo des�rtico de entre el 10 % y el 25 %", afirma el director del proyecto, Kaspar D�llenbach, del Centro de Ciencias Energ�ticas y Medioambientales del PSI. "No es un dato insignificante, tanto por lo que influye a la eficiencia y la rentabilidad de las grandes instalaciones solares como en lo que se refiere a los efectos sobre la salud derivados del aumento de la contaminaci�n por part�culas en suspensi�n". En efecto, el polvo del desierto presente en el aire oscurece los paneles solares y se acumula en ellos, lo que reduce su producci�n de electricidad.El estudio apunta como posible causa a la creciente desecaci�n que sufre la regi�n del S�hara y sus efectos en todo el norte de �frica. Adem�s, los cambios en los patrones de circulaci�n atmosf�rica est�n provocando, entre otros fen�menos, que lleguen a Europa vientos cada vez m�s fuertes procedentes de esta regi�n. Aunque matiza que, si bien el n�mero de tormentas que nos traen polvo del desierto del S�hara y de Arabia no ha aumentado, �stas se han vuelto m�s intensas. "A�n no est� del todo claro en qu� medida el cambio clim�tico provocado por el ser humano ha contribuido a esta evoluci�n o si la est� intensificando a�n m�s", afirma D�llenbach. "Sin embargo, nuestros conocimientos actuales sugieren que el aumento del polvo del desierto se ve, como m�nimo, favorecido por las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano y el calentamiento global asociado. Esto da lugar a condiciones m�s secas y a la expansi�n de los desiertos".En cualquier caso, existe la preocupaci�n de que un aumento constante de las concentraciones de polvo del desierto socave los esfuerzos por reducir las emisiones de part�culas en suspensi�n provocadas por el ser humano. El sur de Europa se ve especialmente afectado por estas consecuencias: en particular Grecia, Italia, Espa�a, Portugal y Tambi�n el oeste de Francia. "Las masas de aire procedentes del S�hara suelen dirigirse hacia el Atl�ntico y luego giran de nuevo hacia el norte, en direcci�n a Europa occidental", explica el coautor Imad El Haddad, tambi�n investigador en el Centro de Ciencias Energ�ticas y Medioambientales del PSI.El polvo mineral del desierto es uno de los principales componentes de las part�culas en suspensi�n en el aire y puede ser perjudicial para la salud, entre otras cosas porque aumenta el riesgo de padecer ciertos problemas respiratorios. Aunque los investigadores se�alan la necesidad de estudios exhaustivos a largo plazo sobre problemas como la neumoconiosis, el asma y la bronquitis cr�nica. No obstante, subrayan tambi�n que el aumento inmediato de la mortalidad en los d�as con niveles elevados de polvo del desierto en el aire est� bien documentado.Red europeaPara su estudio los autores recabaron unas 18.500 mediciones diarias de metales presentes en el polvo (aluminio, titanio, silicio, calcio y hierro) en 103 emplazamientos rurales y urbanos de toda Europa y las utilizaron para desarrollar un modelo de aprendizaje autom�tico de las concentraciones diarias entre 2012 y 2021. Como indicador del polvo des�rtico, los investigadores utilizaron la concentraci�n de aluminio en las part�culas en suspensi�n, un elemento caracter�stico de las mol�culas de polvo procedentes de los desiertos.Otras part�culas, procedentes de las obras de construcci�n urbanas, por ejemplo, tienen un contenido muy elevado de calcio, mientras que las procedentes del tr�fico y de las emisiones dom�sticas contienen principalmente carbono procedente de la combusti�n del petr�leo. As�, mediante an�lisis qu�micos, los autores pudieron determinar con gran precisi�n el origen.En este estudio participaron m�s de 50 investigadores de toda Europa. Los cient�ficos del instituto suizo, se apoyaron en la red de investigaci�n paneuropea ACTRIS, en la que los investigadores especializados coordinan y comparten mediciones a largo plazo de aerosoles, nubes y gases. Los autores tambi�n quisieron buscar comparaciones sobre periodos m�s largo, aunque la recopilaci�n de datos pertinentes en la mayor�a de las estaciones de medici�n no tiene suficiente antig�edad. Para solventar este problema, recurrieron al an�lisis de los n�cleos de hielo del Colle Gnifetti, en los Alpes. Sus resultados indicaron que la deposici�n de polvo ha aumentado en torno a un 110 % desde la �poca preindustrial.De cara al futuro, los cient�ficos se�alan la importancia de establecer sistemas de alerta para concentraciones elevadas, similares a los que se utilizan para las part�culas en suspensi�n en las ciudades, de modo que las personas especialmente sensibles o con enfermedades pulmonares puedan tomar precauciones. En cuanto a las estrategias de mitigaci�n, a diferencia de las part�culas atribuibles directamente a la actividad humana, las emisiones de polvo del desierto no pueden reducirse mediante ninguna intervenci�n directa.No obstante, los autores sugieren que medidas integrales de protecci�n del clima destinadas a limitar el calentamiento global podr�an, a largo plazo, contribuir a frenar la desecaci�n de las zonas des�rticas y, por lo tanto, la expansi�n de estas fuentes de polvo des�rtico.