Empezaron como vehículos de transporte de materiales. Ahora, los robots terrestres evacuan heridos, defienden trincheras e incluso matan.Los batallones de robots terrestres —máquinas con orugas y ruedas que reparten suministros, transportan munición, evacuan a los heridos, colocan minas y, cada vez más, controlan el terreno— llevan a cabo ahora miles de misiones cada mes. Esto los ha convertido en una herramienta indispensable para los soldados de infantería ucranianos, que pasan meses de rotación en búnkeres subterráneos escondiéndose de los drones voladores.A la vanguardia, los vehículos terrestres no tripulados están haciendo lo que antes parecía estar a una generación de distancia: asaltar y capturar trincheras enemigas. En abril, el presidente Volodímir Zelenski dijo que las fuerzas ucranianas habían capturado una posición controlada por Rusia utilizando sólo drones terrestres y aéreos, sin poner en peligro directo a ni un solo soldado de su propio bando.Ucrania está adelantando a los ejércitos más avanzados del mundo, incluido el de Rusia, en el desarrollo de robots terrestres. Al frente de esta iniciativa no están los genios del software que hay detrás de los drones aéreos, sino soldadores y mecánicos cuyas creaciones al estilo MacGyver ayudan con el trabajo pesado de los soldados de infantería.Robots terrestres posicionan a Ucrania en defensa“Los drones se desarrollaron más rápido porque estaban en manos de gente de tecnología muy creativa —dijo Oleksii Honcharuk, exprimer ministro y presidente del consejo de administración de Uforce, una empresa que fabrica drones terrestres—. Los sistemas robóticos terrestres se usaban sobre todo en las unidades de infantería de primera línea, donde el trabajo es más duro y más práctico: se trata más bien de averiguar cómo atornillar las piezas para que funcionen”.Ucrania, un país en clara desventaja, ha recurrido a trucos cada vez más técnicos para mantenerse en la lucha. Los drones cuadricópteros baratos impresos en 3D ahora son más importantes que los fusiles en el frente. Los drones navales han obligado a la flota rusa del mar Negro a refugiarse en puerto. Los interceptores ucranianos han resultado tan eficaces que algunos se enviaron a Medio Oriente para ayudar a derribar a los atacantes iraníes.El combate terrestre, el ámbito que mejor conocemos los humanos, ha sido la última frontera. Lastrados por un terreno lleno de escombros y presa fácil para los drones que sobrevuelan la zona, los robots terrestres tardaron en imponerse. Su desarrollo tenía menor prioridad y recibía menos financiación que el de los drones aéreos, cuyos ágiles operadores deslumbraron al mundo militar.Los mecánicos y los soldados de infantería que veían una necesidad acuciante de robots defendieron su causa. Uno de los primeros fue el capitán Oleksandr Kharkovets, que ahora dirige el batallón de robots terrestres de la 93 Brigada Mecanizada.Antes de la invasión a gran escala de Rusia, el capitán Kharkovets regentaba un taller de electrónica automovilística. En 2023, mientras luchaba casa por casa entre las ruinas de Bajmut, se agachó detrás de un muro con su rifle y pensó: “Las máquinas pueden hacer esto”.Cuando llegaron las órdenes de retirada, dejó atrás a muchos compañeros caídos. Después, decidió poner en práctica sus habilidades como mecánico para que otros soldados, vivos o muertos, no fueran abandonados.Fijó un gancho y una ametralladora a un vehículo teledirigido para arrastrar a los caídos mientras proporcionaba fuego de cobertura. Más adelante, el vehículo se utilizó para recuperar un cadáver al que un equipo de fuerzas especiales llevaba una semana sin poder llegar. El capitán Kharkovets grabó la misión y preparó una presentación para convencer a sus mandos de que adoptaran el robot terrestre.