Meta HumanosCuando una sociedad pierde la convicción de que puede elegir libremente, la democracia comienza a vaciarse de contenido, aunque las instituciones sigan existiendo.

Elegir no es un acto que ocurre únicamente el día de una votación. Elegir también es expresar una opinión, participar en los asuntos públicos, cuestionar el poder y negarse a aceptar que otros decidan nuestro destino. Por eso, cuando comparto mi postura sobre lo que ocurre en la Universidad de San Carlos, siento que hago exactamente lo contrario de lo que buscan las acciones antidemocráticas: negarme a creer que mi voz no tiene valor o que el futuro ya está escrito por quienes concentran el poder.

Mi preocupación no se limita a una persona. Lo que rechazo es cualquier forma de actuar que debilite la democracia. En el caso de Walter Mazariegos, considero que la forma en que llegó y se ha mantenido en el cargo ha estado rodeada de hechos ampliamente cuestionados por distintos sectores de la comunidad universitaria y de la sociedad guatemalteca. Más allá de las resoluciones legales que han acompañado el proceso, existe una crisis de legitimidad que no puede ignorarse cuando una parte importante de la comunidad siente que su voluntad fue desplazada. Esa percepción erosiona la confianza en las instituciones y deja un mensaje peligroso: que el poder depende más de los privilegios políticos y económicos que de la voluntad de las personas. Ese es el mensaje que me niego a aceptar.