Noticia Exclusivo suscriptores Tras salir del Ministerio de Justicia, Cuervo explicó su renuncia, su buena relación con el presidente Petro y sus errores durante los cinco meses.Jorge Iván Cuervo, ministro de Justicia. Foto: Mauricio Moreno / EL TIEMPO.14.07.2026 15:01 Actualizado: 14.07.2026 15:01

Tras conocerse su salida del Ministerio de Justicia, Jorge Iván Cuervo habló sobre las razones detrás de su renuncia, las declaraciones que le costaron el cargo, su distancia con el Pacto Histórico y los errores que reconoce haber cometido en sus cinco meses al frente de la cartera.¿Qué es lo que no saben los colombianos sobre su salida del Ministerio de Justicia?Nada distinto a lo que ya se ha conocido en los medios. De hecho, ni yo tengo muy claras las razones, porque nunca me las explicaron. Entiendo que, a raíz de unas declaraciones que di en una emisora en la mañana y luego en un evento en la Universidad Externado, en el marco de un congreso de derecho, me llamaron de Presidencia y me dijeron que el presidente me pedía la renuncia. No pregunté las razones ni las he preguntado después. Respeto los fueros del presidente: tiene el derecho y la facultad de prescindir de sus ministros cuando lo desee, sin dar explicaciones. Lo que se ha dicho alrededor de mis declaraciones sobre paz son interpretaciones que se han hecho.Esas declaraciones fueron sobre el error de darle estatus político a la Segunda Marquetalia y, además, desde su llegada al Ministerio usted ya decía que se necesitaba un piso jurídico para cualquier proceso de paz. ¿Por qué esta vez sí pesó esa posición?Yo había manifestado varias veces, en público y sin ningún secreto, la falta de un marco jurídico que nunca se tramitó en el Congreso. Eso generaba mucha incertidumbre, sobre todo en las mesas de negociación para tramitar las desmovilizaciones.Esa misma posición, dicha ahora en un contexto de mayor crispación y sensibilidad, fue sobreinterpretada. Ya la había dicho antes en varias oportunidades, pero creo que después de las elecciones los ánimos se crisparon. Nunca he tenido un pronunciamiento oficial del gobierno sobre las razones de mi salida, y creo que eso ayudó a esa lectura. Es un contexto de cierre de gobierno, de haber perdido las elecciones, de incertidumbre sobre qué pasará con la paz cuando llegue el nuevo gobierno. Hoy mismo se conoció el anuncio del presidente (De la Espriella) de que va a acabar la Oficina del Alto Comisionado para la Paz. Es en ese contexto que la misma declaración que yo venía haciendo desde hace meses se volvió problemática para el gobierno, y el presidente —insisto, sin darme certeza sobre las razones— decidió pedirme la renuncia, lo cual está dentro de sus competencias.Jorge Iván Cuervo, fue el cuarto ministro de Justicia del Gobierno Petro. Foto:Fernando Ariza / EL TIEMPO.¿Se arrepiente de esas declaraciones o se mantiene firme en lo que dijo?Vistas en perspectiva, esas declaraciones nacieron de una pregunta sobre si la ‘paz total’ había fracasado. Yo no comparto esa afirmación tajante; creo que hay que mirarlo mesa por mesa, caso por caso. Por ejemplo, en el sur, en Nariño y Putumayo, hay avances importantes.Traté de responder que es muy fácil decir que la ‘paz total’ fracasó en bloque, que hay que evaluar cada proceso, y que los problemas de seguridad no son atribuibles directamente a la paz sino a cómo ha evolucionado el conflicto armado, que se ha vuelto mucho más complejo porque los grupos armados ahora buscan disputar el control social en los territorios. Nuestros modelos de negociación no han recogido ese cambio, aunque en algunas mesas —como las de Nariño y Putumayo— este gobierno sí estaba entendiendo esa transformación del conflicto.Al responder eso hice énfasis en el tema del marco jurídico, que es lo que le corresponde al Ministerio de Justicia, y quizás debí ser más claro en decir que yo defiendo la paz, que hubo avances importantes que el próximo gobierno debería mantener —como las zonas de ubicación temporal y un marco jurídico de desmovilización que el gobierno entrante ya anunció—, y que eso no se puede hacer en un mes, pero sí en un semestre. Terminó entendiéndose como si yo fuera un enemigo de la paz, cuando en realidad la acompañé todo el tiempo: hicimos las reuniones necesarias para el marco jurídico, visité varias de las mesas y salí a defenderla públicamente en momentos críticos, como en Itagüí. No es cierto que yo estuviera esperando agazapado el momento para dar una declaración que dinamitara el proceso. Y la falta de un marco jurídico no la pienso solo yo: la piensa la propia oficina del alto comisionado, la piensa el gobierno, la piensa el presidente. Incluso esta semana, el 20 de julio, el gobierno podría presentar ese marco jurídico.Guerra entre disidencias de 'Mordisco' y 'Calarcá'. Foto:Archivo¿Siente que el Ministerio de Justicia, o su cargo, perdió autonomía?Tuve una muy buena relación con Casa de Nariño y con el presidente. De hecho, hasta el viernes pasado estuvimos hablando en muy buenos términos sobre unos decretos pendientes de firma —extradiciones, entre otros cosas—. No me hizo ningún reproche; si hubiera querido, ese era el momento para decirme algo, y no lo hizo. Muchas de las conversaciones eran privadas o por chat. La última conversación que tuvimos le dije: 'Quiero agradecerle de nuevo la oportunidad de trabajar acá', y me contestó: 'Gracias a usted, ministro'. Esa fue la última frase que me dijo.Durante todo el periodo sentí el respaldo del gobierno, incluso cuando fuimos claros en temas como la Constituyente o la posición de que Colombia no debía salirse del sistema de medición de cultivos de Naciones Unidas (SIMCI), sino revisar su metodología.Usted incluso se desmarcó de la constituyente que impulsaba el presidente. ¿No hubo roces por eso?Siempre mantuve esa posición y al presidente nunca le molestó; de hecho me hacía bromas al respecto en los consejos de ministros, en tono jocoso. Nunca sentí que esas posiciones, que él conocía desde el principio, afectaran mi autonomía. Al contrario, sentí que me dio bastante margen para desarrollar la agenda técnica que me propuse, y así fue hasta este último incidente.¿Qué más hablaron ese viernes?Eran unos decretos por firmar —unas extradiciones, unas leyes— y yo quería que quedaran firmados antes de que él saliera. Me dijo: "Listo, ministro". Le agradecí la oportunidad de haber estado en el gobierno, de trabajar en los temas que me gustan, y él me respondió: "Gracias a usted, ministro". Todo en muy buenos términos; no se habló del tema de la salida. Por eso me siento tranquilo.¿Qué errores cree que tuvo como ministro?Llegué en un momento muy complejo, de cierre de gobierno, cuando ya se pierde capital político. El periodo electoral fue muy dramático y se convirtió en el foco de atención de casi todo; incluso mi presencia en las regiones, visitando casas de justicia —una de mis funciones favoritas— podía leerse como que el ministro estaba haciendo campaña. La ley de garantías también me afectó, porque no pude armar un equipo técnico y de confianza propio hasta el final; solo logré nombrar a cuatro personas de mi entera confianza.También le tocó buscar consensos en el Congreso para sacar adelante la ley de jurisdicción agraria, pero al final se hundió. ¿Qué pasó?Nos demoramos en construir los consensos necesarios. Los hicimos en la última semana, y cuando ya se iba a votar era demasiado tarde. Nunca había sido ministro ni había trabajado en el Congreso, que es un espacio muy exigente, con muchos intereses y visiones en juego, pero también con posibilidad de lograr cosas importantes si uno abre espacios de negociación a tiempo. Debí moverme más rápido, semanas antes de la última, para consolidar esos consensos alrededor de la jurisdicción agraria; eso habría facilitado la aprobación del artículo 9.¿Cómo fue su relación con el Pacto Histórico?Me trataron mejor en otras bancadas porque yo no hacía parte del proyecto (del Pacto Histórico). Agradezco al presidente haberme nombrado y darme la oportunidad. Me apoyó todo el tiempo con autonomía en la agenda y, al final, tuvimos este desencuentro que se tramita como en cualquier régimen político. Los ministros pierden espacio político por cualquier situación. La gente quiere hacer una drama pero esto hace parte de la política.Congresistas y ministros de Agricultura y Justicia radicaron el mensaje de insistencia. Foto:MinagriculturaUsted construyó su hoja de vida desde la academia. ¿Le jugó en contra el cambio de profesor a funcionario público?Los académicos, frente a un problema, decimos lo que pensamos y argumentamos en función de plantear soluciones, muchas veces sin medir el costo político de esas posturas. Si volviera al servicio público, eso sería algo a tener en cuenta: puedo tener una posición clara desde lo académico y desde mis convicciones, pero hay que ser más cuidadoso con el contexto en que se dicen las cosas, porque la palabra de un ministro tiene un peso simbólico especial y muchas veces se sobreinterpreta lo que uno dice, cuando la intención era solo enriquecer el debate público.En estos cinco meses le tocó atender el escándalo de la parranda vallenata organizada por capos en la cárcel de Itagüí. ¿Cuál fue la instrucción para manejar ese tema? ¿Hubo alguna injerencia?Trabajamos de la mano con la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, con la dirección del Inpec y, en algunos momentos, con el Ministerio del Interior. Fue un momento de mucha presión mediática y de algunos concejales de Medellín. Ahí aprendí algo que me sirvió el resto del periodo: recoger buena información, cruzarla con distintas fuentes y decidir sobre esa base.La primera propuesta fue trasladar a todos los implicados de la cárcel de Itagüí; el propio presidente lo sugirió en un consejo de ministros en Pasto. Pero al recoger más información, junto con la oficina del alto comisionado y la mesa de paz de Itagüí, concluimos que no todos eran responsables de organizar y pagar la fiesta. Se identificó al responsable principal y finalmente solo se trasladó a una persona. Si hubiéramos tomado una decisión apresurada, solo para cuidar la imagen del gobierno, creo que nos habríamos equivocado.Cárcel de Itagui Foto:Archivo¿Hubo injerencia o presión de la senadora Isabel Zuleta?Ella era una de las personas con las que conversábamos, y expresó su punto de vista sobre las consecuencias de trasladar a todos: decía que conocía la mesa y que un traslado masivo la afectaría mucho. Ese argumento se tuvo en cuenta en la decisión final, pero siempre lo hizo desde su rol como líder de esa mesa. Nunca lo entendí como una presión o una injerencia indebida.Otra de sus declaraciones polémicas durante las elecciones fue sobre los notarios. ¿Se mantiene en que se le debería quitar esa facultad al presidente?Las notarías son un instrumento técnico importante y deberían asignarse con criterio técnico, a través de un cuerpo también técnico. Lo ideal es que exista una carrera notarial, como ocurre en la justicia, con un concurso de por medio: quien cumpla los requisitos de idoneidad queda en una lista de elegibles, y a partir de ahí casi no importa quién haga el nombramiento formal —puede ser el Ministerio de Justicia o el presidente—, porque ya se filtró por criterios objetivos. El problema es que hoy hay vacíos en ese concurso y muchas notarías vacantes —por vacaciones, por retiro forzoso de los notarios— que terminan proveyéndolos en provisionalidad o interinidad. Ahí aparece la discrecionalidad que cada cuatro años genera la misma discusión política sobre a quién favorece el gobierno de turno. Resolver eso nos quitaría un problema recurrente.Ministerio de Justicia. Foto:Archivo Particular¿Qué propondría para mejorar el Ministerio?Hemos puesto el foco en los indicadores más visibles de violencia, y eso hay que mantenerlo, pero hemos descuidado la conflictividad social cotidiana, esos delitos que se conocen como "de intolerancia". No se puede hablar de política de seguridad sin una política de justicia y de acceso a la justicia, sobre todo para quienes no pueden pagar un abogado. No va a mejorar la seguridad en ciudades y municipios si no atendemos también eso, en medio del conflicto armado y del microtráfico. Es una de las tareas pendientes que deja este Ministerio, y por eso celebro que —según lo que me dijo el próximo ministro— no esté en su agenda cerrar la cartera y fusionarla con un viceministerio del Interior.¿Qué hará ahora?Vuelvo a la academia. Ya tengo una invitación para dar una clase el jueves, con un profesor de la Universidad de Los Andes, Pablo Sanabria. El miércoles retomo mi clase en la maestría de Gobierno y Políticas Públicas, en la materia de teoría de políticas públicas, y la próxima semana empiezo mi curso de pregrado en la Universidad Externado.Me gustaría también trabajar con organizaciones de justicia, como el Centro de Justicia de las Américas, en la creación de un observatorio de reformas a la justicia en América Latina, y en investigaciones o consultorías sobre acceso a la justicia. Colombia acaba de suscribir la Convención Iberoamericana para el Acceso a la Justicia, junto con los ministros de justicia de toda la región, más España y Portugal; ya está en trámite en Cancillería para incorporarse al ordenamiento interno. Ahí hay elementos valiosos, como las reglas de Brasilia para personas en condición de vulnerabilidad. Hace falta reducir las barreras de acceso a la justicia —geográficas, de discapacidad, y también la congestión judicial, que termina siendo en sí misma una barrera: si un proceso se demora ocho años, la gente prefiere no iniciarlo. Por eso era tan importante la jurisdicción agraria: un campesino no va a ir hasta la cabecera municipal a resolver un conflicto de tierras en un juzgado civil; esos conflictos hay que resolverlos en su propio contexto.Cuando decimos que la debilidad del Estado es una de las causas de la persistencia del conflicto armado, esa debilidad también se expresa en la falta de mecanismos de justicia diferenciados según el territorio: no es lo mismo una gran ciudad que un municipio pequeño o una zona rural dispersa. Necesitamos jueces itinerantes, justicia de proximidad. Si llega el posconflicto y no llegamos con mecanismos de justicia para que la gente resuelva sus conflictos, esa violencia puede reciclarse en nuevas formas de violencia.De todo mi paso por el Ministerio, lo que más me quedó fue eso: haber podido ir a las regiones y aprender de primera mano. En mi cuenta de X dejé fijada la imagen con la que me quedo de este cargo: una foto que tomé yo mismo de una señora mayor, campesina, de escasos recursos, esperando afuera de la casa de justicia de Neiva, con mucho calor, para que le resolvieran un problema familiar. Pensé: ¿cómo es posible que no le estemos ofreciendo a esa mujer, y a todo lo que representa, algo tan básico como una sala de espera digna mientras resolvemos su conflicto? Esa imagen resume para mí el paso por el Ministerio de Justicia.Un balance final: ¿qué le faltó a este gobierno en materia de justicia?Le propuse al presidente una reunión con los magistrados de las altas cortes y la presidenta del Consejo Superior de la Judicatura; me dijo que sí, que la hiciéramos, pero ya no voy a estar para gestionarla. Creo que una mejor relación entre el gobierno y las altas cortes habría sido positiva para la armonía institucional. El viernes hablé para agradecerles a los presidentes de las cortes con quienes trabajé, y coincidieron en algo parecido: que mi presencia fue "refrescante", que tuvieron un interlocutor respetuoso con quien se pudo trabajar. El propio presidente de la Corte Suprema lo dijo en una entrevista reciente: la relación con el gobierno "no fue la deseable". Yo se lo advertí al presidente desde mi primera reunión con él: le dije que necesitaba tener buena relación con las cortes, y me respondió que no había problema, que desarrollara mi agenda, pero que él diría lo que no le gustara. Nunca sentí que eso afectara mi autonomía, pero sí creo que con mayor armonía institucional el balance en justicia habría sido distinto.El balance sobre seguridad no le corresponde al ministro de Justicia, sino al de Defensa. Lo que sí puedo decir es que nos falta ocuparnos de esa conflictividad social cotidiana que no le compete a las grandes instituciones de seguridad, y ahí el Ministerio de Justicia tiene mucho que aportar.Juan Diego TorresDielas@eltiempo.com Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.