Decir “lo siento” no es suficiente. Al menos no para todas las personas. Mantener un vínculo afectivo se complica cuando hay malentendidos. A veces las conexiones no se rompen por falta de amor o empatía, sino por falta de herramientas para solucionar los conflictos. Y es que todos tenemos necesidades diferentes; para algunos basta con recibir un “perdón” y otros prefieren las acciones antes que las palabras. Un gesto como el de John Cusack en la película Digan lo que digan (Say Anything, en versión original), cuando sostiene un radiocasete frente a la ventana de su amada para reproducir una canción y, sin decir nada, recuperar la conexión entre los dos. Para identificarlas, el pastor y consejero matrimonial estadounidense Gary Chapman propuso los cinco lenguajes del perdón: expresar arrepentimiento (“lo siento”), aceptar la responsabilidad, restituir, cambiar de comportamiento y pedir perdón (“¿me perdonas?”). Un modelo que “la gente toma como horóscopos. Como: ‘esa es mi personalidad, eso es lo que yo soy y es lo que hay’, cuando son una herramienta para conocer qué me sirve y qué no me sirve”, aconseja el psicoterapeuta especialista en relaciones éticas y creador de la red de apoyo Gotitas de Poliamor Jaime Gama. El especialista consultado por EL PAÍS revisita esta guía publicada en 2006 y le da su propio enfoque: habla de la reparación antes que el perdón. La diferencia está en que el primero busca volver a reconectar y el segundo “me pone en un lugar moralmente superior”, explica. “Moralmente y socialmente tengo el derecho de castigarle, de hacerle sufrir y hasta buscar hacerle daño intencionalmente”, añade. Esta búsqueda de venganza, en realidad, es “un grito desesperado de empatía” que “rara vez funciona porque a veces a la otra persona ni siquiera le duele lo que me duele a mí”, cuenta.Los lenguajes de reparación entonces buscan recuperar la conexión después de un conflicto. Y para ello el psicoterapeuta considera que se necesitan dos cosas esenciales: empatía, compasión y buena fe; y preguntarse: “¿Creo que la otra persona hizo esto con el afán y la intención de hacerme daño?”. Si la respuesta es sí, es mejor poner un límite, considera. Y si la respuesta es no, “el daño sigue, la responsabilidad sigue y sí puede haber reparación”.A partir de esa reflexión, uno puede comenzar el proceso para identificar qué lenguaje o lenguajes pueden ayudar en el proceso. Y el experto lo ejemplifica a través de una historia. Él salía con una persona y esta le regaló una caja con chocolates. Gama decidió que se comería uno por día hasta volverle a ver. Un día regresó a casa y los chocolates ya no estaban; se los había comido la pareja de su pareja. “ [El responsable] me llama por teléfono y me dice: ‘Perdón, ya te he pedido dos cajas de chocolates de la misma marca’. Y le dije: ‘Yo no los quiero porque no son chocolates los que se perdieron, son los chocolates que me regaló mi pareja’. Y me contestó: ‘¿Qué puedo hacer para restituir lo que me comí?’. Yo entendí que no lo hizo con intención de hacerme daño y ese es el primer paso para la reparación".El tercer lenguaje (restituir) desde un inicio estaba fuera de la ecuación para resolver el conflicto, porque para Gama era imposible que le regresara los mismos chocolates que le regaló su pareja. Y el primer lenguaje (expresar arrepentimiento: decir “lo siento”) no lo necesitaba tampoco. En cambio, el segundo (aceptar la responsabilidad) sí. “Me dijo: ‘Sí me comí chocolates que no eran míos, que te dieron a ti, y entiendo que te sientas triste e incómodo’. Eso a mí me repara mucho, porque al sentir que la otra persona entiende el valor que tenía lo que se rompió, me ayuda a confiar en que lo va a cuidar la siguiente vez”, cuenta. “Cualquier cosa que invalide cómo me siento, no me va a llevar la conexión con otra persona y no funciona la reparación”.Según el cuarto lenguaje de Gary Chapman (cambiar de comportamiento), en este caso sería que la persona que se comió los chocolates le indicara a Gama qué acciones va a hacer para que no se repita. Y el quinto (pedir perdón) equivaldría a ofrecer una disculpa: “¿Me perdonas?”.Uno de los errores más comunes en este proceso, cuenta el especialista, es querer ganar. “Si uno gana, la relación pierde”, asegura. “Es difícil poder mantener ambos puntos de vista y escuchar a la otra persona desde su dolor”, explica. “Lo que entonces sucede es que ambas personas intentan conectar desde su realidad y, entre más intentan conectar desde su realidad, más niegan cómo se siente la otra persona y, por lo tanto, esta intenta convencerlos más y más y más y explota”. Y para evitarlo, lo primero es no confundir comprensión con justificación, asegura. “Si yo digo: ‘Entiendo por qué lo hiciste’ parece que viene acompañado de ‘entonces no me debería doler y no tienes que hacer nada’. Cuando en realidad el mensaje es: ‘Entiendo que no quisiste hacerme daño porque no eres un villano. Pero el daño está hecho y quiero reparación”. Y por otra parte, la persona que hace el daño es importante que comprenda: “Entiendo tu dolor y sé que no soy un villano malvado”.Aun con estas herramientas, uno no siempre se siente bien instantáneamente después de una disculpa. En esa situación, el siguiente paso sería trasladar el mensaje de: “Gracias por darme esto que te pedí, pero necesito otra cosa”. Otro aspecto importante es entender la diferencia entre una situación que duele y otra que incomoda. “Si me está doliendo, necesitamos poner un límite. Si me incomoda, podemos explorar”, asegura el experto en relaciones éticas monógamas y poliamorosas. Y hace un énfasis en el reparto de las responsabilidades: “El hecho de que tu dolor sea tu responsabilidad no quiere decir que yo no tenga ninguna responsabilidad. No es un juego de suma cero. Tú eres responsable de tu dolor y yo soy responsable de cómo contribuyo a tu dolor”. Es como cuando vas caminando con alguien y esta persona te pisa el pie, ejemplifica. A quien le duele el pie puede hacer varias cosas: tomar un analgésico, ir al doctor o poner un límite, no volver a caminar con la persona otra vez. Y el que hizo el daño tiene las siguientes opciones: pedir una disculpa, llevarlo al doctor, caminar a una distancia más lejana o decidir no caminar más al lado de la persona.En los conflictos no hay que olvidar que existen los errores y la torpeza humana y para ello Gama ejemplifica con una anécdota de un comediante estadounidense, quien contó en un show que un día le tocaba poner el lavavajillas. Cuando su esposa le reclamó por qué no lo hizo, este contestó que simplemente se le olvidó: “Mi esposa me dice: ‘¿Cómo que se te olvidó?’. Y yo pienso: bueno, es que ‘se me olvidó’ es la mejor opción disponible. Cualquier otra alternativa me convierte en un psicópata. ¿Qué se supone que debo decirle? ‘Sí, lo vi ahí lleno, pero decidí no ponerlo porque quería que tuviéramos una discusión a las ocho de la noche y arruinar nuestro matrimonio’ No. ¡Simplemente se me olvidó!”. “A veces solo somos estúpidos o distraídos”, dice el psicoterapeuta.