La pérdida de puestos de trabajo registrados en el sector privado argentino no se tradujo en una reconfiguración hacia mejores oportunidades de inserción laboral. Muy por el contrario, la reconversión productiva en curso está forzando a una porción cada vez más significativa de la sociedad hacia esquemas de supervivencia caracterizados por la desprotección y la inestabilidad.
De acuerdo con el último monitor sociolaboral publicado por el Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo (CETYD) de la Escuela IDAES de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), correspondiente a julio de 2026, la destrucción de la dotación formal registrada en el país fue compensada únicamente por el crecimiento de ocupaciones informales, tanto asalariadas como independientes. Como consecuencia directa de este reajuste, la tasa de informalidad laboral nacional escaló hasta ubicarse en el 44,2% durante el primer trimestre de 2026.
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El informe detalla que este desplazamiento se enmarca en una necesidad de los grupos familiares por fortalecer sus presupuestos frente a la licuación de ingresos. Como resultado, la tasa de actividad de la población se mantiene en picos históricos, alcanzando un 48,6%.








