OpiniónLa oposición puede tener todos los reparos con el nuevo partido de gobierno, pero desconocer su elección rompe con todas las prácticas democráticas.CONSULTOR EN COMUNICACIONES Y POLÍTICAS PÚBLICAS13.07.2026 23:15 Actualizado: 14.07.2026 00:01 A un verdadero demócrata se le conoce, sobre todo, en tiempos de derrota. Desde gestos como el reconocimiento incondicional de los resultados, el respaldo al sistema electoral y el espaldarazo a quien recibe el poder –más allá de todas las diferencias políticas–, los estadistas más recordados de la historia han dado verdadero ejemplo de altura después de perder una elección.En Colombia ha ocurrido todo lo contrario luego de la segunda vuelta presidencial. El presidente Gustavo Petro ha mantenido la tesis infundada de un posible fraude en contra de su partido, desconoció el preconteo, destinó todas sus esperanzas al escrutinio que al final reiteró el resultado del preconteo, e incluso insinuó en uno de sus enredados trinos que las elecciones debían repetirse. A estas alturas, dos semanas después de la segunda vuelta, el mandatario no ha reconocido con claridad y sin ambigüedades que Abelardo de la Espriella es el presidente electo.Es muy fácil posar de demócrata cuando se gana en las urnas. Petro lleva cuatro años hablando de “el pueblo” como fuente de toda la legitimidad de sus iniciativas, aún de las más cuestionadas y divisivas, pero ahora desconoce la decisión que esa misma ciudadanía tomó de forma mayoritaria. Al mismo tiempo, su candidato Iván Cepeda ha anunciado de manera repentina que no reconocerá la elección de De la Espriella y ha puesto sobre la mesa una larga lista de requisitos para aceptarlo como presidente. La oposición puede plantear todos los reparos y diferencias con el nuevo partido de gobierno, pero desconocer su elección rompe con todas las prácticas democráticas de nuestra república.A lo largo de la campaña presidencial, desde las orillas del petrismo –y desde varios puertos del denominado ‘centro’– nos repitieron que Cepeda era distinto a Petro, pero en los momentos más críticos de las semanas recientes ha demostrado que sigue con obediencia la línea del Presidente. Queda más que claro con el llamado a desconocer el triunfo de De la Espriella que lo que Petro grita con la bandera de la guerra a muerte de Bolívar en su mano es lo mismo que Cepeda dice con su tono pausado y su retórica de filósofo. Ese estilo de discurso, que tantas veces pasó como moderado durante la campaña, no puede engañar a los colombianos: a pesar de la aparente serenidad de sus palabras, Cepeda dijo lo mismo que hace poco prometió una joven dirigente del petrismo: le advirtió a De la Espriella que le van a hacer “invivible” el país.Es inmenso el daño que hace el excandidato Cepeda al poner condiciones para reconocer a un presidente electo por una mayoría ciudadana, como si de la oposición dependiera certificar la legitimidad de un triunfo en las urnas. Las decisiones democráticas deben ser reconocidas a pesar de las diferencias políticas e ideológicas propias del debate, y la historia de nuestro país tiene decenas de ejemplos de momentos en que presidentes salientes ofrecieron todas las condiciones de reconocimiento a opositores suyos que ingresaban como nuevos gobiernos. ¿Se imaginan ustedes que el expresidente Santos no hubiera reconocido a Duque como gobernante legítimo, o que Duque no hubiera aceptado la elección de Petro, únicamente por cuenta de sus diferencias políticas?Los resultados de las elecciones deben ser reconocidos sin chantajes ni condiciones, y de esa premisa depende la estabilidad de cualquier democraciaLos resultados de las elecciones deben ser reconocidos sin chantajes ni condiciones, y de esa premisa depende la estabilidad de cualquier democracia. En el momento en que un dirigente decide poner en duda las reglas o su cumplimiento, comienza a tambalear el futuro de esa democracia. Las condiciones de la segunda vuelta colombiana fueron transparentes y el resultado fue legítimo, y así lo certificaron decenas de países garantes, misiones de observación y cientos de miles de testigos electorales de las dos campañas. Las diferencias políticas deben ser tramitadas en el debate y no desde el desconocimiento del resultado, y la decisión del gobierno saliente de tomar el segundo camino es una irresponsabilidad que los colombianos no podemos olvidar.Petro y Cepeda han demostrado ser malos perdedores y malos demócratas. Pero si bien es indignante y enciende todas las alarmas esta forma incendiaria y lejana de los valores constitucionales, nada de lo que anuncian es una sorpresa. Durante años, su principal causa política ha sido la convocatoria de una asamblea constituyente que, de manera abierta, busca rediseñar las normas de nuestra república al antojo y conveniencia de su proyecto político. Nadie debería esperar que esos dos dirigentes tengan la intención de proteger la integridad ni la puesta en práctica de una constitución que han prometido desmontar.FERNANDO POSADAcontacto@fernandoposada.com Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. 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Petro, Cepeda y una etiqueta de demócratas que les quedó grande
La oposición puede tener todos los reparos con el nuevo partido de gobierno, pero desconocer su elección rompe con todas las prácticas democráticas.












