En menos de seis meses, el nombre de una oscura firma de inteligencia privada, Black Cube, ha salpicado al menos cuatro escándalos de alto perfil. Todos ellos, centrados de una manera u otra en Europa. El pasado octubre, una serie de documentos judiciales reveló pagos de hasta 1,8 millones de libras en un caso de espionaje corporativo entre dos de las mayores empresas de juegos de azar en Europa. Apenas un mes después, un juez del alto tribunal de Londres identificó formalmente a Black Cube como protagonista de una operación encubierta contra uno de los letrados en un litigio por más de 400 millones de dólares en una criptoestafa. Este enero, el gobierno chipriota se veía sacudido por la dimisión de un importante asesor sénior del presidente Nikos Christodoulides, tras la publicación de un comprometedor vídeo grabado de forma encubierta por agentes de Black Cube. Y en el que es probablemente el mayor escándalo hasta la fecha, en marzo de este año el ex primer ministro esloveno, el liberal Robert Golob, denunció la injerencia de la agencia israelí apenas tres días antes de las reñidas elecciones que, finalmente, acabaron dando el gobierno al ultraderechista (admirador del trumpismo MAGA y abiertamente proisraelí) Janez Janša. Golob declaró la participación de Black Cube como “una amenaza híbrida contra la Unión Europea”. El hilo negro que une todas estas operaciones es Black Cube, una empresa de inteligencia privada con importantes lazos con Israel y oficinas en Tel Aviv, Singapur, Londres y Madrid. Fundado en 2011 por Dan Zorella y Avi Yanus, ambos exoficiales de inteligencia israelí y veteranos del Ejército hebreo, como la mayoría de sus empleados. Entre sus asesores figura el general de división retirado Giora Eiland, exjefe del Consejo de Seguridad Nacional de Israel. Los métodos de la empresa, a menudo basados en inteligencia humana, operaciones y grabaciones encubiertas (stings), identidades falsas, empresas pantalla y trampas disfrazadas de proverbiales ofertas que nadie podría rechazar han sido objeto ya de escrutinio, especialmente a raíz del caso del magnate de Hollywood y delincuente sexual convicto Harvey Weinstein, uno de sus clientes. Espías de la agencia como Stella Penn, entrevistada por , se acercaron a sus víctimas en busca de un complot para desestimar las alegaciones contra Weinstein. Tras destaparse el escándalo, la firma afirmó públicamente que no volvería a aceptar casos que involucren acoso sexual… y, a tenor de la última oleada de operaciones descubiertas, no lo necesitan para seguir ampliando el negocio. TE PUEDE INTERESAR El altísimo número de casos en los que se ha detectado la participación de Black Cube en apenas los últimos seis meses demuestra una tendencia clara en Europa, donde la firma ha ampliado sus operaciones, según confirman tanto documentos empresariales como fuentes de la propia agencia a El Confidencial. El número de operaciones actuales o su ampliación es difícil de cuantificar totalmente, ya que una parte indeterminada del negocio de Black Cube está basado en Tel Aviv, donde la ley israelí no obliga a la empresa a hacer públicas sus cuentas. Sin embargo, sí son accesibles sus informes públicos en Londres, donde están registrados como sociedad limitada. En España nunca llegaron a presentar cuentas ante el Registro Mercantil por su oficina en Madrid. Desde 2018, cuando apenas contaban con 17 empleados, la firma ha tenido un crecimiento exponencial, y desde los 25 millones de libras que ingresaba en 2023 ha pasado a 33 en 2025, subiendo de 28 a 32 empleados solo en Londres. Desde la empresa admiten un crecimiento “sostenido” de entre el 7% y el 10% anual, que el año pasado (no incluido todavía en las cuentas públicas) fue “masivo”, de casi el 25%. El crecimiento claro en los ingresos y personal contratado (del que solo conocemos una pequeña parte) puede implicar una ampliación del número de operaciones en Europa, pero también que las operaciones son más complejas. Aunque el grueso de las operaciones (al menos, de las que se ha tenido constancia pública) siguen siendo de lo que en el mundo de la inteligencia se conoce como “baja tecnología” (acercarse a personas, hacer preguntas, obtener declaraciones comprometedoras que luego se graban subrepticiamente, vs. hackeos o ciberespionaje), éstas habrían aumentado de nivel con engaños más sofisticados, incluido –en un ejemplo llamativo que se filtró en 2024– crear todo un viñedo, bodega y empresas falsos para congraciarse con un investigado al que le gusta el vino. TE PUEDE INTERESAR Pero quizá más interesante es el cambio en el modelo de negocio que se estaría produciendo en el mundo de la inteligencia privada: algunos de los millonarios clientes estarían pasando de contratar proyectos individuales a una suerte de cuota fija o “retainer” para utilizar los servicios de Black Cube en distintos conflictos, ya sean de espionaje empresarial a procesos electorales, dos de sus casos más calientes ahora mismo. El “fraude perfecto” El primero es el ‘caso Salinas’, un litigio que se dirime ante la High Court de Londres y en el que confluyen un presunto fraude de unos 400 millones de dólares, identidades falsas, sociedades pantalla, espionaje corporativo y una agresiva batalla por controlar la información sometida al tribunal. El demandante es Ricardo Salinas Pliego, presidente de Grupo Salinas y uno de los hombres más ricos de México. En 2021, el empresario buscaba liquidez para realizar una apuesta de 400 millones de dólares en bitcoin. Para obtenerla, decidió recurrir a un préstamo lombardo, una operación financiera en la que el prestatario entrega acciones como garantía del crédito. TE PUEDE INTERESAR Según la demanda, Salinas empeñó títulos valorados entonces en unos 416 millones de dólares a cambio de un préstamo de 150 millones, con un interés extraordinariamente bajo, del 1,15%. Al frente de la operación de prestamistas se encontraba Astor Asset Management 3, una sociedad presentada ante el equipo de Salinas como una firma respaldada por grandes fortunas internacionales y vinculada, incluso, al prestigio histórico de los hoteles Waldorf Astoria. Pero detrás de toda esa fachada, una estructura en realidad compuesta de nombres e identidades inventadas, estaba Val Sklarov, un estafador reincidente con antecedentes por fraude y varias órdenes de arresto. Otro de los interlocutores, Alexei Skachkov, utilizaba el nombre de Thomas Astor-Mellon y afirmaba descender de la familia Astor. En una de las videollamadas con los representantes de Salinas llegó a aparecer desde un yate, una puesta en escena destinada a reforzar la imagen de riqueza, respetabilidad y conexiones financieras que rodeaba a la supuesta firma de inversión. En realidad, según la documentación aportada al proceso, se trataba de un ciudadano de origen ruso con antecedentes por robo y falsificación. Salinas ha definido la operación como un “fraude perfecto”. El supuesto engaño incluía un contrato que permitía al prestamista declarar un incumplimiento ante variaciones relativamente pequeñas en el precio de las acciones y obligaba a resolver las disputas mediante un arbitraje privado en las Islas Caimán. TE PUEDE INTERESAR Pero el núcleo de la acusación es lo que ocurrió con las acciones entregadas como garantía. En lugar de mantenerlas bajo custodia, como esperaba Salinas, los demandados habrían comenzado a venderlas de forma casi diaria desde 2021, utilizando para ello varias entidades relacionadas. Un informe forense calculó que la venta de los títulos generó alrededor de 420 millones de dólares. De esa cantidad, solo unos 104 millones se habrían destinado efectivamente a financiar el préstamo concedido al empresario mexicano. En la práctica, según la tesis de la acusación, los supuestos prestamistas habrían vendido los activos de Salinas para prestarle después una parte de su propio dinero, quedándose con el resto. Es en ese punto donde Black Cube entra en la historia. Contratada por Salinas para obtener información y pruebas contra Astor y sus responsables, la agencia diseñó una operación encubierta que incluyó a uno de los abogados más jóvenes de su equipo legal, identificado en las resoluciones judiciales —obtenidas por El Confidencial— únicamente como “X”. TE PUEDE INTERESAR Los agentes organizaron una cena en la que se consumió abundante alcohol y grabaron subrepticiamente la conversación. El abogado, aparentemente interesado en impresionar a quienes creía posibles clientes, terminó revelando información confidencial y muy detallada sobre la estrategia procesal de Astor y las debilidades de la posición de sus representados. La maniobra abrió un segundo frente dentro del propio litigio. Ya no se discutía únicamente si Salinas había sido víctima de un fraude multimillonario, sino también si podía beneficiarse ante el tribunal de información obtenida mediante “una trampa” contra un abogado de la parte contraria. El juez concluyó que, a efectos del proceso, no existía nada ilegal en la manera en que Black Cube había obtenido las declaraciones, aunque catalogó el hecho de utilizar a la firma de espionaje como “poco ético” y una “ofensa a la justicia” por parte de Salinas. TE PUEDE INTERESAR Opinión El tribunal deberá decidir ahora si resulta aplicable el llamado principio de iniquidad, una excepción que permite levantar el secreto profesional cuando las comunicaciones entre abogado y cliente se utilizan para facilitar un fraude o una conducta ilícita. El material obtenido por Black Cube es tan amplio que el juez ha ordenado una audiencia específica, de entre dos y tres días, para examinarlo y determinar qué partes pueden incorporarse al procedimiento. Tendrá lugar el próximo noviembre.