La imagen más comentada de la última reunión del G-7 fue la del almuerzo que reunió a los líderes de los países participantes con algunos de los nombres más influyentes de las empresas de inteligencia artificial. La fotografía parecía decirnos que el futuro se decide en los laboratorios que desarrollan los grandes modelos de IA (GPT, Claude, Mistral, Gemini), cuyos propietarios eran los invitados al encuentro. Y esto es cierto. Pero es solo una parte de la historia.Porque los modelos de IA no viven en la nube. Viven sobre grandes infraestructuras físicas que crecen a una velocidad sin precedentes en todo el planeta y en parte del exterior. Necesitan los chips más avanzados, miles de centros de procesamiento de datos, una enorme cantidad de energía y redes de telecomunicaciones capaces de transportar torrentes inmensos de información en milisegundos. Sin chips, sin centros de datos y sin electricidad, no hay modelos. Sin redes de comunicaciones, la IA, simplemente, no llega al ciudadano. Ludovic Marin / Afp / via GettyY cada uno de estos ámbitos tiene su carrera global: quién puede fabricar los mejores chips para la IA, dónde se realizarán los cálculos que necesitan los modelos, qué energía los moverá. Los gobiernos ofrecen suelo, facilidades administrativas e incentivos, porque saben que los centros de datos serán una infraestructura tan estratégica como lo fueron las autopistas o los puertos. Pero se habla poco de la carrera en el espacio.En la reunión no estaban ni los motores que hacen posible la IA, ni las tuberías por las que pasaMientras el debate público sigue centrado en ChatGPT, Gemini o Claude, grandes tecnológicas invierten cientos de miles de millones en construir sus propias infraestructuras de comunicaciones basadas en grandes constelaciones de satélites. Estas redes quieren incorporar pequeños centros de cálculo en el espacio y enlaces láser entre los satélites y los grandes centros de datos. Avanzan hacia un objetivo muy ambicioso: poder conectar la IA a los aparatos que utilizan los ciudadanos (móviles, ordenadores...). Directamente, sin tener la necesidad imperiosa de pasar por las compañías de telecomunicaciones clásicas. Es una nueva forma de soberanía tecnológica privada.Y ahí es donde la fotografía del G-7 se queda corta. El almuerzo reunía a algunos de los hombres que hoy construyen los grandes cerebros artificiales. Pero no había quienes controlan los chips, los centros de datos, la energía y las comunicaciones. Es decir, no había ni los motores que hacen posible la IA, ni las tuberías por las que pasa. Y quien domine estas redes tendrá la llave de paso.Y había todavía un último detalle en esa imagen. Costaba mucho encontrar a una mujer.
La llave de paso de la IA, por Gemma Ribas Maspoch
La imagen más comentada de la última reunión del G-7 fue la del almuerzo que reunió a los líderes de los países participantes con algunos de los nombres más influyentes de las empresas de inteligencia artificial. La fotografía parecía decirnos que el futuro se decide en los...








