Desde las redes sociales y los videojuegos en línea hasta los sistemas de IA generativa, los entornos digitales son factores determinantes de la salud de las personas. Esto es especialmente válido en el caso de los niños y de los jóvenes. En todo el mundo, la infancia está siendo reprogramada por las tecnologías digitales, que determinan la forma en que los jóvenes aprenden, juegan y se relacionan.

Nuestra tarea no consiste en alabar ni condenar la tecnología, sino en afrontar una simple verdad: nuestro entorno digital no solo promete beneficios de gran alcance, sino que también plantea graves riesgos para la salud y el desarrollo de los niños. Nuestra responsabilidad es maximizar esos beneficios y prevenir los riesgos. No es demasiado tarde para actuar, pero sí lo es para limitarnos a ajustes meramente incrementales.

Las herramientas digitales pueden ampliar las oportunidades al facilitar el aprendizaje, la comunicación y el acceso a servicios sanitarios, especialmente en el caso de los niños que viven en zonas remotas o afectadas por crisis. Para muchos jóvenes, los espacios en línea también ofrecen creatividad, comunidad y sentido de pertenencia, sobre todo para aquellos que enfrentan la exclusión en el mundo real.