La muerte de Ramiro Agulla significó la desaparición de uno de los creativos que más transformaron la manera de hacer publicidad en la Argentina. El publicista falleció el 9 de julio pasado, a los 62 años, luego de permanecer internado durante varios días. Su salud venía deteriorándose desde hacía tiempo como consecuencia de una enfermedad cardíaca. En 2023 había contado públicamente que había sido sometido a una compleja intervención para reemplazar una válvula cardíaca por una prótesis biológica, episodio que, fiel a su estilo, relató con humor al afirmar que ahora llevaba "una válvula de chancho".
La noticia de su muerte provocó una inmediata reacción en el mundo empresario, político, artístico y publicitario, donde colegas de distintas generaciones coincidieron en señalar que desaparecía uno de los hombres que había cambiado definitivamente la comunicación comercial en el país. Nacido en Río Gallegos en 1964, pasó su infancia y adolescencia en Buenos Aires. Su historia personal estuvo atravesada por un episodio que marcaría toda su vida. Su padre, Horacio Agulla, periodista y director de la revista Confirmado, fue asesinado en 1978 en circunstancias que la familia siempre vinculó al terrorismo de Estado. Ramiro tenía apenas catorce años.











