Ramiro Agulla falleció este jueves, un 9 de julio, a los 65 años, luego de que una neumonía complicara su internación en un sanatorio porteño. La noticia recorrió la industria publicitaria y política argentina en minutos, porque pocos nombres atravesaron ambos mundos con la naturalidad con la que lo hizo él. Fue su histórico socio, Carlos Baccetti, quien lo despidió con una frase que resume el personaje: "Un prócer que se fue un 9 de julio. Hasta eligió bien la fecha".
Agulla fue, ante todo, un creativo. Junto a Baccetti fundó Agulla & Baccetti, la agencia que en los años 90 se convirtió en la marca de moda del negocio, con clientes como Coca-Cola, Quilmes, OCA, Banco Itaú e YPF. De ahí salieron piezas que quedaron grabadas en la memoria colectiva argentina, como de Telecom o "Gueropa" para el Renault Clio. Pero su obra más recordada, la que lo convirtió en un actor político y no solo publicitario, fue otra: "Dicen que soy aburrido", el eslogan que catapultó a Fernando de la Rúa a la presidencia en 1999.
La historia de esa frase tiene, como casi todo lo que rodeó a Agulla, algo de leyenda propia. Él mismo contó que la escribió tirado en la playa de Punta del Este, respondiendo a un ataque de Eduardo Duhalde, que había intentado instalar la imagen de un De la Rúa gris y monótono: "imagínense un día gris, con llovizna, y este hombre gobernando, qué aburrido". Agulla tomó esa supuesta debilidad y la convirtió en el eje de campaña: en vez de esconder la parquedad del candidato radical, la transformó en garantía de seriedad y previsibilidad, frente a la volatilidad menemista que la sociedad empezaba a cuestionar.










