NoticiaEl escritor antioqueño Sergio Ocampo Madrid presenta ‘Los invisibles’, un libro de cuentos que explora aquello que la sociedad prefiere no ver.Sergio Ocampo Madrid publica 'Los invisibles', su más reciente libro de cuentos, centrado en lo que nadie quiere ver. Foto: Créditos.13.07.2026 13:43 Actualizado: 13.07.2026 13:43
Sergio Ocampo Madrid lleva más de quince años construyendo, cuento a cuento, una de las obras más consistentes de la narrativa breve colombiana. Desde A Larissa no le gustaban los escargots (2009) hasta hoy, el periodista y escritor antioqueño ha apostado por un género que las editoriales miran con desconfianza y que, según él mismo reconoce, los propios cuentistas no han sabido renovar del todo. Con Los invisibles, su más reciente libro, Ocampo lleva esa apuesta a un territorio que le es propio: lo que no se ve, lo que deja de verse, lo que nadie quiere mirar.El volumen reúne historias que van del abandono romántico a la demencia senil, del lector fantasma al espejo que acude al psicoanálisis porque nadie lo ve de verdad. No es la invisibilidad del conflicto armado ni la del desplazado —aunque esa tentación estuvo, confiesa—, sino la de los márgenes más íntimos y caprichosos de la existencia: el hombre que envejece y siente que el mundo lo atraviesa, la mujer que ama en silencio desde la fila diez de un auditorio durante diecinueve años, el personaje que al final ni siquiera sabe si existe.Coordinador del Taller de Cuento del Fondo de Cultura Económica y colaborador de medios como EL TIEMPO, El Colombiano y El Heraldo, Ocampo habla con la precisión del periodista y la libertad del fabulador. En esta conversación explica por qué el cuento es el género más difícil —y quizás el más libre— de todos, y adelanta que ya tiene una nueva novela en marcha, aunque de ella, por ahora, no quiere decir nada.'Los invisibles' es una antología que explora lo oculto y lo no visto de nuestra sociedad. ¿En qué momento de su vida o de su escritura surgió la necesidad de hablar de aquello que permanece en los márgenes?La invisibilidad no se encuentra solo en los márgenes. Escribiendo este libro, y luego de ponerles punto final a varios cuentos en los que la invisibilidad sí es sinónimo de olvido, de abandono, de negación, comencé a explorarla como conquista, como aspiración, para terminar encontrando que también puede ser un dispositivo de la intimidad, y hasta del azar.El escritor explora en 'Los invisibles' el olvido, la vejez y los silencios cotidianos. Foto:Cortesía.El libro reúne historias tan distintas como un abandono romántico, un lector al que se sigue esperando y un nombre que cae en el olvido. ¿Qué hilo invisible —valga la redundancia— une estos cuentos?Todos tienen que ver con lo que no se ve, con lo que deja de verse, o con lo que no se quiere ver: el hombre que se despide de su casa paterna porque la va a vender, la observa ahora vacía y se detiene ante los contornos sombreados y geométricos que dejaron los cuadros, sutiles, y con el vacío infinito en el centro; la pareja que solo se encuentra al final del cuento, aunque él y ella han coincidido varias veces en los mismos espacios por años, sin reparar el uno en el otro; el escritor que escribe y publica y nadie habla de su obra, no hay crítica, no hay reseñas, no hay invitaciones a ferias literarias; el anciano que empieza a desdibujarse a sí mismo por la demencia senil; el exhombre exitoso que siente que los demás han dejado de verlo y arma teorías hasta descubrir con amargura que la explicación es simplemente vejez. LEA TAMBIÉN ¿Hubo algún cuento que le costara especialmente escribir, o alguno que llegara de una manera inesperada y lo sorprendiera?Hay uno que terminó gustándome de un modo especial, por revelador, por complejo en su entramado, pero sencillo en su historia. Es acerca de un hombre que posee una biblioteca de páginas imaginadas, esto es, de las hojas intangibles que contiene todo libro y que corren por cuenta de cada lector, con sus propias versiones de la historia que lee, su inconformidad con el discurrir de una trama, con su final, con el destino de los personajes, así desde la Biblia hasta las novelas de hoy, en un juego en el que quizá la virgen María podría responder con un no a la anunciación del arcángel Gabriel, Julieta despertar antes de que Romeo beba el veneno, y el coronel recibir la carta que espera.La invisibilidad puede ser una condena o una forma de libertad. ¿Cómo la entiende usted en este libro?De las dos maneras, y de otras más. La invisibilidad puede ser un artilugio del destino para acercar o alejar, puede ser una estrategia para sobrevivir, una bendición o una bofetada, e inclusive una forma de exterminio moral.¿Sus personajes eligen ser invisibles o los invisibilizan otros?Hay voluntad propia en unos e imposición de los demás en otros. Aunque hay casos en los que la invisibilidad es meramente el punto ciego de la vida; existe y ya. Hay de todo: el niño que solo desea que nadie lo vea para evitar el matoneo en su escuela y busca conjuros y fórmulas mágicas; la mujer que en una tarde de concierto repara en el violonchelista de una sinfónica, se enamora desde la platea y por 19 años acude a amarlo en silencio en la penumbra de la fila 10; el espejo que va a psicoanálisis al descubrir que todo el mundo se mira en él, pero nadie lo ve a él realmente. El cuento final es un proceso contra un personaje atormentado que ni siquiera tiene la certeza de si existe o no existe. Si es o no es.Usted tiene una larga trayectoria como periodista en medios como EL TIEMPO, El Colombiano y El Heraldo. En sus cuentos anteriores, esa experiencia se nota en la precisión del detalle y en la escucha del otro. ¿Cuánto hay de reportero en Los invisibles?Mucho y nada. Mucho porque me encanta agudizar en el detalle, en la descripción, como en una crónica, pero poco porque todo en este libro es ficción, es imaginación y mundos posibles.Lleva más de quince años apostando por el cuento en Colombia, desde A Larissa no le gustaban los escargots (2009) hasta hoy. ¿Siente que el género ha ganado lectores o sigue siendo el gran ignorado del mercado editorial?El cuento se resiste a volverse invisible, pero sí es más difícil que las editoriales apuesten por él. En este tiempo he publicado cuatro libros de cuentos, e inclusive algunos me han llevado a aparecer en antologías en España, en Eslovenia y en Colombia. Siento que no es el momento más rutilante del cuento, pero en parte es responsabilidad de los cuentistas porque no hemos logrado renovar sus narrativas y arriesgar nuevas propuestas. El cuento podría ser el más multimedia de todos los géneros.Como coordinador del Taller de Cuento del Fondo de Cultura Económica, ¿qué errores ve con más frecuencia en los cuentistas jóvenes colombianos?El error más común, en el que todos hemos caído en algún momento, es el de creer que el cuento es más sencillo, más simple que la novela, por la brevedad. Y es todo lo contrario porque exige elementos que la novela no exige como la tensión sostenida, la circularidad, la precisión absoluta y, en lo posible, la sorpresa. LEA TAMBIÉN ¿Qué autores de cuento —colombianos o no— lo acompañaron mientras escribía Los invisibles?El libro es un homenaje a Poe, a Swift, a Cortázar, a Borges, a Piglia, a Julio Ramón, a Lugones, a Boris Vian. Y lo es también a Luz Mary Giraldo, que no es cuentista, pero es profesora de cuento y ha hecho más antologías de cuento que nadie en Colombia.Colombia tiene una larga historia de personas invisibilizadas: víctimas del conflicto, migrantes internos, comunidades enteras borradas de la narrativa oficial. ¿Los invisibles dialoga conscientemente con esa realidad, o la invisibilidad que le interesa es más íntima, más psicológica?En algún momento tuve la tentación de meterme por ese camino de la invisibilidad como desamparo, como negación y olvido, realidades muy duras de las que se ha ocupado bastante el periodismo. Finalmente, no lo hice para no dejar la sensación de que este libro es una secuencia de mi novela anterior, Las distancias, que también tiene como personaje a un colombiano invisible, el hijo escondido de un gran político. Entonces, preferí continuar en mi búsqueda de invisibilidades más inescrutables, simbólicas, intimistas, y en la lógica que manejan muchos de mis libros de apostarle al no lugar. LEA TAMBIÉN ¿Qué le da el cuento que la novela no puede darle?Me maravilla la exigencia del cuento de sonar espontáneo, así sea ficticia esa espontaneidad, pero es necesario lograr ese efecto, así como ese otro de ser construido para ser contado.¿Está ya trabajando en algo nuevo, o Los invisibles todavía le está hablando?Ya Los invisibles tiene que tomar su propio camino; ya nos despedimos, le di la bendición y le deseé toda la suerte; espero tener noticias de él, ojalá buenas, pero es un hijo que ya partió de la casa. Ahora estoy embarcado en una nueva novela de la que no quiero adelantar detalles.Andrés Zambrano Díaz Redacción Impreso Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







