En enero supimos quién era el ganador del Premio Alfaguara 2026, el mexicano David Toscana, por su novela El ejército ciego, que se publicó en marzo. El autor, invitado por Mr. Books, en alianza con Penguin Random House Grupo Editorial, estuvo en Ecuador la semana pasada para compartir con sus lectores. Es su primera vez en este país, y uno de los aspectos que más le atraen es la posibilidad de comer, de visitar el casco colonial y las iglesias, algo que hizo en Quito. A Guayaquil llegó con la inquietud de visitar un museo arqueológico. El ejército ciego ha sido presentada como “la gran épica de los vencidos”, y es una ficción que parte de un hecho cierto, la batalla de Clidio (Klyuch) en 1014, entre el primer Imperio búlgaro y el Imperio bizantino, el fin de un conflicto de casi medio siglo entre el emperador Samuel de Bulgaria y el emperador bizantino Basilio II, que ganó este último con un método cruel y definitivo. Tomó prisioneros a quince mil búlgaros y los cegó, dejando tuerto a uno de cada cien, para que guiaran a los demás en la marcha de los perdedores de vuelta a casa. PublicidadToscana pasó mucho tiempo leyendo historia militar bizantina, manuales escritos por los griegos y otros historiadores del siglo XI. “Tenía yo que leer alrededor, puesto que los búlgaros no escribieron su historia”, comenta en entrevista con este Diario, poco antes del evento de presentación del libro en el local de Mr. Books de Mall del Sol. “Como la historia no nos dice qué ocurrió con los ciegos, pues entonces que lo diga la literatura”.Empezó a imaginarse ese mundo a través de los escritos franceses, alemanes, bizantinos y griegos, para crear un narrador búlgaro. “Un falso narrador búlgaro”, precisa, “porque uno tiene que leer la novela como si fuera una traducción del búlgaro al español. Y lo chistoso –agrega– es que ya se tradujo al búlgaro. Yo le decía a la traductora: ‘Es como si tú lo estuvieras llevando al original’”. Pero tal vez no, piensa, pues el búlgaro de hace mil años no es el mismo que se habla hoy. Una frase conocida dice que la historia la escriben los vencedores y a los vencidos les toca soportar. Toscana objeta: La literatura se ocupa de las derrotas. “La literatura más antigua que nos llegó de los griegos, la tragedia más antigua, que es la de Esquilo Los persas, tiene que ver con la derrota, el retorno del ejército persa derrotado en Salamanca”. Todos los pueblos tienen sus relatos de pérdidas e incluso historiadores que se rebelan contra el relato oficial y las cuentan. “Contar la historia, a veces, es una forma de revancha”. Un desquite a través de la palabra. PublicidadPublicidadY tal vez por eso el narrador, Kozaro, un escriba cegado, se empeña en registrar lo que vivió. ¿Qué hacen quince mil ciegos menos 150? Seguir viviendo, perder el miedo, reírse de sí mismos y por tanto, inspirar temor. Y cuestionarse todo. El pensamiento de este libro es crítico incluso con las creencias, con el cristianismo. ¿No era una época más conservadora? “No”, considera Toscana, “era una época más crítica porque les interesaban las cosas. Cuando el día de hoy la gente reza el credo, parece que no le interesa ni lo que está diciendo. Dicen: ‘Engendrado’, no creado. Y les pregunto: ¿cuál es la diferencia entre una cosa y otra? Y dicen: ‘Pues no sé’. O ‘espero la resurrección de los muertos’. ¿De veras la estás esperando? ¿O hablas de que las almas suben al cielo o al purgatorio –que ya desapareció–?”. La novela tiene muchos de esos cuestionamientos. “En el año 300 y 400, cuando se hacen los concilios, cuando se decide si era posible que hubiera una dualidad divina y humana en una misma persona, esas cosas importaban. Parece que son cínicos o que no creen o que se burlan de algo, pero era porque tenían las dudas y hoy, bueno, así son las cosas y más vale no preguntar nada. Yo no soy creyente, pero si fuera creyente, tendría un montón de dudas y querría resolverlas. Culturalmente me interesan, teológicamente me interesan, filosóficamente me interesan, literariamente me interesan. Y la Biblia me parece un libro maravilloso, un clásico de la literatura”, dice el autor de otra ficción con esta temática, Evangelia. ¿Está trabajando en un nuevo proyecto? “No, no. No se puede trabajar. Estoy con tanto viaje. Pero estoy leyendo. En algún momento se hablaba negativamente de la literatura de aeropuerto, pero yo estoy haciendo lectura de aeropuerto”. Además, cada libro publicado viene con una ansiedad. “Quizás ya fue mi último libro”, piensa. “Ya me ha ocurrido y ha venido otro”, aclara enseguida, “pero en este momento me siento completamente vacío para un proyecto nuevo”. ¿Qué cura esa ansiedad? “Leer. Porque de donde seguramente puedo sacar un proyecto nuevo es de la lectura. Los escritores nos ocupamos de lo que no dice la historia, pero muchas veces también nos ocupamos de lo que no dicen las novelas. Ninguna abarca todo; toda novela tiene vacíos y también de estos vacíos nos alimentamos para algún proyecto futuro; de libros que admiramos profundamente y que quisiéramos emular, pero hacer algo distinto”. (F)
David Toscana, Premio Alfaguara de Novela 2026: La literatura se ocupa de contar las derrotas
El autor de 'El ejército ciego' visitó Ecuador para presentar esta ficción que se basa en un hecho real y trata de reconstruir la historia de los vencidos.









