El tablero político argentino ya empezó a jugar la carrera de fondo hacia 2027, y como suele ocurrir en nuestra historia, el primer movimiento no se da en las urnas, sino en los despachos del Congreso. El Gobierno ha puesto la mira de forma directa en el sistema electoral. Modificaciones en las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) o su eliminación total, sumadas al viejo debate sobre las listas colectoras, marcan hoy la agenda de una reforma que esconde un objetivo puramente pragmático. Hay que decirlo con claridad: el oficialismo quiere eliminar las PASO, básicamente, porque le conviene. Esta práctica no es un invento argentino ni una exclusividad libertaria. Es un síntoma del clima de época global. En Estados Unidos, Donald Trump ensaya movimientos similares, demostrando que los gobiernos tienden a moldear el sistema a su favor. En esta tensión histórica entre el poder y las reglas, las reglas siempre terminan quedando por debajo. El poder dicta las normas que le convienen en lugar de someterse a las existentes.
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