A sus 91 años, Juana baja cada mañana a comprar el pan, se cruza con los vecinos de siempre y vuelve a casa paseando tranquilamente. “Mientras pueda andar, aquí sigo”, dice entre risas. Su rutina no tiene nada de excepcional. Y sin embargo, refleja una realidad cada vez más frecuente en Madrid: vivir muchos años manteniendo una vida activa. Con 85,7 años, la Comunidad de Madrid encabeza el ranking europeo en esperanza de vida elaborado por Eurostat y supera la media de la Unión Europea, que alcanza los 81,5 años. Pero, ¿qué ha hecho una región con más de siete millones de habitantes para alcanzar este liderazgo y, sobre todo, qué tiene que hacer para consolidarse como uno de los mejores lugares de Europa para cumplir años? En primer lugar, la pregunta trasciende al caso madrileño y conecta con uno de los grandes cambios demográficos del planeta: el envejecimiento de la población. Según Naciones Unidas, una de cada once personas tiene hoy más de 65 años y, en 2050, será una de cada seis. Ese desafío ha empezado incluso a impulsar iniciativas como la promovida por Madrid Futuro, una organización que busca reunir a administraciones, empresas, expertos y sociedad civil para analizar qué explica la excepcional longevidad madrileña y cómo preservarla en las próximas décadas. En este contexto, el liderazgo de Madrid resulta llamativo porque rompe con un viejo tópico. Durante décadas, la longevidad se ha asociado a entornos rurales alejados del ruido, el tráfico y las grandes concentraciones. "Ahora, eso ha cambiado drásticamente y es cosa de las grandes ciudades", explica a El Confidencial Greg Clark, urbanista, experto internacional en ciudades y colaborador del proyecto de Madrid Futuro. Pero la explicación no responde a un único factor, sino a la combinación de muchos. “La cultura, la dieta, la sanidad, un buen equilibrio entre ocio y buenos hábitos, una vida activa y social, además de muchas horas de sol y vivir en una ciudad que invita a caminar", enumera el experto. Madrid caminable Basta con acompañar a Juana durante unos minutos para entender algunos de esos factores. Madrid permite resolver buena parte de las necesidades cotidianas caminando o utilizando el transporte público. Ir a comprar, al trabajo, acompañar a un nieto al colegio o quedar para tomar un café. Según datos de la comunidad, los madrileños realizan cerca de 11 millones de desplazamientos diarios y la distancia media ronda los tres kilómetros. TE PUEDE INTERESAR Esa facilidad para incorporar movimiento a la rutina no es casual, explica Clark, que sostiene que las ciudades pueden diseñarse para mejorar la salud de sus habitantes a través de "una correcta combinación del espacio público y el privado”. Además, a esa cultura del paseo, Madrid suma una red de transporte público que figura entre las más extensas y eficientes de Europa, con más de 300 kilómetros de metro y una conectividad que compite con ciudades como Londres o París. Y cuando el trayecto termina, la ciudad ofrece lugares donde quedarse: más de 6.400 hectáreas de zonas verdes públicas y más de 20 metros cuadrados de espacio verde por habitante. Desde el Retiro hasta Casa de Campo, los parques madrileños son escenarios cotidianos para caminar, hacer ejercicio, sentarse a conversar o simplemente relajarse, constituyendo "parte de los elementos urbanos que favorecen una vida más activa y social", continúa Clark. Una ciudad que se vive en la calle Mientras Juana se detiene unos minutos para saludar a un vecino, resulta fácil entender por qué los expertos sitúan la vida social entre los grandes atractivos de Madrid. Es una ciudad que se explica por “su diseño para ser vivida en la calle y por los factores culturales de los españoles, el ocio y la vitalidad", sigue argumentando el reconocido urbanista. Cabe, además, no olvidar el papel de Madrid como 'ciudad adoptiva', ya que buena parte de sus habitantes procede de otras regiones o países, configurando una ciudad especialmente abierta y diversa. Según datos del INE, aproximadamente el 25% de los residentes no ha nacido en la Comunidad de Madrid. Es el caso de Manuel, que llegó a la capital hace casi tres años desde Alicante. El alicantino define la ciudad como “contradictoria”, como un lugar que se mueve deprisa, donde siempre hay mucha gente, pero en el que resulta fácil empezar de nuevo. “Al principio impone e incluso agobia, pero acaba atrapándote y haciéndote querer más”, asegura. Esa 'absorción' que tiene Madrid también la destacan quienes han nacido en ella. “Madrid tiene algo especial, es la ciudad de todos”, cuenta María. La madrileña de 26 años destaca esa “gran capacidad para integrar y hacer sentir bienvenido a quien llega”, además de la mezcla cultural, el ocio y una sensación constante de apertura: "Madrid invita a salir a disfrutar, tengas la edad que tengas”. Por ello, Madrid "es una ciudad donde todas las edades comparten en muchas ocasiones los mismos espacios", añade Clark. Nietos y abuelos en los parques, familias enteras en las terrazas o mayores que mantienen una intensa vida de barrio. "Ignorar un buen diseño del espacio público es negarle a la población el disfrute del mismo y lleva, en muchos casos, al aislamiento y a la soledad" Y, aunque una vida social activa tiene un impacto claramente positivo en la salud y el bienestar, no siempre es suficiente ni alcanza a todos por igual. De ahí la importancia de diseñar barrios y espacios públicos que favorezcan encuentros cotidianos e interacciones sociales. “Ignorar un buen diseño del espacio público es negarle a la población el disfrute del mismo y lleva, en muchos casos, al aislamiento y a la soledad" asegura el urbanista. De hecho, no es una cuestión menor, ya que cada vez más estudios relacionan la soledad no deseada con un mayor riesgo de mortalidad. Queda claro, por tanto, que caminar y mantener una intensa vida social ayudan a vivir más. Pero no bastan por sí solos. También hace falta un sistema sanitario capaz de acompañar el envejecimiento y de atender eficientemente a personas mayores como Juana. La capital cuenta, como el resto de España, con un sistema sanitario público y universal, que además muestra datos reveladores. La mortalidad hospitalaria de las grandes patologías se redujo un 24% entre 2021 y 2023 en Madrid. Además, un estudio impulsado por la Sociedad Española de Cardiología (SEC) sitúa a la capital entre las regiones con mejores resultados hospitalarios del país en insuficiencia cardíaca, registrando la menor mortalidad de España (un 7,7%, frente al 16,4% de Andalucía). Cabe destacar la mayor tasa de hospitales por habitante en la capital. Aun así, resulta un dato relevante si se tiene en cuenta que las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en Europa. No todos los madrileños viven igual Sin embargo, la historia de Juana no representa la realidad de todos los madrileños. Entre los distritos de Salamanca y Puente de Vallecas median apenas unos kilómetros, pero casi tres años de esperanza de vida. Según los datos más recientes del Ayuntamiento de Madrid, la esperanza de vida media al nacer alcanza los 87,5 años en Salamanca, frente a los 84,6 años de Puente de Vallecas. Esa brecha tiene un claro correlato económico. La renta media por persona en Salamanca se situó en 2023 en torno a los 29.700 euros anuales, frente a los 12.050 de Puente de Vallecas: más del doble de diferencia. Una desigualdad que se repite en la ciudad con una geometría casi perfecta, donde los distritos del norte y el noroeste concentran las rentas más altas —con Chamartín a la cabeza, por encima de los 32.000 euros—, mientras el sur y el sureste se mantienen en los niveles más bajos, con Usera también en torno a los 12.000 euros por persona. El código postal sigue siendo uno de los mejores predictores no solo del nivel de ingresos, sino también de cuántos años vivirá una persona. No morir de éxito Madrid tiene ahora un gran reto: no morir de éxito. La capital ha conseguido que sus habitantes vivan más años que en ninguna otra región europea, pero conservar esa ventaja puede resultar más difícil que alcanzarla. “El crecimiento, si va acompañado de una buena planificación urbanística, infraestructuras y vivienda, puede ser muy positivo", señala Clark. "Pero si las políticas no avanzan al mismo ritmo, aparecerán problemas asociados a la improsperidad". El envejecimiento de la población, la desigualdad entre distritos, el aumento del coste de la vivienda o el rápido crecimiento urbano ya plantean interrogantes sobre si la ciudad será capaz de mantener el equilibrio que hoy la sitúa en cabeza. Pero mientras, Juana seguirá bajando cada mañana a comprar el pan, saludará a algún vecino, hará un par de recados y volverá paseando a casa. Su rutina, aparentemente corriente, encarna algunas de las condiciones que explican por qué Madrid vive más y, sobre todo, lo que tendrá que preservar para seguir haciéndolo.