Buena cosa es reconocer la figura del empresario. Y más, si cabe, en una tierra con esta, que no se distingue precisamente por el emprendimiento. Bienvenida sea, por lo tanto, la fiesta empresarial de Castilla y León, que organiza cada año Ceoe (antes Cecale).Parece, sin embargo, que en las sucesivas ediciones de los Premios Ceoe Castilla y León se han difuminado progresivamente los grandes objetivos que aconsejaron la institución de estos galardones. Después de 33 años celebrando la fiesta, ocurre lo que ocurre, que la fuerza de la tradición se solapa con las intenciones originales.
Entre otros, los premios Cecale tuvieron siempre dos grandes propósitos: ofrecer un público homenaje al empresariado de Castilla y León, en la persona de cada uno de los galardonados en estas nueve provincias; y captar la atención de los jóvenes, para animarlos a emprender en su tierra, en contra de la tendencia general de buscar otras tierras u ocupaciones más seguras, bien sea en el gigantesco sector público o en grandes compañías.
Al margen de que, en fin, algún año se otorgan premios que parecen una 'contradictio in terminis', como el salmantino de esta última edición… Lo cierto es que la antigua Cecale progresa poco en el logro los grandes objetivos. Poca comunicación, poca pedagogía. Y algunas ideas trasnochadas en las escasas herramientas divulgativas que se proponen.







