Actualizado Lunes,
julio
10:04De pocos libros podr� decirse con tanta justicia como de este que es �necesario�. Toni Timoner y Luis Quiroga, expertos en finanzas y directores del think tankOikos Espa�a, desarrollan en estas p�ginas una perspectiva liberal-conservadora sobre el cambio clim�tico. Discuten muchos de los planteamientos de la izquierda sobre este tema a la vez que reconocen sus enormes desaf�os y aportan propuestas concretas. Su tesis podr�a resumirse as�: la derecha tiene razones para tomarse en serio el cambio clim�tico y es capaz de hacerlo sin abandonar los principios de su tradici�n ideol�gica.El primer cap�tulo largo del libro se dedica a explicar por qu� el cambio clim�tico �no es como te lo ha contado la izquierda�. Los autores critican lo que ven como una apropiaci�n distorsionadora, seg�n la cual la �emergencia clim�tica� solo podr�a afrontarse desde una perspectiva anticapitalista. Tambi�n argumentan que algunos criterios derivados de esa perspectiva son contraproducentes: hiperregulaci�n, plazos irreales, sentimentalizaci�n del activismo, fantas�a decrecentista, rechazo a la energ�a nuclear... Tambi�n cuestionan la �alergia a la adaptaci�n�: centrarse solo en formas de detener el cambio clim�tico, en vez de preparar planes eficaces para adaptar nuestras sociedades y econom�as a sus consecuencias inmediatas.M�s adelante repasan la evidencia cient�fica y explican por qu� responder al cambio clim�tico supone �un imperativo econ�mico, social y moral�. Re�nen las pruebas de por qu� estamos ante uno de los grandes desaf�os de nuestro tiempo, y anclan la respuesta �de derechas� en conceptos como herencia y responsabilidad: los vivos tienen la obligaci�n de cuidar aquello que les han legado y que ellos mismos legar�n a quienes a�n no han nacido. Timoner y Quiroga tambi�n argumentan que las respuestas t�cnicas centradas en el medio y largo plazo se ajustan bien al pensamiento conservador, habituado a �desbordar el horizonte temporal de nuestras vidas�.Esto se complementa con una reivindicaci�n m�s claramente liberal del mercado y la iniciativa privada, as� como de los l�mites a la acci�n del Estado. No es una postura maniquea: los autores aceptan que la regulaci�n establece marcos necesarios. Pero sostienen que es el mercado quien mejor puede operar dentro de ellos, sobre todo por su capacidad para impulsar la innovaci�n tecnol�gica que permitir� reducir las emisiones de CO2. Los autores a�aden que ninguna transici�n �verde� resultar� viable si no mantiene niveles razonables de prosperidad. De ah� su reivindicaci�n del mercado: �Lejos de ser un artefacto hostil al medio ambiente, el capitalismo es la herramienta m�s poderosa de la que disponemos para conjugar prosperidad y sostenibilidad�. Este planteamiento se apoya en propuestas sobre el mix el�ctrico, los incentivos a empresas, la descarbonizaci�n...El ecologista de derechasToni Timoner y Luis QuirogaDeusto. 296 p�ginas. 19,95 � Ebook: 9,99 �Lo que no hacen los autores, en cualquier caso, es dejar una rendija abierta a lo que describen como un �negacionismo displicente e indolente, que disfraza la inacci�n de escepticismo, confunde prudencia con par�lisis y trivializa la ciencia�. Asumir que el conocimiento avanza a base de dudas y revisi�n de consensos no implica, seg�n ellos, negar la evidencia. Y menos cuando las consecuencias de ignorarla pueden ser catastr�ficas. Tomarse en serio el cambio clim�tico ser�a, as�, una consecuencia l�gica de la prudencia que estructura buena parte del temperamento conservador. A ello se suma el imperativo de prosperidad: �Cuanto m�s se retrase la transici�n energ�tica�, argumentan, �m�s dif�cil y costoso ser� evitar los peores escenarios de empobrecimiento�.Los fundadores del 'think tank' de medio ambiente.Carlos FresnedaEs interesante reparar en la tradici�n �derechista� en la que se inserta este libro. Las referencias que se invocan en sus p�ginas son predominantemente brit�nicas: Burke, Oakeshott y Scruton aparecen con frecuencia. La �derecha� que reivindican, por tanto, es m�s bien una tradici�n brit�nica que, si bien influy� en momentos puntuales en las derechas espa�olas, tuvo una presencia menor hasta los a�os 80 y 90. Esto puede plantear una distancia respecto del universo de algunos lectores, aunque los autores lo compensan con el generoso espacio que dedican al caso espa�ol. Es decir, la perspectiva ideol�gica bebe de la tradici�n anglosajona, pero la proyecta de manera consciente sobre la Espa�a actual.Se podr� lamentar que El ecologista de derechas critique m�s expl�citamente a la extrema izquierda -que, con sus excesos, al menos se toma el cambio clim�tico en serio- que a una extrema derecha que a�n juguetea con el negacionismo. Personas con mayor conocimiento t�cnico que quien escribe tambi�n podr�n poner peros a las propuestas concretas que recoge el ensayo.Nada de esto quita que sea un libro de enorme inter�s en cuyas p�ginas hay una voluntad de pensar, desde una perspectiva madura, en asuntos que no copan los titulares. Porque, pasado el pico del activismo simbolizado por Greta Thunberg y sumergidos como estamos en pol�micas m�s relacionadas con la democracia y el Estado de Derecho, la cuesti�n clim�tica parece haber desaparecido del horizonte inmediato de los votantes -sobre todo, de los de derechas-. Los autores, sin embargo, animan a no olvidarla y a desarrollar ideas propias para afrontarla, en vez de limitarse a reaccionar a las tesis m�s extremas.En este sentido, hay algo parad�jico en que este ensayo parezca tan vinculado al Partido Popular -cuenta con un pr�logo de Jos� Mar�a Aznar y elogiosos �testimoniales� de Alberto N��ez Feij�o e Isabel Garc�a Tejerina-. Por una parte, El ecologista de derechas ensancha saludablemente el discurso de esa formaci�n, pero por otra, ver este libro solo como un esfuerzo por dotar de contenido a la pol�tica clim�tica de los populares ser�a no hacer justicia a su seriedad, inteligencia y ambici�n. Lectores muy distintos encontrar�n provechosa su lectura, porque propone situar el debate clim�tico en un terreno compartido. As�, aporta materiales s�lidos a la guerra cultural, pero tambi�n sugiere posibles salidas de ella.








