Philipp EngelBarcelona 13/07/2026 08:06 Actualizado a 13/07/2026 17:41 “El caso es que estoy enfermo. Posiblemente me esté muriendo” dejó escrito negro sobre blanco Sam Neill en el primer capítulo de sus memorias, publicadas hace tres años y escritas en apenas cuatro meses, mientras se sometía a quimioterapia para luchar contra el avanzado linfoma que le habían diagnosticado. El gran público lo recordará eternamente como el Dr. Alan Grant de la saga Jurassic Park y la cinefilia menos palomitera por haber sido el sufrido marido de Isabelle Adjani en la mítica La posesión (Andrzej Żuławski, 1980), uno de los mayores clásicos que ha dado el cine fantástico. Posiblemente, la profética frase sobre su muerte inminente fue la nota más triste de aquellas memorias, tituladas Did I Ever Tell You This? (¿Te lo había contado?) con las que tanto Stephen Fry como Meryl Streep –su partenaire en Plenty (1985) y Un grito en la oscuridad (1988), ambas de Fred Schepisi– declararon haberse partido de risa. Lo cierto es que la carrera del actor, que participó en más de 80 largometrajes, sin contar telefilmes y series como Peaky Blinders o Los Tudor, dio para mucho.Activo en Instagram, donde atesoraba hasta casi un millón de seguidores a los que distraía lanzando delirantes reels o tocando el ukelele, prefería vivir lejos de los focos, en su granja de Surry Hills (Sidney), donde se dedicaba a cuidar sus viñedos y a unos animales bautizados con nombres de algunos compañeros de reparto, como la jurásica Laura Dern, una gallina; Michael Fassbender, con quien estuvo en una película de François Ozon (Angel, 2007), un apuesto gallito, o Helena Bonham Carter –con la que coprotagonizó la serie Merlin–, una vaca atolondrada. Así era él, un tipo de apariencia normal, simpático, pero con un toque excéntrico que lo hacía idóneo para papeles de perturbado. Nacido en Irlanda de madre inglesa y de un padre neozelandés que llegó a ser coronel de los Irish Guards, tropas al servicio de su majestad, creció en Nueva Zelanda, y debutó como actor en el cine a mediados de los 70, después de pasar por el teatro y la realización de documentales.Jeff Goldblum, Sam Neill y Laura Dernen 'Jurassic World: Dominion' Universal PicturesNeill empezó a destacar como protagonista de Perros de presa (Roger Donaldson, 1977), momento en el que decidió establecerse en Australia, y Mi brillante carrera (Gillian Armstrong, 1979), dos títulos clave de la nueva ola oceánica, y dio el salto a Hollywood, por recomendación de James Mason, con la tercera entrega de La profecía (1981), donde encarnó nada menos que a un Damien ya crecidito, un papel que ya le señalaba como icono del cine fantástico. La posesión, que él mismo reconocía como la mejor y más extrema película de cuantas había participado, se estrenó aquel mismo año. El papel a las órdenes del despótico Zulawski le dejó marcado por su alto nivel de exigencia física y mental, sobre todo por la escena en la que tenía que abofetear a Isabelle Adjani, que le dejó muy abatido. Neill también tuvo ocasión de trabajar en dos ocasiones para el maestro John Carpenter: en la cómica Memorias de un hombre invisible (1992) y en la magistral En la boca del miedo (1994), en cuyo inolvidable final le recordamos comiendo palomitas en un cine desértico con su mejor expresión de lunático. Por estas y otras películas de culto, como Calma total (Philip Noyce, 1989), memorable thriller flotante basado en la novela de Charles Williams con el que se ganó el corazón de Spielberg, u Horizonte final (Paul W.S. Anderson, 1997), una de terror en el espacio donde era un apacible científico que se acaba transformando en la más viva encarnación del mal, Ángel Sala le recuerda como uno de los más entrañables homenajeados por el Festival de cine fantástico de Sitges.Después de La caza del Octubre Rojo (John McTiernan, 1990), donde vestía uniforme y acento ruso, el mismo año en el que estrenó Jurassic Park –un papel que logró gracias a la negativa de Harrison Ford-, Neill llegó a lo más alto del Olimpo cannois con la histórica Palma de Oro para El piano (1993), de Jane Campion, donde volvía a interpretar a un marido algo más que problemático, capaz incluso de cortarle un dedo a su mujer, una multipremiada Holy Hunter, para hacerle pagar una infidelidad. Convertido en un rostro tan familiar como imprescindible, siguió trabajando hasta que, durante la promoción de Jurassic World: Dominion (2022), le diagnosticaron el linfoma. Entre los papeles que no consiguió destacan el de James Bond, que le arrebató Timothy Dalton u otro en Yentl, que tal vez perdió cuando Barbra Streissand se le puso a cantar algunos de los temas de la película: el clásico tu reacción no es la que esperaba. Entre los más recientes, habría que citar su entrañable participación en la islandesa Rams (2015), de Grímur Hákonarson, donde era uno de los dos hermanos y vecinos que llevaban media vida sin hablarse, o A la caza de los ñumanos (2016), del incorregible Taika Waititi, otro de los motivos por los que en Sitges tiene tantos fans. Neill deja tres ex mujeres –la actriz Lisa Harrow, la maquilladora Noriko Watanabe y la periodista Laura Tingle, con la que no llegó a casarse–, cuatro hijos y ocho nietos. Seguramente fue un gran hombre, sin duda un actor fantástico.