Al Mundial se le ha sumado un conflicto diplomático por culpa de un expresidente reconvertido en columnista futbolero. España, como siempre, no te la acabas. Podría pensarse que la indignación francesa ha sido unánime, pero conviene atender a sus matices. En 2010, cuando le preguntaron a Marine Le Pen cuál era su parecer respecto a la selección francesa y si consideraba que esta se parecía a Francia en sí misma, respondió, sin pelos en la lengua, que digamos:

“No, sinceramente, no lo creo. Y no soy la única. No soy una especialista en fútbol, pero hay un jugador de fútbol cuyo nombre se me escapa que decía que se usaba el fútbol para intentar dar esperanza a los franceses de origen inmigrante. Con eso se deja de lado a los franceses de origen francés. ¡Este equipo no representa a Francia! No lo apoyaré. El dinero que rezuma esta gente, la sensación de un dinero ganado con facilidad… Unas veces son representantes de Francia cuando están en el Mundial, otras veces son representantes de otro país, de otra nacionalidad. Los valores que transmiten no son los valores de Francia. Si se comportaran correctamente, si de vez en cuando hablaran de patriotismo, si no se negaran a cantar la Marsellesa, si no los viéramos envueltos en banderas de otras naciones que no son la nuestra, quizá las cosas cambiarían”.