El profundo reordenamiento macroeconómico desde el inicio de la actual administración, incluyendo el más reciente (y exitoso) programa de compras de divisas del BCRA, generó una notable mejora en la percepción de riesgo soberano. A esta altura, parecen quedar pocas dudas de la capacidad del Gobierno para afrontar sus vencimientos de deuda (y menos dudas aún sobre su voluntad de pago). Esto ayuda a entender el rally de los bonos soberanos desde las últimas elecciones, potenciado recientemente por la mejora en la calificación de S&P a principios de junio, que llevó al riesgo país al mínimo nivel desde 2018, en la zona de los 400 puntos básicos.
La presentación el pasado lunes del Programa Financiero en dólares 2026-2027(PF) por parte del equipo económico marca un hito más en la normalización de la relación de Argentina con el mundo inversor. Práctica corriente en países con acceso al mercado, la difusión del PF ayuda a coordinar expectativas de los inversores y analistas, en tanto brinda un marco de referencia para evaluar la marcha de la estrategia de financiamiento.
El anuncio no trajo muchas novedades respecto de las alternativas de financiamiento que barajaba el mercado, salvo quizás por la inclusión de una operación bilateral (préstamo de país a país) por US$ 2.000 millones en 2027, que estaría en etapa de negociación. Como es habitual, el PF no está “cerrado”, en el sentido de que varias de las fuentes de financiamiento identificadas no están todavía negociadas, sino que es una hoja de ruta. De este modo, hacia adelante el foco se moverá hacia la ejecución del programa y la confirmación de los supuestos utilizados.










