Estudiar las “raíces biopsíquicas del marxismo”. Fue el objetivo que se marcó el psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera al pedirle autorización directa a Franco para experimentar con prisioneros republicanos durante la Guerra Civil. El médico pretendía demostrar la existencia de un supuesto 'gen rojo' que predisponía a algunas personas a ser “contagiadas” por el “virus marxista”, una hipótesis que ya antes de empezar sus investigaciones creía confirmada y que serviría para poner la psiquiatría oficial al servicio de la represión franquista.

El médico, al que el Gobierno acaba de retirar la Gran Cruz de la Sanidad, ya era el Jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares del franquismo cuando, en julio de 1938, se dirigió al Cuartel General de Burgos, declarada “capital de la Cruzada”. Quería reclamar su visto bueno para crear su Gabinete de Investigaciones Psicológicas, que serviría para “el mejor aprovechamiento científico del material humano que las vicisitudes de la guerra pone a disposición de la ciencia”. Además, prometía que el régimen se gastaría poco dinero en él: los médicos serían “especialistas patriotas” que trabajarían de forma voluntaria y la instalación no superaría las 2.000 pesetas “pues el instrumental que ha de pedirse a Alemania es muy reducido”.