No hace falta que conozcas 'La casa de la pradera' si no está en tus recuerdos. Pero sí es necesario que sepas lo que cuenta el documental 'Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo'

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12/07/2026 a las 00:37h.

Nadie necesita ver 'La casa de la pradera' (Netflix). La nueva. Tan nueva que no hay casi nada que recuerde a la original. 'Hawai 5-0' al menos tenía la música. En la versión de Rebecca Sonnenshine ni hay cabecera, ni niñas corriendo ... y cayéndose, ni la reconocible melodía. Sigue estando basada la serie (ocho capítulos y renovada para otra temporada) en los libros de Laura Ingalls. Y es la familia Ingalls viajando de Wisconsin al Oeste para colonizar tierras libres, aunque se lleven un disgusto cuando se enteren de que esas tierras han sido arrebatadas a los indios. Ni que decir que hay nativos americanos (voy a hablar como la nieta de Michelle Pfeiffer en 'The Madison') y un médico negro. El pueblo no se llama Walnut Grove sino Independence (Kansas). Y la dueña de la tienda es muy amable. Sí hay una pelmaza. No hay necesidad de comparar, pero 'La casa de la pradera' sin la señora Oleson es como 'Rebeca' sin la señora Danvers. El padre sí toca el violín y creo que lo que más se parece es el perro. Pero no se trata de comparar. Como tampoco se podía comparar la nueva 'Dinastía' con la auténtica. Porque las series que hemos visto de niños son también estados de ánimo, artefactos en la memoria que no pueden ser sustituidos. Aunque sea por algo mejor.