Actualizado Domingo,
julio
00:08Estamos ante una nueva oleada de salidas a bolsa de empresas tecnol�gicas. El 12 de junio, SpaceX protagoniz� la mayor operaci�n de la historia: capt� 75.000 millones de d�lares, superando el r�cord de Saudi Aramco, y cerr� su primera sesi�n con una capitalizaci�n superior a los dos billones, siendo a fecha de redacci�n de este art�culo la s�ptima empresa de mayor capitalizaci�n burs�til del mundo. La cifra impresiona teniendo en cuenta que de las tres l�neas de negocios (Connectivity en el �mbito del Internet satelital, donde destaca Starlink; Space, en el segmento de lanzamientos, con Falcon, Dragon y Starship; y SpaceXAI, que incluye Grok, X y la infraestructura de c�mputo), en 2025 solo Starlink gener� beneficio operativo. De este modo, la valoraci�n de la empresa en bolsa es de m�s de 100 veces sus ingresos en 2025. Detr�s de SpaceX vendr�n Anthropic y OpenAI. Anthropic, creadora de Claude, registr� su folleto confidencial ante la SEC (equivalente a la CNMV en Estados Unidos) el 1 de junio, tras una ronda privada que la valor� en 965.000 millones de d�lares, y apunta a debutar en oto�o con un valor de un bill�n de d�lares. OpenAI present� su folleto una semana despu�s, aunque baraja esperar a 2027 para dar el paso. Las Siete Magn�ficas (Apple, Microsoft, Nvidia, Amazon, Alphabet, Meta y Tesla) ya no bastan para describir el mapa de grandes tecnol�gicas. Pero antes de a�adir una octava, novena o d�cima pieza al tablero, conviene aclarar tres cosas: lo que est� llegando a Wall Street no es m�s de lo mismo.La primera aclaraci�n es la naturaleza del producto. Las Big Tech que conocemos crecieron desarrollando productos orientados al mercado, fuera a los hogares o a las empresas: b�squedas, comercio electr�nico, redes sociales, software corporativo, servicios en la nube. Negocios nacidos en la esfera comercial y para ella. Lo que ahora llega al parqu� es distinto: capacidades que en otra �poca se habr�an desarrollado en primera instancia en la esfera del Estado. En efecto, muchas de las grandes tecnolog�as estrat�gicas del siglo XX nacieron dentro de programas p�blicos: la energ�a nuclear en el Proyecto Manhattan, internet en DARPA, el GPS en el Pent�gono. Y cuando alguna surg�a fuera, el Estado la reclamaba: la criptograf�a fuerte, la que hoy protege cualquier pago por internet, naci� en la universidad, pero hasta finales de los noventa figur� en la lista de municiones de Estados Unidos y exportarla exig�a una licencia de armamento. El patr�n era siempre el mismo: la capacidad estrat�gica, naciera donde naciera, quedaba bajo tutela estatal, y solo d�cadas despu�s surg�an las aplicaciones comerciales. El salto ahora es evidente: los cohetes reutilizables, constelaciones de sat�lites y redes de comunicaciones espaciales de SpaceX son, por definici�n, capacidades de inter�s militar y geopol�tico. Con la IA de frontera sucede lo mismo, aunque resulte menos obvio porque su envoltorio comercial es un chatbot. Loestrat�gico no es la conversaci�n con una m�quina, sino la capacidad general de producir c�digo, analizar informaci�n, automatizar decisiones, acelerar la investigaci�n cient�fica y operar en �mbitos como defensa, inteligencia o ciberseguridad. Ahora, el activo estrat�gico subyacente ya no est� saliendo del Estado, sino de empresas privadas que salen a bolsa.La segunda aclaraci�n es financiera y explica precisamente esas salidas. Al desarrollarse fuera de la esfera estatal, esta frontera tecnol�gica se financia con capital privado. Y su apetito de capital desborda cualquier bolsillo: seg�n Goldman Sachs, las mayores tecnol�gicas invertir�n 754.000 millones de d�lares en capex este a�o, un 83% m�s que en 2025, y 905.000 millones en 2027. Ni siquiera rondas privadas de 65.000 millones como la �ltima de Anthropic bastan de forma sostenida a esa escala. Solo queda un bolsillo capaz: el ahorro agregado del mundo, y su canal es la bolsa. De ah� que SpaceX reservara en torno al 30% de su oferta a inversores minoristas, frente al d�gito �nico habitual. Y de ah� una consecuencia que nos toca de lleno: cuando estos valores entren en los grandes �ndices, billones de gesti�n pasiva los comprar�n, incluido el ahorro de los fondos de pensiones europeos, por lo que una vez m�s, veremos c�mo el ahorro europeo fluye para financiar la innovaci�n estadounidense. Conviene adem�s mirar qu� recibe ese ahorrador a cambio. En SpaceX, Musk retiene m�s del 82% de los derechos de voto mediante acciones con voto reforzado. En Anthropic, buena parte del consejo no la eligen los accionistas, sino un grupo de fideicomisarios independientes, sin participaci�n econ�mica en la empresa, cuyo mandato es velar por que la IA beneficie a la humanidad, no por la cotizaci�n. Y en OpenAI, la sociedad que cotizar�a est� controlada desde arriba por una fundaci�n sin �nimo de lucro que nombra su consejo. Tres f�rmulas jur�dicas distintas con id�ntico resultado: el inversor aporta el capital, pero el control queda en otras manos.La tercera aclaraci�n es que, en realidad, no estamos ante tres empresas nuevas. Las nuevas tecnol�gicas se levantan sobre el balance, la nube y los chips de las anteriores. Anthropic es el ejemplo m�s claro: alrededor de la compa��a se han anunciado cerca de 90.000 millones de d�lares entre inversiones y compromisos de Amazon, Google, Nvidia y Microsoft, aunque no todos son desembolsos inmediatos ni tienen la misma naturaleza. La mec�nica es circular: las incumbentes aportan capital, nube y chips; la startup gana capacidad de c�mputo y valoraci�n; y esa revalorizaci�n engorda, a su vez, las cuentas de quienes la financian. En el primer trimestre, las ganancias sobre participaciones explicaron casi la mitad del beneficio trimestral r�cord de Alphabet, unos 28.700 millones de d�lares de un total de 62.600, mientras Amazon registr� 16.800 millones antes de impuestos por sus inversiones en Anthropic. La salida a bolsa no ser�a, por tanto, el relevo de la vieja �lite tecnol�gica, sino el momento en que esa nueva capa construida sobre ella recibe precio p�blico y liquidez potencial.A pesar del cambio de paradigma y del surgimiento de estas innovaciones tecnol�gicas estrat�gicas en la esfera privada, el Gobierno estadounidense no est� permaneciendo al margen. Como cliente: 2.290 millones de la Fuerza Espacial a SpaceX para la red militar del escudo Golden Dome. Como guardi�n: los primeros controles de exportaci�n sobre modelos concretos de IA, el mismo tratamiento que dio en su d�a al cifrado. Como accionista: se debate en Washington que las grandes empresas de IA cedan cada una un 5% de su capital al Gobierno. Y como constructor de misiones: la Misi�n G�nesis moviliza los 17 laboratorios nacionales invocando, no por casualidad, al Proyecto Manhattan. �Estamos ante un movimiento pendular, de vuelta hacia la esfera estatal? Solo a medias. Esta vez la capacidad estrat�gica no ha nacido en programas p�blicos ni se financia con presupuesto: el Estado ya no crea la frontera tecnol�gica, negocia su acceso a ella. Europa, de momento, ni crea ni negocia: financia, con un ahorro pasivo y sin voto. *Judith Arnal es investigadora en Real Instituto Elcano, Fedea y CEPS.







