Elon Musk lo ha logrado. SpaceX protagonizó este viernes la mayor salida a Bolsa de la historia, al recaudar 75.000 millones de dólares (cerca de 65.000 millones de euros), casi el triple que lo captado en 2019 por Aramco, que ostentaba hasta ahora el récord de mayor colocación. Más allá de su tamaño masivo, esta operación es solo el principio de un tsunami de ofertas públicas de venta (OPV) que consagrará a 2026 como el año en el que las empresas levanten más dinero en el mercado con sus debuts, siempre de la mano de los grandes laboratorios de la inteligencia artificial. Después de SpaceX, que en febrero se fusionó con la empresa de IA de Elon Musk (xAI), será el turno de Anthropic y OpenAI para estrenarse en el parqué. Las dos compañías ya han presentado sus folletos de forma confidencial, por lo que sus datos aún no son oficiales. Según la prensa estadounidense, la creadora de Claude prevé estrenar en octubre. Por parte de los de ChatGPT, su consejero delegado, Sam Altman, habría enviado un mensaje a sus empleados en el que prevé la salida “dentro de los próximos 12 meses”. También se espera, según ha adelantado la prensa estadounidense, que los dos laboratorios de la IA busquen recaudar al menos 60.000 millones de dólares cada una, lo que las convertiría, con diferencia, en la segunda y la tercera mayores OPV de la historia.Nunca las Bolsas habían visto nada semejante, ni de cerca. En un estudio publicado esta semana, Goldman Sachs estima que las OPV capten 225.000 millones de dólares este año, unos 216.000 millones de euros. La cifra es casi el doble que el récord anterior, cuando en un entorno de tipos a la baja por la pandemia, las empresas levantaron 115.000 millones de dólares en 2021. Solo SpaceX, Anthropic y OpenAI (a la espera de la valoración de estas dos últimas) ya superarían ese volumen en 80.000 millones de dólares. Este panorama ya inquieta al mercado por el posible riesgo de que no haya demanda para tantas acciones ligadas a la IA, especialmente tras dos semanas de fuertes ventas a las puertas del debut de la compañía de Musk. Desde los máximos del 2 de junio, las tecnológicas han cedido un 10% en Bolsa.“El equilibrio entre la oferta y la demanda de acciones corporativas será más complicado en 2027”, afirman desde Goldman Sachs. El banco recuerda que buena parte de estas empresas debutantes sigue en manos de inversores pre-OPV, que podrán vender sus acciones una vez pasado el periodo mínimo de bloqueo, a menudo de 180 días desde el estreno bursátil. En el caso de SpaceX, solo el 4% de las acciones circula hoy en Bolsa. “Las grandes OPV con un capital flotante inicial inferior al 10% registran, de media, una revalorización de hasta el 46% en los 12 meses posteriores”, añade Goldman Sachs. El banco cree que el mercado podrá absorber estas nuevas cotizadas si se mantiene la tendencia al alza de las recompras de acciones, las fusiones y adquisiciones, y la entrada de dinero extranjero en la Bolsa estadounidense. No todos los analistas son tan optimistas. “Los inversores deben esperar episodios de volatilidad, especialmente en torno a los vencimientos de los periodos de bloqueo”, afirman desde el banco suizo Vontobel. A su vez, el estratega jefe de la firma BCA Research, Noah Weisberger, apunta en una nota que “el mayor riesgo es una rotación del liderazgo en la IA, a medida que las nuevas salidas a Bolsa diluyan la prima de escasez de los actuales ganadores”. En su análisis de los últimos 40 años en Bolsa, las grandes oleadas de OPV precedieron en el 20% de los casos a mercados con menores rentabilidades futuras y una menor expansión de múltiplos. Desde Deutsche Bank, señalan en un informe esta semana un detalle fundamental: “Queda por ver cómo valorarán los mercados cotizados a OpenAI y a sus competidores cuando abran sus estados financieros al escrutinio público y expliquen la economía, aún poco comprendida, de sus modelos de negocio”. Ninguna de las tres empresas debutantes es rentable, aunque Anthropic se encamina al cierre de junio a su primer trimestre en beneficios tras el tirón de ventas de Claude, según adelantó la prensa estadounidense. SpaceX, la única que ya ha puesto sus cuentas al escrutinio público, registró pérdidas de casi 4.300 millones de dólares en el primer trimestre de este año, frente a unos números rojos de 500 millones en el mismo periodo del año anterior, previo a la fusión con xAI. El aterrizaje en Bolsa de empresas con promesas lejanas de rentabilidad y dependientes de fuertes necesidades de financiación obligará al mercado a ser más selectivo, apuntan desde Franklin Templeton en un informe publicado estos últimos días: “Esperamos un aumento gradual de la actividad de salidas a Bolsa, una mayor alineación entre las valoraciones privadas y públicas, y un entorno más selectivo en conjunto”. Y exigirá de los inversores, añade, “entender las empresas mucho antes de que pasen a estar ampliamente presentes en los mercados cotizados”. Un proceso de maduración que, según datos de CIMD Intermoney, ya lleva décadas: si en 1980 las empresas salían a Bolsa una media de 6,5 años después de su fundación, en 2000 ya tardaban 9,5 años y en 2024, 13,5 años.Del mismo modo que estas compañías precisan de más tiempo para acudir al mercado, también obligan a invertir con un horizonte más largo. En una nota publicada esta semana con motivo del debut de SpaceX, La Financière de l’Echiquier define esta compañía como “una inversión a largo plazo en infraestructura y tecnología, con una valoración que requiere un seguimiento exhaustivo”. Sin embargo, sopesa: “Incluso para proyectos transformadores y de larga duración como SpaceX, la valoración juega un papel importante y debe ser monitoreada cuidadosamente, especialmente dada la magnitud del capital requerido y los largos plazos para monetizar completamente algunas de sus ambiciones”.El terremoto de salidas a Bolsa también condiciona las estrategias de los inversores más corrientes, porque los gigantes de la IA, con sus valoraciones astronómicas, entrarán de golpe en el club de las mayores empresas del mundo. SpaceX, con una valoración de casi 1,8 billones de dólares, ya se ha convertido en la octava. Estos grandes debutantes entrarán rápido en los índices de referencia que siguen los fondos pasivos, como el Nasdaq 100 o el MSCI World, que además han relajado sus requisitos de acceso, acortando el plazo de incorporación de meses a unas semanas. Más exigente, el S&P 500 mantiene su periodo mínimo de seis meses para inclusión en el índice, y sus cláusulas de capital flotante (free float) pueden vetar la entrada de la empresa de Musk. Pero quien invierta en un fondo indexado al Nasdaq 100, tendrá exposición directa a la compañía espacial de Musk a partir del 6 de julio.“La composición de los índices de referencia debería evolucionar al ritmo del ciclo de innovación”, estiman desde Franklin Templeton. “A medida que los nuevos líderes entren en los grandes índices bursátiles, es probable que cambie su composición, reconfigurando el peso de los sectores, los perfiles de crecimiento y las propias características de las asignaciones a tecnología”, añaden. El desembarco de SpaceX en Bolsa supone todo un reto para los fondos pasivos, aquellos que replican el comportamiento de un índice, que representan el 60% de las inversiones en la renta variable estadounidense, que afrontan estos días un verdadero terremoto. Como precisan desde Wellington Management en un informe de esta semana, “con cada incorporación a un índice se produce una reponderación de las compañías ya incluidas” y, por tanto, “las compañías ya incluidas (en los indicadores de las tecnológicas, como el Nasdaq o el S&P Communications Services) podrían verse sometidas a cierta presión vendedora a medida que los índices se reequilibren para incorporar la nueva exposición a SpaceX”. Mientras el cohete apunta a Marte, en la Tierra los mercados ya tiemblan.
El tsunami de salidas a Bolsa de la IA, un examen sin precedentes para el apetito de Wall Street
Goldman Sachs estima que las OPV estadounidenses levantarán 216.000 millones este año, casi el doble del récord anterior registrado en 2021













